Policiales
Lunes 17 de Octubre de 2016

Cómo fue la pelea en la tribuna que precipitó el crimen del Quemadito Rodríguez

En el fallo que condenó a cuatro hombres por el homicidio se detallan violentos episodios narrados por uno de sus protagonistas.

"Yo apuesto todo a que esto lo mandó a hacer el Panadero. Desde el momento que lo expulsamos de la barra nos la tiene jurada". La voz de Sergio "Quemado" Rodríguez es clave en el reciente fallo que condenó a cuatro personas por el crimen de su hijo Maximiliano, conocido como "Quemadito" y ejecutado de un tiro en la cabeza el 5 de febrero de 2013 en la esquina de Pellegrini y Corrientes.

La interna en la barra de Newell's, cómo se gestó la famosa "entangada" con la que se intentó desbancar del mando a Diego "Panadero" Ochoa y hasta una farsa armada por su hijo en prisión al fingir su propia muerte con el objeto de "sacarle plata" al líder rojinegro; todo eso se condensa en un relato en primera persona que le atribuye a Ochoa la instigación del asesinato. Una tesis que, para la jueza que condenó a los ejecutores, "no es errada".

Entramado. La semana que pasó la jueza María Isabel Mas Varela condenó a los cuatro acusados de concretar el crimen de Quemadito, un joven de 26 años ligado a actividades de narcotráfico que disputaba activamente la conducción de la barra de Newell?s. Les dictó 16 años de prisión a Héctor David "Porteño" Rodríguez como autor del disparo mortal a la cabeza de la víctima; 14 años y medio a Sergio Federico "Chuno" Acosta como cómplice primario, acusado de conducir la moto en la que huyeron; 13 años a Marcelo Jesús Romano como quien entregó a la víctima aprovechando su pertenencia a su círculo íntimo, y 6 años y medio a Walter Alberto "Walo" Acosta por una participación secundaria -un gesto para distraer a Maxi y a su novia- en el momento del disparo homicida.

En el extenso fallo, la jueza considera como testimonios destacados los del padre de Rodríguez y los de dos barras, quienes "revelan el entramado ilícito que los unía a la barra de Newell's". Uno de ellos es Matías Pera, condenado el año pasado a 3 años de prisión por participar del episodio conocido como la "entangada", ocurrido en el Coloso del Parque en septiembre de 2010. Dos meses después Pera sobrevivió a un ataque de cinco balazos por la espalda en una plaza de la zona sudeste. También el Quemadito estuvo unos días preso y llegó a ser procesado por ese incidente en la tribuna.

La jueza ubicó el momento en que una porción de la barra bajó a golpes a Ochoa del paraavalanchas como "el punto más álgido" de la relación entre la víctima y Ochoa. En ese marco, señaló que a la "harto conocida" enemistad del Porteño con Maxi debe sumarse la "posteriormente descubierta intención de Romano de quedarse con el negocio de ilegal de drogas que manejaba Maxi". Y aludió a las mejoras económicas evidenciadas luego del crimen en el patrimonio de los dos principales acusados, quienes al día siguiente se fueron a Mar del Plata con sus parejas y se compraron un auto y una moto.

Círculo. Los Rodríguez, dice el fallo, tenían el "firme cometido" de llegar a dominar la barra de Newell's. El hijo fue asesinado, el padre está preso. Rodríguez cumple una condena a 32 años de prisión como autor intelectual y ejecutor de la masacre de Villa Morreno, donde el primer día de 2012 los militantes del Frente Darío Santillán Adrián "Patom" Rodríguez, Claudio "Mono" Suárez y Jeremías "Jere" Trasante murieron acribillados por balas que no eran para ellos. Sino que buscaban vengar una balacera que sufrida minutos antes por Maxi.

