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Domingo 28 de Agosto de 2016

Conmovedora carta pública de un familiar

El hermano de una ex monja de Nogoyá, cuyas iniciales son M.A.A.R. y cuya identidad se preserva por su pedido, escribió una extensa carta enviada al medio Análisis Digital pero con la intención de que sea pública. Allí sostiene que "las monjas se aplican disciplina (símil látigo en las nalgas) en ejercicio de una libertad restringida o inexistente"; "se considera que cuanto más jóvenes ingresen mejor, ya que existen menos riesgos de «impureza»"; "se aplican castigos, según sabemos no agresión física sino verbal, en ocasiones durante horas estando la superiora de pie, la «infractora» arrodillada en frente de ella y el resto de la comunidad".

El hermano de una ex monja de Nogoyá, cuyas iniciales son M.A.A.R. y cuya identidad se preserva por su pedido, escribió una extensa carta enviada al medio Análisis Digital pero con la intención de que sea pública. Allí sostiene que "las monjas se aplican disciplina (símil látigo en las nalgas) en ejercicio de una libertad restringida o inexistente"; "se considera que cuanto más jóvenes ingresen mejor, ya que existen menos riesgos de «impureza»"; "se aplican castigos, según sabemos no agresión física sino verbal, en ocasiones durante horas estando la superiora de pie, la «infractora» arrodillada en frente de ella y el resto de la comunidad".

El hermano de la ex religiosa afirmó que "se impide el contacto con la familia, reduciendo gradualmente los días y horarios de visitas"; "se priva a las monjas de atención médica elemental"; "se sanciona a carmelitas durante semanas con el uso de mordazas"; "se leen las cartas salientes, las entrantes (en violación a la ley penal) y en ocasiones se suprimen"; "se prohíbe a ciertos familiares de las monjas (en contra de la voluntad de éstas) visitar a la monja familiar". Afirma que, en cambio, "la superiora lee diarios, usa internet, usa telefonía celular y ve televisión en su dormitorio".

Sobre la libertad de elección de la que habla el Arzobispado, este familiar explicó que "alguien ajeno a la cultura de la fe podría pensar que si estos hechos existieron, la monja agredida tenía posibilidad de salir del lugar", pero "la pena era la condena eterna o excomunión". Además, "el alejamiento progresivo, sistemático y perverso con su familia les hacía dudar qué pasaría afuera: ¿alguien las esperaría? ¿vivir en la calle? ¿la muerte?". Extrema presión física y psicológica sobre chicas casi adolescentes. Como resultado cede progresivamente el ejercicio de la libre voluntad", expresó.

En ese sentido, reveló que "un día fui a visitar a mi hermana y se me impidió hacerlo", pero "meses después operaron distintas circunstancias para que ella pudiera librarse de ese calvario", y afirmó que "cuando salió del convento y vimos su real estado de salud, le quedaba menos de un año de vida". Aseguró que "hoy es feliz, hermosa, motivo de alegría, amor de tía, emprendedora y vivaz. Como aquella chica que a los 18 años, llena de entusiasmo, buscaba su vocación".

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