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Sábado 27 de Junio de 2015

“Con la música siento que puedo hacer muchas más cosas”

Germán Getino es ciego y cursa el primer año del profesorado de la disciplina. Sueña con recibirse y enseñar en las escuelas.

Germán podría estudiar psicología, historia o abogacía, otra carrera que no implicara un desafío tan grande para alguien que no ve, sin embargo eligió el profesorado de música. “Cuando uno encuentra los recursos para hacerlo, deja de ser difícil. Hasta ahora voy bien, mis compañeros me graban las fotocopias de algunas materias, y enseguida me incluyen si tenemos que hacer un trabajo grupal. Al principio, pensaba que no iba a poder, y acá estoy”, expresa respecto a una especialidad que requiere además del estudio y compresión de las partituras. Sensible, alegre y encantador, agradece la oportunidad de contar su experiencia, reflejar sus sentimientos y demostrar que es posible cursar un estudio superior.
  Antes de entrar a clases, el estudiante mantuvo una charla con La Capital sobre cuáles son las herramientas que facilitan su aprendizaje, si son sufiencientes los recursos tecnológicos, si se siente incluido o necesita mayor recurso humano que colabore en su enseñanza y en la de muchos otros alumnos no videntes que desean ingresar a la universidad o a un terciario.

Acompañamiento. Germán Getino tiene 25 años, toca el piano y cursa primer año en el Instituto Superior del Profesorado de Música 5.932 “Gustavo Guastavino”, dependiente de la Dirección Provincial de Educación Artística del Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe. Casi todos los alumnos y profesores conocen a Germán, lo acompañan a tomar el colectivo todas las noches y también lo ayudan con el material de estudio.
  La carrera de profesor de música, que se estudia en Santa Fe al 1100, tiene una duración de cuatro años y su título es de validez nacional. “Con la música siento que puedo hacer muchas cosas, estudiar, crear y en un futuro recibirme de profesor. Me gusta trabajar con niños y sueño con valerme de todas mis capacidades para enseñar, no para sentarme a dar una clase sino para hacerlos participar, pero sé que no puedo apresurarme porque este es mi primer año en la carrera”, admite y siente que no siempre todos entienden su forma de ser y pensar.

En la escuela. Germán cursó la primaria y la secundaria en el Complejo Educativo Solís. “Terminé en el año 2009 en esa Escuela de Enseñanza Media Particular Incorporada (Eempi), se me hacía pesado para estudiar y eran muchas materias”, dice y también destaca que su mamá ha sido la única persona que siempre lo ayudó con sus estudios y tareas. Germán vive con ella y su hermano de 17 años, desde que sus padres se separaron.
  En su paso por la escuela, conoció a muchas maestras, siempre se integró con facilidad al grupo, y asistió a varios campamentos durante los primeros años de la primaria. Germán, al igual que la mayoría de los chicos ciegos, compartía el cursado entre el Complejo Solís, acompañado por una maestra integradora y la Escuela Especial para Niños Ciegos. “Cuando repetí 4º grado, comencé a cursar matemática y lengua en la especial y el resto de las materias en la común, así me manejé hasta 7º grado”, recuerda. Para la lectoescritura, siempre se guió con la máquina de escritura Braille, y ahora está aprendiendo a escribir con la pizarra, una tabla pequeña, más liviana y fácil de trasladar.
  Las docentes integradoras también acompañaron su educación durante la secundaria: “Al principio no cumplía con las tareas, a veces me olvidaba o no tenía ganas. Mi mamá me ayudaba a resumir, y luego me grababa las lecciones, siempre me costaron más lengua e historia”. Al finalizar esta etapa, se inscribió en el Centro de Rehabilitación Braille (España 528), donde aprendió a movilizarse solo y trasladarse en colectivo.
  Como toca el órgano desde chico, incluso se anima a improvisar alguna melodía o letra, para dedicársela a un amigo o familiar, se decidió a estudiar piano o canto. “La primera vez que vine a la escuela de música, me acompañó mi mamá, porque todavía no me manejaba solo. Primero quise anotarme en canto pero como no pude por mi voz, entonces empecé a estudiar piano, y ya terminé 3º año intermedio”. Acostumbrado a las instalaciones de la Escuela Provincial de Música, este año se inscribió en el profesorado de música, que funciona en el mismo lugar. Algunos profesores señalan que tiene oído absoluto para la música, pero él bromea y dice que “no quiere agrandarse”.

Musicografía. La musicografía Braille es el sistema que utilizan las personas ciegas para estudiar la escritura musical. Germán aprende musicografía Braille de la mano del profesor y músico Guido Maranzana, uno de los pocos que enseña esta especialidad en Rosario, además de Arnaldo Grilli, profesor en el Centro Braille, ambos ciegos y dispuestos a dejar la posta a las nuevas generaciones. “Para enseñar música a una persona ciega, también hay que saber Braille”, señalan quienes colaboran con este aprendizaje en el intento de facilitar la comprensión y modalidad de estudio de la música.
  Germán describe cómo hace cada vez que tiene que estudiar música o entender una partitura. “Recibo las fotocopias y luego me ayuda una chica que estudia piano en la Siberia, ella colabora desinteresadamente conmigo, lee las notas musicales, me dicta los silencios entre compases, y luego lo escribo en braille. También me sirve que los profesores graben la digitación de las partituras para estudiar en mi casa con el teclado”. Esta modalidad le indica dónde colocar los dedos y le resulta mucho más sencillo. “Cada uno elige cómo aprender, y de qué forma se siente más cómodo”, dice el joven fanático de la música italiana.

