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Sábado 20 de Julio de 2013

¿Cómo explicar la sexualidad a los niños?

Un libro les habla a los más pequeños sobre las relaciones sexuales y cómo cuidar su cuerpo. Su autora es la escritora Cecilia Blanco

¿Qué es lo que tengo aquí abajo? ¿Cómo entró el bebé a la panza? ¿Hacen el amor o hacen bebés? ¿Varones con varones? Son algunas de las preguntas con las que niños y niñas suelen irrumpir la tranquilidad de sus padres. Y es ahí cuando los adultos mantienen una comunicación fluida con los pequeños o bien empiezan a tropezar con las posibles respuestas. "¿Qué es esto? La sexualidad explicada para niños" (Editorial Uranito) puede resultar una buena herramienta para salir de sobresaltos, ampliar miradas, pero sobre todo ofrecer a los chicos un buen texto, con una cuidada y respetuosa información. "Es muy importante que los chicos sepan que la sexualidad no es sólo hablar de la mamá embarazada", dice su autora, la escritora y periodista Cecilia Blanco.

El libro es el resultado de un trabajo colectivo con el ilustrador Daniel Löwy, que facilita así su lectura a los más pequeños, aun a los que todavía no manejan las primeras letras. La edad recomendada —dice Blanco— es "desde las primeras preguntas hasta la pubertad". A lo largo de 78 páginas aborda, siempre con ilustraciones divertidas y muy buen diseño a todo color, temas como el cuerpo y su cuidado, la pubertad, las relaciones sexuales, el embarazo, el parto, los métodos anticonceptivos y la diversidad sexual. Suma además un glosario y comienza con una acertada introducción de la psicóloga y sexóloga clínica Paula Budich, que es quien asesoró en el desarrollo de los temas, y que titula "El valor de la palabra en la construcción de la sexualidad". Nada mal si se sabe que el libro resulta toda una invitación a conversar con los chicos.

Abrir diálogos. "Mi mayor anhelo es que sea un libro para disparar diálogos enriquecedores", dice Cecilia Blanco en la introducción de su libro. Habla de esta necesidad de generar diálogos entre generaciones porque considera que "sexualidad implica hablar de órganos genitales, pero también de género. Es explicar cómo se concibe un bebé, pero también es afirmar que las personas tienen relaciones sexuales porque les gusta, no solo con fines reproductivos". "El conocimiento —concluye— hace libre a los hombres. Un niño no es la excepción. Si tiene una correcta información acerca de la sexualidad, tendrá menos temores, podrá expresar con mucha más seguridad lo que le gusta y lo que no, cuidará su cuerpo y será más feliz".

—¿Por qué se te ocurrió hacer este libro, sobre este tema en particular?

—Surgió después de un largo proceso, donde fui un poco investigando qué tipo de libros había referidos a la sexualidad para chicos de la primera infancia. La verdad es que lo que encontré está referido al nacimiento, al embarazo. Hay mucha literatura y libros tanto extranjeros como nacionales referidos a eso. Y siempre me preguntaba por qué no hablar de otros temas, por qué se los dejaban para la preadolescencia. Por ejemplo, por qué cuando un chico encuentra a su mamá que con sus toallitas higiénicas no hablarle de la menstruación o qué pasa cuando dentro de la familia hay un homosexual. No es la realidad de todos los chicos tener una mamá embarazada, que sería el punto más usual para preguntar. Incluso hay familias monoparentales, donde la mamá cría sola a su hija o hijo. Es decir, había todo un universo donde estos temas quedaban excluidos. Ese fue el comienzo para mí. Luego me asesoré más y ahí es cuando me di cuenta que era un libro que estaba faltando. Pero además creo que es viable en este momento, 10 o 15 años atrás era impensable, como también lo era en la Argentina hablar de matrimonio igualitario o de una ley de fertilización asistida. Estamos dentro de una sociedad que está cambiando, hablando, debatiendo y se están empezando a visibilizar temas muy viejos, en realidad que nos acompañan desde siempre, pero estaban ocultos.

