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Domingo 24 de Julio de 2016

Congoja: "No puedo creer que mi hijo esté muerto"

Munich se despertó ayer en estado de shock. La gente comenzó a dirigirse al escenario de la masacre del viernes, el centro comercial Olimpia. Entre la multitud se encontraba Naim Zabergja, que llevaba una foto en las manos de un chico de 20 años. "Este era mi hijo, Dijamant", asegura Zabergja mostrando la imagen. Su vástago fue una de las 10 que personas que ayer perdieron la vida a manos de un atacante que disparó a quemarropa.

Munich se despertó ayer en estado de shock. La gente comenzó a dirigirse al escenario de la masacre del viernes, el centro comercial Olimpia. Entre la multitud se encontraba Naim Zabergja, que llevaba una foto en las manos de un chico de 20 años. "Este era mi hijo, Dijamant", asegura Zabergja mostrando la imagen. Su vástago fue una de las 10 que personas que ayer perdieron la vida a manos de un atacante que disparó a quemarropa.

Ahora, no muy lejos de la escena del crimen, tanto transeúntes como familiares y amigos de los fallecidos, depositan flores y velas para honrar su memoria.

Un punto de encuentro. El centro comercial en el que tuvo lugar el ataque, en las cercanías del Parque Olímpico donde se celebraron los Juegos de 1972, se encuentra en medio de un vecindario donde reside mayormente gente de clase trabajadora. Junto a edificios de departamentos de gran altura ocupados en su mayoría por migrantes, se levanta el shooping, un punto de encuentro habitual para los lugareños. A los jóvenes del lugar les gusta ir allí. Pasean con sus bicis o sobre sus monopatines. También es habitual que las mujeres que empujan carritos se paren en los bancos del parque a charlar con sus vecinos.

El hijo de Zabergja también acudió al centro comercial para reunirse con un amigo. En una tarde de verano, los dos jóvenes estaban a punto de sentarse al aire libre y beber algo cuando el agresor disparó. "Mi hijo fue asesinado, su amigo pudo escapar", relata Zabergja, originario de Kosovo. Su voz se vuelve más ronca a medida que relata lo ocurrido. El joven nacido en Munich estaba realizando una formación como aprendiz para trabajar en el aeropuerto de la capital bávara. Su padre todavía no puede creer que su hijo esté muerto. A las 4 de la mañana del sábado, la policía tocó el timbre de su casa para comunicarle la trágica noticia. El luto es palpable en el lugar. Mientras que el transporte público vuelve a circular con normalidad, en el centro comercial no se registra movimiento alguno. La gente, de pie, charla e intenta comprender lo que sucedió. Un padre se acerca con su hija pequeña y se sitúan frente a la barrera policial. Ambos sonríen y el progenitor toma selfies. A pocos pasos, el resto de personas allí congregadas hace esfuerzos para contener las lágrimas.

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