En la causa por la muerte de su hijo, el Quemado está situado en el otro extremo: es querellante y desde ese rol se explayó sobre el trasfondo del crimen, que ligó a disputas en la barra y a un enfrentamiento feroz con Ochoa, preso desde agosto de 2013 como instigador del crimen de su antecesor Roberto "Pimpi" Caminos en 2010 —a la espera de juicio oral— y por ordenar la muerte de Quemadito. En esta causa había sido sobreseído pero esa medida fue revertida en marzo por la Cámara Penal.

Lo que contó Rodríguez en primera persona es que con Maxi, en un primer momento, integraban el círculo directo de Ochoa en la barra. "Tenía un grupito de los más pibes que lo seguían a todos lados. Adonde él se movía, adonde tenía reuniones, a los boliches. Esos eran los más pesados. Entre ellos mi hijo Maxi, el Porteño... Al grupo de gente de Matías Pera lo usaba de fuerza de choque para custodiarlo adentro de la cancha. Si había que mandar a hacer algo más pesado como tirar tiros, Ochoa los mandaba a ellos", describió el Quemado la estructura interna.

Mala onda. Su relación con Ochoa fue ríspida desde que asumió al frente de la barra tras el cambio de dirigencia en Newell?s y la retirada de Pimpi en diciembre de 2008. "Yo siempre le decía a Maxi que no se deje usar. Quizás por eso mi relación con Ochoa no era del todo buena, era tirante. Yo era el más grande de todos los referentes y no me iba a dejar manejar por el Panadero. De todas maneras a mí me servía, porque supuestamente iba a tener un «trabajo» y un sueldo. Yo era una persona muy chocante, iba de frente con el Panadero", relató Rodríguez.

Hasta que llegó un punto de quiebre: "Todo se pudrió conmigo por una llamada que le hice al Flaco Schiavi. De esto se enteró el Panadero y ahí se armó el quilombo, porque yo hice algo en favor de los pibes que en realidad era labor del jefe. Fue como haberlo salteado. Ahí ya me empezó a desplazar. No consultaba más cosas conmigo, ya me daba pocas entradas".

Ese distanciamiento se pronunció cuando Maxi cayó detenido en 2009 por un incidente en la puerta del boliche Mogambo: "El Panadero le prometió de todo. Que lo iba a ayudar económicamente, que le iba a poner un abogado, y no le llevó nunca nada. A mí tampoco me dio nada para el pibe, ni un kilo de azúcar".

"Mi hijo —continuó Rodríguez— estuvo detenido como un año y cuatro meses y el Panadero desapareció. A mí me daba bronca, por eso yo discutía mucho con mi hijo. Maxi era muy reservado, más sabiendo que yo me enojaba, andá a saber las cosas que les mandó a hacer el Panadero sin que yo me entere. Los manejaba, los psicologeaba (sic), los usaba a todos. Fijate como terminaron todos los pibitos manejados por él: presos o muertos".

Fallido. Ese período de Maxi en prisión desembocó en el famoso incidente del sábado 4 de septiembre de 2010 en el estadio de Newell's cuando un grupo de barras que hasta entonces habían sido laderos de Ochoa lo atacaron a golpes frente a la hinchada para humillarlo y con el fin de quedarse, sin lograrlo, con el mando de la popular. Las cámaras del club registraron cómo dos de sus hombres lo tomaron del cuello, lo molieron a golpes y lo dejaron en ropa interior, además de robarle sus pertenencias.

"Maxi estaba muy enojado con el Panadero. Yo había dejado de ir a la cancha. Matías Pera también estaba enojado. Todos los que en su momento lo ayudaron a conseguir la tribuna fueron traicionados por el Panadero", dijo Rodríguez sobre el origen de la revuelta. Y agregó: "Entonces mi hijo me propone quitarle la tribuna y que yo sea el nuevo jefe de la barra".

El plan se puso en marcha y se concretó aquel día en que Newell's enfrentó a Independiente. "La movida era la siguiente. El Panadero nos dio ocho entradas. Ñuls jugaba de local y era el primer partido luego de que mi hijo recuperara la libertad. Recuerdo que fuimos seis, nos sobraron dos. Eramos Maxi, yo, Matías Pera, un amigo de Matías, Carlitos A. y otro muchacho amigo mío. Maxi y Matías se ponen al lado del paraavalanchas. Carlitos estaba un poco más adelante y yo estaba en la platea vieja", recordó Rodríguez.