—Todos temas que están abordados en la ley de Educación Sexual Integral (ESI), y que sin embargo también cuesta que se tomen en las escuelas.

—Sucede que la implementación de esta ley dentro de los colegios depende de las autoridades, de la comunidad educativa, porque hay padres que tienen mucha resistencia. Resistencia que es sobre todo por desinformación, porque creen que cómo se les va a hablar a los chicos de cosas que no les corresponden a su edad. Entonces pareciera que si les hablás de ciertas cosas los vas a incentivar a una sexualidad que no corresponde a la edad cronológica, cuando todos los especialistas indican que no es así. El desarrollo sexual del chico va a correr independientemente del tipo de información que reciba, pero la diferencia está en la comunicación fluida que tenga con sus padres, que no tengan vergüenza ni pudor en hablar y que en la escuela lo pueda vivir de una manera también natural, ya sea con sus pares, compartiendo la información, respetándose, hablando a nivel integral.

—La recomendación de lectura de este libro es "desde las primeras preguntas a la pubertad", es decir ¿para que los nenes y nenas lo lean solos?

—Yo lo pensé para que un chico lo agarre y lo pueda leer solo. Para leerlo solo tiene que tener más de 6 años. Pero de todas maneras hay una lectura que tiene que ver con las imágenes, donde también los más chicos pueden mirarlas, hacer preguntas y los padres acompañar ese proceso, quizás dando una explicación un poco más sencilla. O haciendo una síntesis o incluso contestando sólo lo que les preguntan. No está pensado para que lo lean solamente los padres.

—Hay padres que no saben cómo contestarles a los hijos ciertas preguntas sobre sexualidad. En ese sentido, ¿no puede servirles también a ellos?

—En realidad, los adultos tampoco tenemos toda la información. Y tampoco si nos preguntan sobre saturno sabemos todo. No somos una enciclopedia caminando. Es cierto que es mucho más fácil contestar una pregunta sobre la luna que cuando los niños nos hablan sobre la muerte, la guerra o sobre sexo. Es ahí donde se nos complica, porque entran a jugar las escalas de valores y nuestras ideologías. Por ejemplo, podemos responder más "objetivamente" sobre la luna, pero no tanto si nos preguntan por un travesti que ven en la televisión. Es cuando aparece nuestra manera de pensar y de sentir, y donde los adultos nos ponemos como un poquito nerviosos. Pero es bueno también que los chicos sientan que no tenemos todas las respuestas, y está muy bien incluso que dentro de sus creencias religiosas den su visión. Por eso yo no menciono, ni hablo —a propósito— de matrimonio ni de casamientos, porque eso es otro tema. Trato de que la bajada de línea la hagan los padres.

—El libro muestra un trabajo integrado de textos e imágenes. ¿Es un trabajo compartido con el ilustrador?

—Daniel (Löwy) hizo un trabajo excelente, es un humorista a quien conozco desde hace muchos años y con quien trabajé en equipo. No es que yo escribí el libro y luego se lo pasaron a él para que lo dibuje. No. Fue una reunión semanal que teníamos, donde cuando yo escribía me sugería y criticaba y yo también a él. Pero sobre todo lo que él aporta al libro es el humor. Que es un humor muy sutil, porque no hacemos bromas o chistes, pero sí tratamos de sacarle esa pátina de "seriedad" (ligado sólo a lo biológico) del tema.

—¿Se busca transmitir así que la sexualidad es algo placentero?

—Claro, y que es algo que sucede con continuidad durante toda la vida. Nacemos siendo sexuales. Por eso mostramos en los dibujos gente de diferentes edades, aspectos, gente mayor, unos medio pelados, algunos más gorditos. El mensaje es que esto nos sucede a todos. Y sobre todo me pareció muy importante que los chicos entendieran que no es que la sexualidad pasa por la mamá que va a tener el bebé, que ese es un capítulo importante y está bárbaro que así sea, pero sostener solo esa idea también reproduce esquemas que ya están muy superados.

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