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Lunes 31 de Agosto de 2015

Con el pragmatismo de Tsipras, Grecia acepta su dura realidad

Alexis Tsipras amagó durante meses por izquierda para finalmente firmar por derecha con la troika. Y ahora, de postre, se sacó de encima a la minoría de ultraizquierdistas de su partido y va camino de ganar las elecciones adelantadas del 20 de septiembre.

Alexis Tsipras amagó durante meses por izquierda para finalmente firmar por derecha con la troika. Y ahora, de postre, se sacó de encima a la minoría de ultraizquierdistas de su partido y va camino de ganar las elecciones adelantadas del 20 de septiembre. Si en algún momento casi todos pensaron que el joven político griego era un inmaduro tirabombas, es evidente que fueron engañados. El astuto Alexis maneja el arte de la “rosca” y el gambito como un democristiano italiano de los viejos tiempos. La ruptura de Syriza por el “sí” de Tsipras al ajuste para embolsar el tercer rescate se había pintado desde la prensa progresista afín a los disidentes y a Podemos como una hecatombe moral y política, tanto para la izquierda europea y su llamado “proyecto alternativo” como para la propia formación griega. Pero se fueron los 25 diputados de Panagiotis Lafazanis y...no pasó nada. Ahora denominados Unidad Popular apuestan, de máxima, a superar el umbral de 3% para no quedar afuera del Parlamento. Un verdadero colapso, bastante previsible si se tiene en cuenta que su “programa” consiste en salir del euro, defaultear toda la deuda y volver al viejo dracma. Un pasaporte al subdesarrollo. La población griega, en cambio, después de desahogarse en el referendo, tomó nota de la realidad de su país y de la que conllevaría salir del euro y de Europa. La facción de Lafazanis quedó reducida en pocas semanas a esa vieja izquierda folklórica de café, aunque pretendió con sus convocatorias a la plaza Syntagma ser una alternativa de gobierno a la “traición” de Tsipras. Esta se habría perpetrado en aquellas noches interminables de Bruselas que se coronaron con la “rendición” de la madrugada del 13 de julio, cuando se arribó al inevitable acuerdo con la troika y el consecuente e igualmente inevitable nuevo ajuste a cambio de seguir en el euro y recibir fondos frescos para levantar el corralito y pagar las cuentas del Estado. Yanis Varoufakis, ex ministro de Finanzas y diputado disidente, se refugió en el papel de exponente chic-mediático de esa posición perdedora y antipolítica. Que será seguramente muy rendidora en las aulas universitarias y en los salones que frecuenta el histriónico académico griego, pero que es totalmente inútil para el exigente puesto de ministro financiero de un país fundido como Grecia. La total desconexión de Varoufakis de sus colegas europeos evidenciada en sus pocos meses de gestión da cuenta de lo disfuncional de poner a un académico radicalizado en ese cargo. Del otro lado, Tsipras puede exhibir una mejora sustancial entre la oferta de la troika que él sometió a referendo el 5 de julio y la que finalmente se cerró con el tercer rescate: tres años de plazo en lugar de cinco meses, 86.000 millones de euros en lugar de 15.000. Nada mal. El ajuste exigido a cambio es, eso sí, algo mayor, pero sin diferencias de fondo: privatizaciones por 50.000 millones, reforma más a exigente de las jubilaciones, algo de flexibilización laboral y una suba del IVA. Todo inevitable, con o sin troika, como Tsipras seguramente siempre supo, dada la condición en que está su país desde muchos años antes de entrar oficialmente en crisis.
 
En España, el radicalismo antieuropeo de Pablo Iglesias se las vio negras para mantener su apoyo a Tsipras y Syriza, y a la vez con esa decisión admitió por adelantado que el consignismo de barricada del profesor de coleta no será tal en caso de llegar al poder. A la vez parece claro que Podemos ya vio pasar su mejor momento y que el caso griego le resta credibilidad como alternativa de gobierno. ¿Para qué pagar costos enormes de imagen internacional con un gobierno de Iglesias y sus aliados para finalmente tener que hacer lo que manda Bruselas?, es la lógica que remachan los partidos españoles desde que se cerró la fase más aguda de la crisis griega. A esto se suma que España, finalmente, sí crece, como lo hacen además los otros países “rescatados” (Irlanda, Portugal) y la propia Grecia, aunque pocos lo resalten.
 
Así las cosas, Tsipras y Syriza se aprestan a ganar con cierta comodidad el 20 de sepiembre. Sería inteligente que, como piden hace meses el FMI y numerosos gobiernos de la Eurozona, mientras llega esa fecha se diga desde la troika, y en especial desde Berlín, que la quita de deuda griega se hará. Porque como saben todos la deuda griega  es impagable tal como está y llevaría al default. Con esa señal, Tsipras podría ir a las elecciones con otro trofeo, ya no solo con la parte “buena” del rescate, o sea la plata fresca que salva a Grecia de la bancarrota. Sería una muestra de inteligencia estratégica de parte de una gobernante, Angela Merkel, que ha demostrado cabalmente tener de sobra ese insumo.
 

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