Cartas de lectores
Jueves 03 de Noviembre de 2016

Concatenando ideas

Con pocas semanas de diferencia en sus publicaciones, leí estos titulares: "El Arzobispado deberá indemnizar al ex seminarista abusado por Storni"; "El Vaticano prohibió dispersar las cenizas de los difuntos o conservarlas"; "Los cambios de hábitos sociales han alcanzado hasta al rito de la muerte" (algunos van al cementerio a despedir jóvenes con botellas de cerveza y música a alto volumen). Lejos quedaron los días en que las veladas de toda la noche eran el paso obligado para despedir al ser querido y en que se guardaba riguroso luto durante meses. Hoy son muchos los que optan por la cremación, algo que hasta hace algunos años no contaba con la aceptación social, se está imponiendo como tendencia. La Iglesia "recomienda insistentemente la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados porque tenerlos en el hogar puede reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana". Considero que el lugar no hace al hábito (parafraseando "el hábito no hace al monje", tal como lo demuestra el abusador, entre otros, Storni). Si realmente un familiar necesita la cercanía con el difunto y quiere tenerlo en su casa, ¿no es mejor recogimiento, que el supuesto lugar sagrado invadido actualmente por cerveza y música a alto volumen? ¿No debería aggiornarse la Iglesia a prever lo que pasa en vida con sus sacerdotes que no seguir imponiendo cargas morales a sus fieles, incluso desautorizando las mismas decisiones de quienes fallecen? Hasta hoy, el Papa es a la vez un jefe de Estado reconocido por la comunidad internacional y cabeza de la Iglesia como "vicario de Cristo" tratamientos como "Su Santidad" o "Sumo Pontífice" se usan protocolariamente como muestra de deferencia. La autoridad del Papa dentro de la Ciudad del Vaticano es absoluta, no teniendo más limitaciones teóricas que las normas que hereda de sus predecesores (y que puede alterar) y las que él mismo decida fijar (lo que puede hacer con su única voluntad). En esta dictadura teocrática, ¿no es hora de que la Iglesia se aggiorne en cuestiones terrenales (abusos de sus intermediarios) y deje la voluntad de los muertos a sus propias decisiones y las de sus deudos?

Silvia Buonamico


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