Escenario
Viernes 07 de Octubre de 2016

"Con tanta violencia, el amor nunca sobra"

Morelo, en el camino. La cantante le inyectó a "Espinas y pétalos" la metáfora del viaje y del valor del amor. Hoy muestra lo nuevo y sus hits en Rosario.

Hay un color de voz que, a la primera escucha, se asocia con Marcela Morelo. "Las canciones se fueron independizando de mí", le confiesa a Escenario y se la nota feliz, con el rango emocional que encierra esa deseada palabra.

A casi dos décadas de su primer disco solista, la cantante presenta hoy, a las 21.30, su noveno disco de estudio "Espinas y pétalos", en Auditorio Fundación (Mitre 754). Morelo atiende en su celular y charla con la misma simpleza que reflejan sus canciones. No sólo el disco nuevo la motiva, sino también su momento afectivo. Ese que se construye con el placer de vivir la música en familia, junto a su marido/músico/director/productor y compositor Rodolfo Lugo, su hermana corista Erica y Alan Lugo, hijo de Rodofo, en la batería (ver aparte); y también de rodearse de amigas queridas, como ella misma se encargará de contar.

"Acabo de salir del ensayo con Sandra Mihanovich, que me invitó al show de los 40 años en el Opera (14 y 15 de octubre). Desde que surgió en 2013 el recital de «Las elegidas» en el Colón, quedamos muy amigas con Sandra, Patricia Sosa, Julia Zenko, Marilina Ross y Lucía Galán. Nos juntamos a comer, nos invitamos a los shows, nos vamos a ver mutuamente, se armó algo que es espectacular, que trascendió la música, es muy hermoso. La última vez nos juntamos a comer en la casa de Lucía Galán, vamos rotando de casas, también vamos a restoranes —detalló— la pasamos muy bien, la verdad".

—¿La pasión las une?

—Claro, es difícil hablar cosas de la profesión de cantante con una amiga de la vida que hace otra actividad. Este grupo es soñado porque aparte abajo del escenario todas compartimos experiencias, hablamos cosas de cantante, de la vida, de todo.

—El nombre de "Elegidas", que incluyó a muchas más cantantes en el show, no es antojadizo. ¿Qué hizo que Marcela Morelo haya entrado en el gusto popular, que no es poca cosa?

—Sí, no es poca cosa, y de verdad siento el privilegio de ser elegida. Y más ahora que estoy más grande, estoy en la mitad de mi vida y hoy puedo reconocerme y reconocer el laburo que hago. Yo no entiendo bien qué es lo que pasa, pero las canciones se fueron independizando de mí. La semana pasada recibí dos videos, uno de Portofino, en Italia, y otro de Grecia, de un grupo de gente que está comiendo y escuchando una canción mía, y yo no lo puedo creer. Las canciones se fueron, traspasaron las fronteras, hacen lo que quieren y eso es un privilegio muy grande. Y con los años puedo seguir siendo creativa, estoy haciendo una gira muy grande por gran parte de Argentina. Y es un privilegio, claro.

—La metáfora del viaje está presente en el disco. ¿Por qué decís en tu canción que "andar es divino"?

—Divino de divinidad, y todo el tiempo, esa es mi vida. Ahora, por ejemplo, salir a la ruta a tocar el disco, un disco muy nuevo, no nos sentamos a esperar qué va a pasar con el disco, no, encaramos la gira de movida. Y para mí es el movimiento el que me rige, hay que moverse, nadie te viene a traer nada a tu casa, hay un momento en que te tenés que quedar quieto para que sucedan ciertas cosas, pero previamente es el movimiento lo que hace que se generen las cosas.

—"Espinas y pétalos, así son las cosas" cantás en el tema leit motiv del disco. ¿Creés en ese equilibrio, el yin y el yan, el golpe y la caricia?

—Creo que sí, que es un transitar, al menos en este período último de tiempo vi que mi vida es así. El disco anterior, "El club de los milagros", trajo cosas milagrosas, que no esperaba, pero en este disco pasaron cosas tan hermosas como tan dolorosas. Por suerte cuando llegó el momento del disco, pude expresarme, pude hacer canciones, pude sacar todo de adentro. Y para mí, en la vida, uno va andando entre espinas y pétalos, luces y sombras, el yin y el yan permanente, creo que sí.

—En la tapa del booklet del disco hay una frase encabezada con la cita "únete al mundo". ¿Cuál es tu mundo?

—Primero digo "me uno a este mundo, no quiero quedar afuera", así arranca "Espinas y pétalos" porque a veces en el momento de las espinas te sentís afuera del mundo. Pensás cómo me levanto, cómo me incorporo, cómo me vuelvo a meter, a veces mirás el mundo, ves que va a una velocidad y vos no estás a esa velocidad. Creo que al mundo lo hacemos todos, por ahí va la cosa.

—Todo este material encierra en un mensaje amoroso evidente. ¿No se corre el riesgo de caer en algo muy kitsch o demasiado naif cuando abordás a un tema tan recurrente?

—Tan recurrente y tantos problemas que hay por falta de amor, ¿no? Para mí de kitsch no tiene nada, es al revés, yo me siento cantando "únete al mundo, te doy gracias por la vida que me das", o "te voy a amar" (canta esa parte de "Destinados para amar"). Pasa que estamos en el medio de una tormenta permanente de violencia y no sobra nunca el amor para mí, nunca, es al revés, querría estar empachada de amor, de verdad. Y nos pasa cuando salimos de un show también, mi tarea es tirar esta, «vamos, dale», como me digo a mí misma, no es sólo al otro.

—¿Tenés prejuicios al componer o hacés lo que te manda el corazón y listo?

—No, por suerte soy libre, ese es el momento en que soy libre. Por ahí no le guste a nadie, pero bueno, podés estar condicionada por un partido político o por un club de fútbol, pero en mi mundo hay un momento en que prendo el canal de las canciones y puedo ser libre y hasta puedo soñar en solucionar problemas de la humanidad. Y gozo de libertad absoluta.

—Más allá de la libertad que citás, en tu música hay una intencionalidad de buscar sonidos autóctonos, y eso es todo una decisión.

—Sí, es una decisión, y por suerte no la tomo yo sola, está Rodo (Lugo). Es verdad, yo canto sobre congas, sobre percusión y un charango, y mi voz reposa re linda, le queda bien, le suma color, siento que es el vestido que le queda bien. Por eso, yo trato de ponerme con la música un vestido que me queda bien, qué me voy a hacer la rockera.

El placer de tocar con la familia

Tocar con sus seres queridos es esencial para Marcela Morelo. Basta observar cómo forma su banda para comprobar que por ahí pasa el peso afectivo de su música. "Es muy importante trabajar con la familia, muchos no lo recomiendan pero yo sí. Hace muchos años que lo hago, no sólo con mi hermana Erica, que después se va a su casa, sino con mi marido Rodolfo, con el que volvemos juntos a casa y la verdad que no me imagino la vida de otra manera", dijo la cantante. "Yo vivía con mi abuelo, que tocaba el bandoneón, y él sembró la semilla de la música en nuestra familia. Para mí es divino poder darme vuelta y estar con mi marido, con mi hermana, con Alan en la batería, el hijo de mi marido. Cuando discutimos de algo personal se mete la música y cuando discutimos de música se mete algo personal, pero me encanta que sea así", remató.

Comentarios