Ovación
Miércoles 07 de Septiembre de 2016

Con la notoria ausencia de Messi, la selección fue un equipo bien terrenal

Sin la figura de Messi, Argentina mostró endeblez y poca sorpresa, aunque puso carácter para lograr el empate final.

El primer relámpago visible de la noche llegó acompañado por el lógico trueno. Un par de minutos después lo que atronaba era el estadio Metropolitano de Mérida, en el que Argentina entregaba claros signos de debilidad. Haciendo notar que la ausencia de Lionel Messi no es moco de pavo, que sin el mejor jugador del mundo la albiceleste aterriza indefectiblemente a un modo muchísimo más terrenal.

Como le dijo Di Leo a Ovación en la previa: si no hay desborde, con Messi se logra, lo mismo con la profundidad y la tenencia. Tal vez no esté del todo claro si es correcto incluirlo en el análisis de un partido en el que no estuvo, pero es un ejercicio que sale solo, que está al alcance de la mano y que merece ser llevado a cabo. Es que ayer Argentina demostró ser un equipo sin la sorpresa e impronta que Messi suele imprimirle. Hasta los rivales parecen soltarse y despreocuparse de poner en guardia a dos o tres jugadores a la vez.

El empate fue un excelente maquillaje para una actuación apenas discreta, que pese a su bajo vuelo mereció algo de mejor suerte, pero que evidenció que hay mucho trabajo por hacer. Lo mismo pasaba en ciclos anteriores. De eso no hay dudas. Un par de cosas para aclarar. Si Romero se muestra inseguro y algunas pelotas se le escapan de las manos, como ocurrió en una de las últimas jugadas del partido, ni Messi ni nadie puede impedirlo. Si el retroceso del equipo entrega tantas sensaciones de vulnerabilidad y le permite a un equipo limitado como Venezuela calzarse el traje de agresivo, hay muy poco por hacer para cualquier nombre propio. Esos fueron algunos de los sellos también distintivos de que Argentina tiene, pese a su gran potencial, un arduo trabajo de afianzamiento para lograr que la dependencia de un jugador sea cada vez menor.

Si Argentina no hizo agua en la lluviosa noche de Mérida fue porque Venezuela encarna una tibieza y en ciertos aspectos algunos rasgos de amateurismo. Cualquier otro equipo hubiese sabido manejar mucho mejor una ventaja de dos goles. La referencia a que el resultado debió ser favorable a la Argentina también tiene que estar. Porque fue uno de esos caprichos del fútbol que el equipo del Patón no pudiera definir alguna situación más de las tantas que tuvo. Igual se aclara, la falta de definición suele formar parte de ese jugar bien o mal. Y corre para cualquier equipo. Más cuando se trata de un seleccionado.

El equipo de Bauza estuvo en jaque por primera vez en su corta vida al frente del seleccionado. Tambaleó, pero no lo noquearon, lo que no es del todo malo. La capacidad de reacción también cuenta, amén de la endeblez del rival. Pero estuvieron esos claros indicios de que cuando Messi no está hay algo que el conjunto debe entregar para que la jerarquía no merme.

En Mérida, Argentina fue un equipo apenas discreto (algo similar a lo que ocurrió en Mendoza contra Uruguay, salvo que en aquella ocasión estuvo el rosarino). Un equipo que bajo el agua puso los pies sobre la tierra para pensar en el trabajo que hay que llevar a cabo para que los vaivenes futbolísticos no sufran por el mal de ausencias.

Comentarios