El Mundo
Martes 25 de Octubre de 2016

Con las urnas bien guardadas

El jueves pasado, cinco tribunales penales venezolanos de nivel estadual (provincial) se pronunciaron al mismo tiempo, con idéntico lenguaje contra el referendo revocatorio.

El jueves pasado, cinco tribunales penales venezolanos de nivel estadual (provincial) se pronunciaron al mismo tiempo, con idéntico lenguaje contra el referendo revocatorio. Son tribunales penales, es decir, sin jurisdicción alguna en asuntos electorales; además el revocatorio es de nivel nacional. Los cinco Estados son regidos por chavistas de línea dura. Horas más tarde, el Consejo Nacional Electoral (CNE) suspendió el revocatorio para "acatar" las sentencias penales provinciales. El régimen chavista culminaba así una coordinada faena. El chavismo ya venía pateando para adelante la fecha de la consulta, cuyo trámite se inició en marzo pasado. Primero se la pasó a 2017, cuando ya no tendría el devastador efecto de destituir al presidente y convocar nuevas elecciones, sino sólo apartarlo y sustituirlo por su vice. La cúpula chavista consideró, sondeos a la mano, que esto era insuficiente por la dimensión de la derrota que se avecinaba y decidió borrar del mapa el revocatorio mismo. Este tipo de referendo está previsto en la Constitución chavista de 1999 para remover a toda autoridad surgida del voto popular. Chávez pasó la prueba con facilidad en 2004, cuando la negativa a su destitución se impuso con más del 60 por ciento. Hoy las cosas están diferentes. Y esto se refleja en los abusos electorales que daban preaviso de la anulación del revocatorio: hace muy poco, el mismo CNE pasó de un plumazo para 2017 las elecciones de gobernadores que debían hacerse en diciembre de este año. Una verdadera locura, que muestra el nivel de pánico y la certeza total de derrota que tiene el chavismo. Le escapa a todo lo que sea elecciones: las urnas están bien guardadas, podría decir Maduro.

El fracaso cataclísmico de su "modelo económico" (de alguna manera hay que llamar al engendro) le deja cada vez menos margen. El enorme descontento popular con la economía es ahora casi el único factor que puede forzar una salida política: el régimen ha cerrado todos los caminos institucionales. Por fuera de este factor, solo resta la presión internacional, hasta ahora escasa. Falta ver cuánto pesará la reunión del Papa con Maduro y el diálogo que forzó en Caracas. Por lo pronto, para Maduro que lo recibiera el Papa fue un balón de oxígeno. Algo que Bergoglio no puede desconocer.

Lo cierto es que el régimen ha decidido sellar las urnas, porque sabe que del voto sólo puede salir un veredicto demoledor. El chavismo ha entrado en su ocaso por las mismas razones que lo hicieron nacer: las económicas. Chávez terminó con el régimen democrático del Punto Fijo gracias a la crisis económica de los 90. En 1998 los demócratas venezolanos aceptaron la victoria de Chávez y le entregaron el poder, sabiendo que iban al exilio o la cárcel. Para evitar que ahora le pase lo mismo, el chavismo, que no tiene nada de democrático, se encierra en el más crudo autoritarismo. Desde ahora en Venezuela ya no se puede hablar de democracia, ni siquiera de una democracia tergiversada, con hegemonía de medios abrumadora y elecciones con la cancha escandalosamente inclinada. Eso era con Chávez; Maduro, Cabello y compañía no tienen su carisma, pero además hoy la crisis económica es tan extrema que ni esas cualidades alcanzarían para competir en las urnas. Por esto, a lo que hay en Venezuela ya sólo puede llamárselo dictadura.

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