Desafíos. Con la simpleza de cualquier otro chico y la complejidad de alguien que ha sido ciego de nacimiento, tuvo que aprender a sobreponerse de las dificultades que se le presentaban en el camino: repetir un año en la escuela primaria, terminar la secundaria con otro grupo de compañeros, incluso aceptar que alguien podía molestarse con el ruido de su máquina de escribir, y hasta asumir en algunos casos la indiferencia.
  “Muchos profesores todavía no saben cómo manejarse conmigo, algunos tardaron varias clases en asumir mi presencia, porque la realidad es que tanto el nivel terciario como universitario no está preparado para los ciegos”, aunque reconoce en especial a dos profesoras que lo ayudan en los comienzos de esta nueva etapa y facilitan su trabajo y desempeño en clase: María Angélica Bustos, docente de lenguaje musical, y Carina Cabo, de teoría del currículo y didáctica. “Son unas genias porque encontraron la manera de enseñarme”, y asume que a veces le cuesta más coincidir con los profesores hombres.
  Dispuesto a reflejar su experiencia educativa tanto como la social, Germán relata otras situaciones de la vida diaria. “En la calle, por ejemplo, siento que a mucha gente no le importa nada, está distraída cuando paso a su lado, a veces no te ven y te chocan. También están quienes me acompañan o los choferes de colectivo que casi siempre me indican dónde debo bajarme”, se explaya y señala la falta de mantenimiento de las veredas del centro, con baldosas levantadas y raíces de árboles que sobresalen y dificultan su traslado. “Trato de ser amable pero a veces siento que no te devuelven lo mismo. De todos modos, nada me quita las ganas de continuar manejándome solo, donde me propongo llegar lo consigo”.
 
Amistades y proyectos.  A Germán no le cuesta integrarse, conoce gente a través de las redes sociales, y también tiene varios amigos ciegos. “A mí me da lo mismo ser amigo de alguien que ve o que no, la diferencia radica en que alguien ciego te transmite su experiencia y te enseña cosas”. El joven afirma que nunca se sintió discriminado, “depende de uno integrarse —confiesa— y a la vez sentirse integrado”, aunque todavía considere no estar preparado para el mundo del trabajo y el encuentro con otra gente.
  “Mi mamá está contenta y conforme con lo que hago pero le gustaría que trabaje. Hice un curso de computación y capacitación laboral en Cilsa, donde aprendí a utilizar el Word, pero prefiero por ahora seguir estudiando, lo cual no sé si es bueno o malo”. Cuando no estudia, Germán entrena en un gimnasio cerca de su casa, acompañado por un personal trainner, y dice que por ahora no tiene novia.

Recursos para estudiantes no videntes

Una persona ciega accede a la computadora a través de programas lectores de pantalla, que por medio de una voz sintética reproducida por los parlantes de la PC, transmiten la información que aparece en pantalla. Cualquier texto digitalizado en la computadora (diarios digitales, documentos de Word, planillas de Excell, páginas web accesibles) puede ser leído y editado por una persona con discapacidad visual, algo que hasta hace pocos años era imposible de imaginar. Los magnificadores permiten navegar en internet, comunicarse por correo electrónico, chatear, escribir textos, leerlos, hacer cálculos, etcétera utilizando el mismo “lenguaje” y las mismas herramientas que las personas videntes.
  Existen voluntariados de lectura que ofrecen colecciones de libros en audio grabados y narraciones en vivo de obras literarias, materiales de trabajo y estudio. En Rosario, surgió en el año 1994 con el apoyo del Mucar (Movimiento de Unidad de Ciegos y Amblíopes de Rosario), el Servicio de Lectura Accesible en la Biblioteca Argentina y en la Biblioteca Estrada, ambas municipales; y desde 2006 la actividad de producción de textos accesibles se inició en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) como una actividad extensionista y académica.
  ¿Dónde se produce bibliografía accesible? Programa de Tutorías, de la Secretaría Académica de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Maipú 1065 2º piso oficina 210, teléfono 4201279, correos: tutoriasacademica@unr.edu.ar, tutoriasaccesibilidadunr@gmail.com - Servicio de Lectura Accesible, de la Biblioteca Argentina Dr. Juan Alvarez Municipalidad de Rosario. Pte. Roca 731, tel. 4802701. bib-accesible@rosario.gov.ar

