Ovación
Viernes 06 de Enero de 2017

Con el Coco y Miguel

Verano del 2010. Nublado en Punta del Este. Una mañana en la que la amenaza de lluvia obligó a los turistas a transitar por la calle Gorlero. El tradicional café Il Greco todavía existía y mantenía su vigencia como lugar predilecto por los argentinos, donde hacían sus pausas personajes reconocidos de diferentes actividades.

Verano del 2010. Nublado en Punta del Este. Una mañana en la que la amenaza de lluvia obligó a los turistas a transitar por la calle Gorlero. El tradicional café Il Greco todavía existía y mantenía su vigencia como lugar predilecto por los argentinos, donde hacían sus pausas personajes reconocidos de diferentes actividades. La presencia de la diputada Elisa Carrió en la esquina de Gorlero y 30 convocaba a muchos al saludo y descarga de cholulismo. La sorpresiva aparición de Carlos Corach cruzando la esquina en diagonal fue otro hallazgo, aunque ahí nadie se acercó a saludar. Y de repente un grito se escuchó desde una de las mesas de la cafetería, donde lo popular, lo bohemio y lo aristócrata se mixturaban sin debate clasista. "¿Qué pasa, Usandizaga también echó a todos los periodistas al Uruguay parece?", fue la frase cuyo autor quedó definido por una carcajada posterior. Era Miguel Angel Russo, que compartía cafés con su colega Alfio Basile, quien por más gorra y amplios anteojos para sol no podía disimular su inconfundible estampa. En la mesa también había otros amigos de los técnicos. El Coco recién se había ido de Boca, mientras que Miguel, aún sin saberlo, transitaba los días previos a convertirse en entrenador de Racing.

La invitación a la mesa llegó espontánea, sin cargo y con opción. "No nos sentamos con periodistas salvo que estén de vacaciones", bromeó Russo, mientras que Basile acotó con su voz de trueno: "Dale nene, sumate, que acá somos todos desocupados. A Miguelito lo rajó un vasco y a mí un francés", en alusión a Usandizaga y Bianchi, quien por entonces era el secretario técnico de Boca.

Y allí comenzó una charla de tres horas, imperdibles, con un fútbol de cien anécdotas, muchas que quedaron en la borra de las tazas del tan mentado código futbolero y otras no.

Con un "conseguime laburo en Rosario" el Coco abrió la puerta de su recuerdo cuando dirigió a Central en 1976, en sus primeros pasos como DT. "Me gustaría volver a la ciudad a dirigir, aunque es bravo el clásico allá, pero también muy bueno, porque tanto Central como Newell's siempre dieron grandes jugadores", bramó. Pero sus remembranzas sufrieron una abrupta interrupción. Una señora acercaba a los empujones a un muchacho hacia la mesa desde la vereda. "Disculpen que los moleste, pero mi hijo es fanático de Boca y quiere sacarse una foto con dos técnicos campeones", ordenaba la mujer con máquina fotográfica en una mano, mientras que con la otra impulsaba desde la espalda al joven atrapado por la timidez. "Si estuviera Bianchi era completito", añadió la mujer, pero alguien de la mesa murmuró: "Difícilmente".

Pero el desenlace fue rápido. "Vení nene, parate acá en el medio entre nosotros dos y sonreí", ordenó Basile con la anuencia de Russo. "Ya sabés Miguelito, al conteo de tres pronunciamos la palabra mágica para dibujar la sonrisa de foto", organizó el Coco mientras se acomodaba la gorra. La palabra utilizada para la foto se perdió en la memoria, pero el recuerdo del convidado mantiene vigente la pregunta que hizo de inmediato: "¿Por qué no dijeron whisky?". Y ahí nomás, como si Basile hubiera sido un centrodelantero, al interrogante del periodista lo paró de pecho y remató: "Porque si digo whisky cualquiera de los que están acá o pasan caminando van a decir viste, era cierto, mirá el borracho del Coco anda pidiendo whisky a las once de la mañana".

Los ocupantes de las mesas aledañas explotaron en risas, mientras el muchacho se alejaba feliz con su mamá por la foto obtenida. Y sus pasos ya distantes permitieron un aporte de Russo sobre lo sucedido: "Pobre pibe, con esa mamá no necesita casarse, ya está condenado". A lo que Basile añadió: "Imposible que juegue en mi equipo, ni él ni la mamá".

Pero la irrupción del joven y su madre trajo a la mesa una pregunta que hacía ya mucho tiempo buscaba respuestas precisas sobre la figura de Juan Román Riquelme, a quien muchos utilizaron de protagonista de un sinnúmero de leyendas urbanas.

Ya en una oportunidad, cuando dirigió también a Central, Carlos Ischia fue consultado al respecto. "Riquelme es un fuera de serie, muestra la misma personalidad dentro y fuera de la cancha. Con Bianchi siempre comentábamos su trabajo con los más jóvenes, a quienes los aconsejaba y los orientaba en el mundo Boca", contó quien fuera ayudante de campo del Virrey.

Russo fue el primero en admitir que disfrutó mucho al dirigir a Riquelme en 2007, "porque en ese Boca era el eje del sistema, sabía que Banega no la perdía, que arriba tenía dos tanques, que no necesitaba mirar para descargar porque cuando no pasaba Ibarra lo hacía Clemente, que había volantes con dinámica y era muy atractivo verlo a él jugar. Y fue importante también en el crecimiento de los más chicos", reseñó.

"Ese fue un gran equipo, el que ganó la Copa", acotó Basile, que cuando hablaba de Riquelme, para él simplemente "Román", su tono de voz adoptaba otros matices, con los que demostraba su admiración durante el análisis.

"Román es inteligente, hábil y leal. Dice lo que piensa sin buscar réditos. Al principio te mide, te estudia, vive como juega, y cuando el trato se hace franco ya no es necesario medir más nada porque es leal", resume.

En cuanto a las diferentes versiones que ubicaban a Riquelme en situaciones incómodas con respecto a la unidad de los planteles, ambos técnicos coincidieron en negar que fuese "camarillero". Sí advirtieron que se trataba de un jugador con carácter, que no pasaba desapercibido. "Mirá, una vez vino un colaborador muy preocupado durante una práctica porque decía que Román no lo saludaba. Me largué a reír y le dije: qué carajo me importa si te saluda o no, para nosotros lo más importante es que juegue, entendés, dejá que juegue como sabe y que no me salude nunca", narró a carcajadas el Coco, quien después aclaró que al otro día Riquelme saludó a su ayudante y ese prejuicio se esfumó.

"Las especulaciones, los chismes y los rumores joden a aquellos que no están seguros de sí mismos, y Riquelme siempre fue un tipo seguro. Como todo referente evalúa la autoridad del entrenador", dijo Miguel.

La charla permitió concluir que tres entrenadores que trabajaron con Riquelme no convalidaron la corriente de opinión que generó una imagen de futbolista conflictivo al ex diez de Boca.

El fútbol devolvió a Russo una vez más a Rosario junto a su Central, pero no a Basile, a quien su deseo de volver a dirigir en la ciudad no se le concretó.

No obstante, las charlas de verano como aquella del 2010 son tan divertidas como pedagógicas. Como la despedida del Coco en esa ocasión: "Mañana te esperamos, eso sí, dejale la tarjeta de crédito a tu señora que es lo único que le interesa de vos". Un Alfio Basile auténtico.

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