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Sábado 06 de Octubre de 2012

Cómo enfrentar la violencia, según los adolescentes

Simularon ser concejales y presentaron proyectos para enfrentar adicciones, agresiones de género y el bullying

"¿qué podemos hacer nosotros por el consumo de drogas si la policía pasa por enfrente de los búnker y saluda como si nada?", "Se ofrece mucha información sobre adicciones pero o no sirve o, como diría mi abuela se la toma para la chacota", "Hay que rogar que el hecho de violencia pase a la mañana porque si es después de las 7 de la tarde nadie te atiende el Teléfono Verde". Estos son algunos de los comentarios muy críticos expresados por estudiantes del secundario que protagonizaron un particular debate por la "no violencia", en el Concejo Municipal.

Hablaron de todo, pero no se quedaron con eso y sumaron propuestas para revertir desde la violencia familiar, de género, el acoso escolar, las adicciones, la discriminación y hasta hechos de inseguridad en los espacios públicos. La mayoría de las iniciativas reclamó por capacitación y difusión a través de talleres y campañas. Fue durante el Parlamento Juvenil por la No Violencia del Concejo donde participaron más de 300 adolescentes, representando a 25 escuelas públicas y privadas de Rosario.

En este Parlamento del viernes pasado se presentaron 26 proyectos, de los cuales 22 fueron aprobados y 4 rechazados. "Los aprobados son ingresados como proyectos del Concejo y luego siguen el proceso ordinario, es decir van a comisión y tenemos obligación de tratarlos, incluso podemos agregar alguno que haya sido rechazado pero que interese", precisó el concejal (Encuentro por Rosario/PJ) Osvaldo Miatello, promotor de este emprendimiento, sobre el destino de esta actividad.

Discusiones. Al margen de las formalidades y protocolos legislativos, lo bueno pasó en las cuatro horas de discusiones donde cada estudiante fue argumentando la iniciativa elegida. Algunos leyeron lo relevado y mocionado, otros mostraron su costado de excelentes oradores buscando argumentar cada concepto expuesto. Lo mejor, la diversidad de ideas manifestadas.

La mayor parte de las iniciativas pasaron por pedir talleres de capacitación, mediación, de difusión y atención a problemáticas como las adicciones, acoso escolar o bullying, la violencia de género y familiar, y hasta de educación vial.

"Protagonistas del cambio, por una mejor convivencia", así titularon los chicos del colegio Padre Claret la idea de empezar a cambiar la "violencia que se evidencia en la vía pública". Napoleón Tossi, el "concejal" que representó a la escuela de Viamonte al 1500, mostró encuestas y entrevistas que graficaban "la transgresión constante a las normas de tránsito". Para eso promueven dar charlas, concientizar y que los propios estudiantes se conviertan en "multiplicadores" de estas campañas.

En los barrios. Walter Pérez, alumno de la Escuela Jesús de Nazareth, puso a consideración el impulso de talleres en los barrios que traten las problemáticas de la violencia. Con una buena explicación: darles más lugar a las vecinales "y que los vecinos se interesen y se involucren".

"La capacitación que se recibe sobre adicciones o no sirve o se la toma para la chacota, como diría mi abuela". El que hablaba es Guido Spreggero, un entusiasmado y vehemente estudiante del Complejo Educativo de Alberdi, que prefirió explicar el proyecto de decreto que llevaba "para no aburrir leyendo".

El ofrecimiento pasa por dar a los jóvenes capacitación sobre adicciones, pero en forma gradual, con una evaluación y a través del Centro de la Juventud. Para eso antes recordó datos que muestran cómo a pesar de la información que se les ofrece a los jóvenes sobre las adicciones ésta no disminuye, poniendo en duda la utilidad de los discursos oficiales, y mirando a los jóvenes como los impulsores de los cambios.

Concurso. También Luciana Bassi, del Superior de Comercio (UNR), puso a consideración un concurso de producciones audiovisuales sobre cómo afectan las adicciones a la vida de los jóvenes. "Otra mirada" lo llaman y apunta a que sean los propios estudiantes los que armen estas producciones.

Dónde poner el acento: en los que consumen o en los que venden. La inquietud ganó por buen rato el intercambio de ideas entre los chicos que oficiaban de concejales. Un alumno presente cuestionó que se pudiera "hacer algo, cuando la policía pasa por enfrente de los búnker y se saluda con los que venden".

Cámaras. No faltaron las iniciativas de colocar cámaras de seguridad en lugares clave de los diferentes distritos, y en algunas escuelas donde los robos son más que frecuentes y hasta desalientan la asistencia a clases. Y también aquella presentada por Marcio Rosseto, de la Técnica Nº 2, para que se instale un semáforo en la esquina de la escuela (Pueyrredón y Tucumán) "para frenar el tránsito que no respeta ni los carteles de Pare".

Aldana Bárcena, de la Escuela Santa Isabel de Hungría, promovió la colocación de rampas en diversas esquinas de la ciudad, como se indica en el reglamento de edificación. "¿Qué tiene que ver este proyecto con el tema del parlamento?", cuestionó un alumno desde las bancas. Y llovieron los argumentos con ejemplos cotidianos, para explicar que "la violencia es también simbólica y se manifiesta a través de la discriminación".

"Tengo un abuelo que anda en silla de ruedas y padece no poder andar por la calle. La violencia es psicológica porque no se lo reconoce como una persona que necesita ayuda", dijo una de las jóvenes. Algo parecido contó otro chico ocupando una banca de concejal: "También tengo una abuela en silla de ruedas y es difícil llevarla a pasear como quisiera como nieto. La persona termina siendo agredida a sí misma".

Aparecieron entonces las lecturas que llevaban sobre ordenanzas, principios de distintos organismos y antecedentes que relacionan violencia y discriminación. Y alguien recordó cuánto falta para hacer de Rosario una ciudad inclusiva, al contar que para presentar quejas sobre los servicios públicos "los discapacitados deben acudir al primer piso de la Terminal de Omnibus, donde no hay ascensor".

Ganar espacios. Para los chicos, una de las maneras de ganarle a la violencia es sumando espacios de recreación, mejorando calles y los recorridos públicos de los barrios. Luciana Baez, de la Escuela Nuestra Señora del Valle, propició ampliar la "Calle recreativa" por la avenida Battle y Ordóñez (desde Balcarce y hasta San Martín).

Y desde el Colegio Nuestra Señora de la Merced, Florencia Lezcano impulsó mejorar las calles de la zona sur, recuperar con más iluminación el Parque Sur, darle más frecuencia a la recolección de residuos, entre otras ideas.

El argumento que resumió estas dos mociones y que se reiteró con diferentes opiniones fue el de "no retroceder, no encerrarse con rejas frente a la inseguridad, sino avanzar, hacer algo como vecinos".

Al final de la jornada del último viernes de septiembre, los chicos que oficiaron de concejales se llevaron diplomas que los acreditaron como parlamentarios por la no violencia, y algo más: una clase de educación democrática que arrancó en el aula, pasó por el Concejo y dejó cambios para la ciudad.

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