Escenario
Martes 01 de Noviembre de 2016

Como salido de un set de Tarantino

Que Calamaro dio un gran show ya está escrito y argumentado en esta página. A mí me gustó mucho cómo cantó, como se plantó sobre el escenario. En "Garúa" la voz parecía brotar de su pecho y en "Estadio azteca" dejó roja su garganta y sin astillarse. Pero yo quería decir otra cosa... Calamaro está raro, no sé bien cómo explicarlo. Lo vi subirse al escenario y había algo extraño en su figura, en sus ojos que miraban sin mirar, un segundo antes de calzarse los clippers oscuros. No estoy diciendo que venía de drogón, de duro como rulo de estatua. No. Estoy tratando de decir que esa extrañeza quizá era producto de que El Salmón se había inventado un nuevo personaje. Estaba actuando. Como pasaba con Bowie o con Prince (que en paz descansen ambos). Calamaro entró al escenario en penumbras como si recién saliera de un set de filmación de una película de Tarantino. Saco y pantalones oscuros, zapatos negros relucientes y alargados; camisa negra y blanca de Miami Beach... Y el gesto entre zombi y pendenciero, como el mejor Travolta, magistralmente decadente. Estuvo buena esa entrada superactuada. Cómo se calzó los clippers, cómo se llevó la armónica a la boca para arrancar la noche, cómo avanzó en el escenario con paso corto y dubitativo, cómo observó la caja oscura de la platea, cómo torció un poco la boca, antes de calzarse los anteojos y de tomar su pequeña armónica del bolsillo superior derecho de su saco... Todo esto sucedido en 30 o 50 segundos, moviéndose robóticamente, como si el cuerpo lo incomodara, la espalda encorvada y los brazos colgando adelante. Raro, raro. Un Andrés adulto, casi un Polaco Goyeneche del rock, un imán clavado en el centro del escenario, creador de un nuevo e enigmático personaje.

Comentarios