Policiales
Jueves 10 de Noviembre de 2016

Condenado por apuñalar a su pareja y provocar la muerte de su bebé

El fatal ataque ocurrió en abril de 2015. La mujer cursaba un embarazo de seis meses. El niño nació por cesárea, pero falleció diez días después

"Me estaba sacando los zapatos y un segundo después siento que me clava algo en la parte baja del vientre. Era un cuchillo. Empecé a perder sangre y a gritar del dolor. El enloqueció y salió corriendo". Graciela V. relató con esas palabras el ataque que sufrió el 19 de abril de 2015 de parte de su pareja, en el rancho donde vivían con sus cuatro hijos en la villa La Lagunita. Ella estaba embarazada de seis meses y fue sometida a una cesárea de urgencia, en la que nació una nena que murió a los diez días. El padre de la beba, Gabriel Eduardo Aguirre está preso desde entonces y ayer aceptó en un juicio abreviado una pena a 6 años de prisión como autor de homicidio culposo, es decir, cometido sin intención de matar.

"Sí, estoy de acuerdo señor juez", sonó decidido Aguirre al aceptar su pena ante el juez Alejandro Negroni, quien homologó el abreviado y dictó la condena a 6 años de prisión que vencerá en abril de 2021. El acuerdo entre partes es una medida que evita el juicio oral y púbico. Fue firmado por el fiscal de Homicidios Adrián Spelta y el defensor público Juan Pablo Nardín.

El encuadre penal definitivo redujo la pesada acusación que caía sobre Aguirre, un ayudante de albañil de 33 años. Había sido imputado de la tentativa de femicidio de su pareja y el homicidio calificado por el vínculo de la beba. Sin embargo, fue condenado por lesiones graves agravadas por el vínculo y el homicidio culposo de la beba. Se entendió que el ataque "fue contra el cuerpo de la mujer y no contra la aún no nacida hija". Y que, como resultado de esa agresión, ocurrió el nacimiento prematuro que desembocó en la muerte de la criatura.

Violencia y alcohol. El drama ocurrió en el rancho de chapa y madera donde Aguirre y Graciela vivían desde hacía tres años, a unos 30 metros de la entrada a un pasillo de Centeno al 6200. Llevaban juntos nueve años cuando nació la primera de sus cuatro hijos. En la época del ataque, según sus vecinos, él cuidaba autos en la zona de los Tribunales provinciales.

La mujer contó que esa noche Aguirre llegó alrededor de las 0.30 "bastante alcoholizado" y quiso que lo acompañara a visitar a su compadre. Ella le dijo que no, que estaba cansada por el embarazo. A él "no le gustó que le dijera que no" y primero la golpeó en una pierna con una caña, luego le dio un cachetazo. La mujer respondió con otra cachetada y se fue a acostar. Estaba sentada en la cama cuando sintió la herida en la panza y se retiró del cuerpo un cuchillo Tramontina, hundido hasta la mitad de la hoja.

Un móvil del Comando Radioeléctrico la acercó a bulevar Seguí y Rouillón y desde allí una ambulancia la trasladó al hospital Eva Perón de Granadero Baigorria. Le practicaron una cesárea de urgencia y nació una nena que se llamó Luz María y pesó 750 gramos. La beba tenía un corte en una pierna producto de la puñalada. A los diez días falleció debido a su prematurez.

Escapes. Aguirre fue detenido el mismo día del ataque. Graciela contó que, al verla ensangrentada, él "enloqueció y salió corriendo". Esa reacción se tuvo en cuenta al atenuar el reproche. Se consideró que en caso de querer provocar la muerte de la mujer Aguirre podría haber continuado con la agresión. "En ningún momento llegó a probarse que buscara el resultado de la muerte. Fue una conducta para lesionar a la víctima", consideró el fiscal. La mujer nunca refirió haber sufrido malos tratos. Antes de cerrar el acuerdo la Fiscalía le informó sobre la condena pactada y ella no expresó objeciones. Tras el ataque se fue a vivir a la provincia de Chaco con su padre y sus cuatro hijos y no mantuvo más relación con su ex pareja.

Al homologar la condena, el juez planteó que el acusado cometió "un resultado no querido pero atribuible a título de culpa"; y al fijar la pena también tuvo en cuenta que Aguirre no cuenta con antecedentes penales.

Para Spelta, era un caso difícil desde el punto de vista jurídico pero se llegó a una "solución adecuada": "Hirió a un feto, pero murió una persona. Es decir que no es un aborto. Se le dio una respuesta dogmática a un caso de laboratorio, sobre el que hay una laguna penal. Seguramente habrá opiniones encontradas, pero en estos casos hay que considerar cuál fue la intención, el dolo, al momento de la conducta. Y no se probó intención de matar".

Comentarios