Al ataque. Los conspiradores habían fijado una señal para definir el momento de entrar en acción: Maxi iba a exigirle plata a Ochoa y si éste se negaba dejaría caer una remera naranja. "Era así, dado que Maxi tenía puesta la remera anaranjada de arquero Villar", contó su padre. Como estaba planeado, en el medio del partido Quemadito increpó al líder: "Ey, Diego, ¿cuándo me vas a pagar la plata que me debés?". La respuesta fue: "¿Por qué no te dejás de joder? Si vos querés la plata, ganátela". Y se desató el caos.

"En ese momento que la camiseta naranja se cae para atrás yo salgo corriendo por la puerta de la platea, salgo fuera de la cancha, doy la vuelta, ingreso a la popular saltando los molinetes, subo la escalera y (Maxi y Matías) ya lo estaban bajando a trompadas al Panadero. Le pegaban todos. Cada uno que pasaba le pegaba. Se le dieron vuelta todos", evocó Rodríguez.

"Ahí el Panadero es expulsado por la policía para afuera de la cancha y toda su gente sale corriendo. Al finalizar el partido vino la policía y pregunta: «¿Quién quedó a cargo?». A lo que respondí: «Yo. Acá solamente vinimos a desplazar a la cara visible, no vinimos a robar nada». Por eso es que luego guardamos todas las banderas y los bombos, vinieron los pibitos de la subcomisión del hincha con la llave esa del cuartito donde se guarda todo".

Al día siguiente los sublevados se reunieron con el jefe de la custodia. Se presentaron como los nuevos jefes de la barra para discutir el manejo de viajes y entradas. "Pero los dirigentes no nos atendieron. El fin de semana jugaba Ñuls con Argentinos Juniors. La idea era ir a copar el medio de la tribuna, juntamos casi cien personas. Pero al llegar a la cancha ya estaban ellos y nos mandaron a la platea. Luego nos ponen el derecho de admisión y no pudimos ingresar a los partidos de local".

Ambición final. Ese fue el encontronazo más conocido entre Maximiliano Rodríguez y el Panadero Ochoa, pero no el último. En el verano de 2012 Quemadito cayó preso por el triple crimen de villa Moreno. Llevaba varios meses adentro cuando, en diciembre de ese año, gestó allí un fraude para estafar a Ochoa. Logró que falsos sicarios presos con él contactaran al líder rojinegro para que éste le pusiera precio a su cabeza. Incluso hizo circular por las redes sociales que lo habían atacado (ver aparte). Antes de fin de año recuperó la libertad y a los dos meses lo mataron.

El 5 de febrero de 2013 Quemadito fue visitado por dos amigos en el departamento que compartía con su novia en Corrientes al 1700. En un momento decidieron bajar a comer algo en un bar de la zona. Rodríguez iba con muletas por las heridas sufridas nueve días antes, al sobrevivir a un ataque a balazos en barrio Acíndar. Cuando se acercaban caminando a la esquina de Corrientes y Pellegrini, un hombre vestido con ropa de trabajo (Walo Acosta) hizo el ademán de extraer un arma para distraerlos mientras otro (el Porteño) se acercó y le disparó a quemarropa en la cabeza.

Para la jueza Mas Varela, "la tesis planteada por el padre de la víctima no era errada ni estaba únicamente arraigada en una profunda enemistad. Muy por el contrario, se sustentaba en hechos ciertos y objetivos acontecidos con anterioridad al desenlace fatal". Es que Maxi, ya libre, "había tomado la decisión de regresar a la barra a acaudillar la actividad. No necesitaba demostrar su poderío pues ya había podido dominar la escena". Quemadito no mantenía esa ambición en secreto. Por esos días repetía a los suyos: "El Panadero me quiso matar, ahora yo quiero la barra".

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