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Sábado 07 de Diciembre de 2013

Cómo hacer para que los chicos lean y escriban con placer en la escuela

Reflexiones y una buena guía de sugerencias para que trabajar con los textos se vuelva una tarea apasionante

En la historia de la humanidad, la escritura surgió como una necesidad humana; por lo tanto si tenemos en cuenta la función social de la escritura debemos en primer lugar "no matar la escritura en la escuela", esto es no hacer que los chicos escriban para nada.

A mi entender es lo primero que debemos considerar. Las prácticas de escritura en la escuela deben tener sentido, deben hacerse por algo y para algo; los chicos deben sentir que escriben con propósitos claros: escribimos una nota porque queremos comunicar una idea, un sentimiento; escribimos un cartel o un mensaje porque queremos informar algo importante; escribimos una receta de cocina porque queremos recordarla para replicarla en casa; escribimos un poema porque estamos enamorados o porque sentimos algo en el pecho muy fuerte que podemos exteriorizar escribiendo...

No son sinónimos. Durante muchos años, en la escuela la escritura fue sinónimo de copia. Los chicos escribían copiando del pizarrón. ¿Para qué? Para nada. Para copiar lo que la maestra decía que había que copiar. Así fuimos matando la escritura. Y así fuimos matando el placer por escribir. Nada del orden del deseo estaba puesto allí. Un niño que copia del pizarrón será un buen copiador pero no necesariamente un buen escritor. Es muy útil preguntarnos cómo maestros: ¿cuándo fue la última vez que mis alumnos realizaron una escritura espontánea? (una escritura que realizaron sin copiar). ¿Hace mucho que no escriben una historia? ¿Cuánto tiempo pasó de la última vez que redactaron un informe sobre algo?... Porque para aprender a escribir hay que escribir; lo mismo ocurre con el leer. Esta sería la segunda cuestión a tener en cuenta: propiciar en las aulas que los chicos escriban (y no que copien porque copiar es diferente a escribir).

Confianza. Los maestros tenemos que confiar en nuestros alumnos. La confianza está involucrada en todo esto. Tenemos que creer que decididamente ellos pueden escribir. Entonces les propondremos actividades de escrituras diversas. ¿Habrá errores? Por supuesto. Cientos. Miles. Porque la escritura convencional es un hecho altamente complejo que involucra muchos saberes: gramaticales, ortográficos, de uso de signos de puntuación, estilos, modos, etc. Y la didáctica es la que nos tiene que ayudar para secuenciar y articular los contenidos a enseñar de la lengua.

Un niño debería tener tiempo para poder construir todos estos saberes y los maestros deberíamos ser respetuosos de ese tiempo y no pedir imposibles, sino más bien ayudarlos a mejorar sus escritos paulatinamente. Y esta idea de la mejora en el tiempo deberíamos transmitírsela a ellos; hacer consciente este aspecto mientras van aprendiendo: escribimos en borradores... borradores que mejoran a medida que crecemos en la escritura. Este hecho que parece menor no lo es, porque a nadie que le signifique una frustración algo, puede sentir deseo con eso. Un termómetro es observar la respuesta que tiene un niño frente al pedido de una escritura: si se larga, se suelta y lo hace sin temor, sin manifestaciones de angustia, como algo natural, entonces vamos por buen camino; en cambio un niño que frente a un pedido de escritura llora, se niega, comienza a "portarse mal", se tira sobre la hoja y coloca su cabeza hacia abajo y se tapa, ese niño no ha podido establecer una buena relación con la escritura.

Transmitir. Por último, creo que un maestro que reniega de la escritura, o lo que es peor aún no puede escribir, difícilmente transmita placer por la escritura o la lectura a sus alumnos. En las trayectorias o biografías escolares es común reconocer que los alumnos se han identificado o han sentido placer y deseo por aquellas materias o experiencias coordinadas por maestros apasionados, dedicados, que han sabido transmitir el deseo por eso que enseñan. Si yo como maestra elijo un buen libro para leer cada mañana o cada tarde con mis alumnos; si cuando lo leo lo hago con ganas y demuestro que leer eso me gusta; si escribo cosas interesantes o bellas y las comparto con ellos y les cuento que las escribí yo; si les propongo que escribamos cosas juntos: una buena historia, un registro de una experiencia vivida, una escena de un guión teatral para representar en la escuela; entonces si yo hago estas cosas desde el placer, mis alumnos compartirán al menos ese estado de ánimo.

Y para terminar, algunas cuestiones importantes:

 De la nada no hay creación. Todos, todo el tiempo, reinventamos. Es fundamental nutrir de buenas historias a los niños desde edades muy tempranas. Hay que leerles mucho, contarles historias, acercarles imágenes, proyectarles películas, cantarles, hacerles escuchar canciones. Si realizamos este trabajo durante varios años, los niños podrán escribir desde la hoja en blanco, de lo contrario será pedirles imposibles.

 Hay infinitas consignas de trabajo para estimular la escritura. Los autores dedicados a los talleres literarios o talleres de escritura tienen mucho para aportar a nuestras planificaciones. Por mencionar uno: Gianni Rodari.

 La paráfrasis es una herramienta muy útil para que los niños escriban. Parafrasear es contar con tus palabras lo que otros ya contaron. Entonces, podemos leerles cuentos a nuestros alumnos y pedirles que lo escriban como lo recuerdan. Esto lo debemos hacer con mucha frecuencia, no una o dos veces en el año. Una vez a la semana. La situación de "ponerme a escribir" esto que ya otro escribió es altamente enriquecedora. Tengo que organizar en mi cabeza un relato y llevarlo al papel. Un buen desafío...

(*) Docente de nivel primario y profesora en ciencias de la educación. Actualmente trabaja en la Escuela N 147 Provincia de Entre Ríos.

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