La ciudad
Miércoles 29 de Junio de 2016

Cómo vive la familia más afectada por la explosión

La familia Sánchez se llevó la peor parte de la explosión ocasionada por una caldera del Laboratorio Apolo.

La familia Sánchez se llevó la peor parte de la explosión ocasionada por una caldera del Laboratorio Apolo. El jefe del hogar, Juan Carlos, sigue en estado delicado en el Sanatorio Británico y con el 65 por ciento del cuerpo quemado, ya que sobre él cayó el agua hirviendo de la caldera. Su esposa e hijos están desolados y sin destino cierto. En forma provisoria, pasan las noches en lo de un familiar y amigos, tras haber perdido su casa de Drumond al 2900, arrasada por la onda expansiva.

Lo que hasta el domingo fue una vivienda de clase media ubicada a mitad de cuadra de la cortada de barrio Tablada, ya no existe. Los Sánchez vivieron horas dramáticas mientras escarbaban los escombros buscando al más pequeño. Juan Carlos, más conocido como "Charly", sigue dando batalla en el Británico.

El chofer de la línea 123 de la Semtur tiene gran parte del cuerpo quemado luego de que la caldera del laboratorio se le cayó encima con agua hirviendo.

Su esposa Susana, sus hijas Yamila, Tamara, Floyd y su nieta Camila, no imaginan aún "volver a empezar". Todavía sobrevuela la pesadilla de buscar al bebé entre los escombros y no encontrarlo hasta que le pisaron el piecito y pudieron respirar.

Anteayer, la familia y conocidos los ayudaron a acomodar las cosas que pudieron rescatar de lo que quedó de su vivienda, aunque los muebles y las camas están atrapadas en la marea de escombros. Lo que rescataron fueron frazadas con ropa, algún electrodoméstico y papeles que fueron a parar a las casas de los vecinos.

Mientras tanto, transitan horas de precariedad. Como definió Tamara a LaCapital: "Mi papá es quien toma las decisiones y hasta que él no esté bien, no vamos a tomar ninguna determinación". La joven de 25 años asume que el impacto y el shock todavía están presentes. "Por ahora nos acomodamos en lo de mi abuela María del Carmen (vive a pocas cuadras de allí) y en lo de amigos", agrega.

Su novio, Pablo, vive cerca del Británico, y ella pasa la mayoría del tiempo en esta zona del centro atenta a la evolución de su padre.

Sin ganas, y con la angustia de tener a "Charly" internado, las horas les parecen eternas. Comentan que Defensa Civil les ofreció ir a un hotel en Callao al 100 para acomodarse, y que no aceptaron.

En la casa de la abuela están Susana, Camila, Yamila y Floyd. Comparten una habitación. "Hasta que mi papá no esté bien, no nos importa nada", subraya Tamara, angustiada porque el chofer sigue estable, sin mejorías.

Ayer, Susana llevó al bebé de dos años al médico para continuar los controles, Yamila hizo lo mismo con su hija Camila, de 5 años.

Tamara recuerda lo que vivió hace tres meses, cuando la caldera del laboratorio la hizo saltar de la ducha, sin siquiera apagar el agua. "Salimos todos a la calle, desesperados. Mi papá le pateó el portón al laboratorio y se enojó con el encargado. Recuerdo que le dijo: «Acá, si volamos, volamos todos»".

La joven vuelve una y otra vez sobre las consecuencias de lo sucedido.

Cuenta que su madre sigue impávida, sin poder reaccionar.

Sin dudas, será una ardua tarea, la de reconstruir no sólo la casa donde vivían, sino una vida "normal".

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