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Jueves 04 de Octubre de 2012

Con el tono y equilibrio perfecto

La llamada contraofensiva de los Montoneros de 1979 y 1980 tuvo un final de muerte anunciada. Tal vez el momento de mayor aislamiento, el más sórdido para la guerrilla de los años del terrorismo de Estado.

La llamada contraofensiva de los Montoneros de 1979 y 1980 tuvo un final de muerte anunciada. Tal vez el momento de mayor aislamiento, el más sórdido para la guerrilla de los años del terrorismo de Estado. Si es que fuera posible calibrar distintos momentos de una tragedia nacional que dejó entre 15 y 30 mil desaparecidos. "Infancia clandestina" cuenta de un modo impecable ese tramo final de la guerrilla de origen peronista, el tiro de gracia a un proyecto militar que ya había sido vencido políticamente cinco años antes: desde el paso a "la clandestinidad", en 1974. La película de Benjamín Avila tiene un valor superlativo: es contada desde un niño de 11 años, hijo de una pareja de militantes que vuelve del exilio para intentar desarrollar la "contraofensiva". Ese niño, con algunas pequeñas variaciones y matices, existió en la vida real. Y hoy es el director de la película. El filme despliega talento en muchos sentidos. En el guión, la actuación de Natalia Oreiro, en el clima de época, en la historia de amor que vive el niño protagonista y en el cuidadoso abordaje político. Es notable el tono y el equilibrio que logró Avila en la caracterización de aquellas heroicas patrullas perdidas. La historia de la "contraofensiva" está contada tal cual fue. Sin evaluaciones políticas definitivas. Sin golpes bajos, con exquisito suspenso, con ternura y un final redondo, emotivo y demoledor a la vez, "Infancia clandestina", por lejos la mejor película política de los 70 en la Argentina, podría ir al Oscar para representar al país. Lo tiene merecido.

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