La meta de lograr la autonomía

La profesora en educación especial y directora del Centro de Rehabilitación Luis Braille, Mariel Massari, reflexiona sobre el acompañamiento que reciben las personas con discapacidad visual dentro del aula, la autonomía que son capaces de lograr y los recursos tecnológicos que facilitan su inclusión. Massari también ha sido maestra integradora de Germán Getino en la primaria. “Como siempre le gustó la música eso nos ayudó bastante tanto para la comprensión de matemática como de lengua, así fuimos incorporando algunas actividades entretenidas y enriquecedoras”, destaca, la docente durante 17 años en la Escuela Especial para Niños Ciegos.
  “Cualquier joven o adolescente que haya adquirido las herramientas necesarias en su paso por la primaria y la secundaria no tendría que presentar dificultades al ingreso a un terciario o una universidad”, analiza. Para la directora, además dicta clases en el profesorado de educación especial con orientación en ciegos y disminuidos visuales (Instituto Superior Nº 16), no existen barreras educativas a la hora de estudiar. “El avance de la tecnología permite que las personas con discapacidad visual no se atrasen con los materiales, porque los profesores generalmente los envían por internet. Y si un estudiante quisiera ingresar en la universidad y no tuviera el equipamiento en su casa, podría recurrir a la Biblioteca Estrada o la Argentina, que prestan servicio para personas no videntes. Cuando logran apropiarse de todos los recursos disponibles, y asumen su discapacidad, se dan cuenta que pueden hacer las mismas cosas que alguien vidente. Con un teléfono celular, por ejemplo, logran mayor autonomía y tienen acceso a casi todo, porque disponen de GPS y un sistema operativo de Android configurado para la accesibilidad de las personas ciegas. La lectoescritura también resulta más sencilla si utilizan la máquina de escribir en Braille y por supuesto la netbook”, remarca.
  Agrega que hace mucho que se logró integrar a las personas con discapacidad visual y que, a diferencia de otras discapacidades, no presentan problemas para la comunicación si saben pedir ayuda: “Algunas veces sucede que la familia no asume la discapacidad, no acompaña ni genera confianza. Y muchas personas no se acercan a una persona ciega porque no saben cómo tratarla o no lo integran por desconocimiento. Otros dicen «más vale no relacionarme para no comprometerme». Nuestra misión es que puedan lograr la mayor autonomía posible”, sostiene al referirse a la institución que dirige y que funciona al igual que cualquier escuela pública.

La tarea por una educación inclusiva

Si la oferta de bibliografía general en formatos accesibles para personas con ceguera o disminución visual como el texto digital, el texto en audio o el texto en Braille es limitada, mucho más lo es la bibliografía universitaria. Esto obedece a razones tales como la especificidad, los localismos y la necesidad de permanente actualización. Las técnicas informáticas son de uso cada vez más generalizado y masivo entre las personas con discapacidad visual y generan un impacto trascendente con respecto a su inclusión laboral, social y educativa. Sin embargo las instituciones de educación superior tanto públicas como privadas no cuentan con la infraestructura necesaria y suficiente como para garantizar el acceso y permanencia de este colectivo.
  Los servicios de producción de textos accesibles están fundamentados en el derecho de las personas con discapacidad de “tener acceso a la educación superior, la formación profesional, la educación para adultos y el aprendizaje durante toda la vida sin discriminación y en igualdad de condiciones con las demás”, tal como lo establece la Convención Internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad (ley 26.378)
  Estos servicios que se multiplican cada vez más en diversas universidades públicas de nuestro país, tienen por objetivos: facilitar el acceso y permanencia de los estudiantes con discapacidad visual y movilidad reducida en los distintos niveles educativos, a través de la oferta de bibliografía accesible; capacitar en herramientas tecnológicas e informáticas a personas con o sin discapacidad; concientizar sobre la importancia social de facilitar el acceso a la ciencia y a la tecnología, achicando la “brecha” cada vez mayor entre segmentos sociales; trabajar en red e interdisciplinariamente con las diversas Ongs locales sobre discapacidad, y con otros espacios públicos y privados; e incorporar la problemática de las personas reducidas en su comunicación por diversos factores, en las currículas y programas de las carreras universitarias, para evaluar formas de comunicación y lenguajes alternativos de manera creativa y solidaria.
  La ejecución de estos proyectos aporta un gran capital cultural no sólo a las personas con discapacidad, sino a toda la comunidad universitaria. Da cuenta de una universidad solidaria, inclusiva y accesible, con oportunidades para todos sus integrantes. Tal como reza la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ratificada por nuestro país el 9 de junio de 2008, las discapacidades ya no pertenecen a las personas sino a los contextos sociales, por lo tanto es hora que las universidades incorporen esta temática a sus agendas, realicen los ajustes razonables y apuesten a formar profesionales que conozcan las problemáticas reales de la sociedad y obren en consecuencia.

Teresa Montero
/ Integrante del Programa de Tutorías de Accesibilidad para Personas con Discapacidad Visual de la  Universidad Nacional de Rosario (UNR). Coordinadora del Voluntariado “Leer sin Ver: Abrir libros con otros sentidos”, de la Biblioteca Argentina Municipal Dr. Juan Alvarez. Quedó ciega hace quince años y le faltan cuatro materias para recibirse de abogada.

 

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