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Sábado 04 de Abril de 2015

Combatir prejuicios para construir una nueva pedagogía

No se puede esperar grandes cosas de los maestros si siguen siendo vistos como una profesión devaludada.

“No hay errores metodológicos; son errores ideológicos”. Cuando leí por primera vez esta cita de Paulo Freire fue un boquete de claridad. Y me vuelve a la mente muchas veces, frente a situaciones educativas, escolares, comunicacionales, de la vida cotidiana.
  Ciertamente: quienes pretenden formar docentes poniendo en el centro títulos, métodos, técnicas, sin penetrar en saberes, creencias, prejuicios, valores, actitudes, apenas llegan a rozar la coraza exterior. Si uno rasca un poco, el tufo de viejas ideologías puede ser mucho más fuerte que el de viejas teorías o métodos. Hay que remover la tierra para sembrar la semilla.
  El desprecio por los niños, por su saber, por su palabra, por su curiosidad, su imaginación y su capacidad natural para aprender, no se supera con talleres sobre la importancia del juego. La incomprensión de la infancia sigue siendo fenomenal entre padres de familia, maestros, políticos, adultos en general. Usar “infantil” como insulto es una de tantas muestras del irrespeto hacia los niños y sus derechos.
  El trato discriminatorio, hostil o condescendiente hacia niñas y mujeres no proviene del sótano de la mala pedagogía. Proviene en primer lugar del machismo que asuela a nuestras sociedades, en el hogar, en el sistema escolar, en el lugar de trabajo, en la participación social, en la vida política. Mientras no lo encaremos de frente y de raíz, no habrán dispositivos de “equidad de género” que funcionen.

Lidiar con el racismo. Al maestro o maestra que trata a un estudiante indígena como a un retardado mental, no le falta actualización pedagógica. Lo que le falta, fundamentalmente, es conocimiento, respeto y empatía respecto del mundo indígena, sus lenguas, culturas y saberes. Lidiar con el racismo implica combatirlo no solo en el ámbito escolar sino en toda la sociedad. No basta con ofrecer algo llamado “educación intercultural” o pulir métodos y técnicas de enseñanza.
  La desatención y el maltrato hacia las personas mayores tiene una fuerte dosis de desconocimiento y de prejuicio en torno a la edad. Los modelos de trato a los viejos se forjan en la familia y las relaciones familiares, antes que en el estudio. Igual que el trato hacia las personas con algún tipo de discapacidad.
  La dificultad de los maestros para incorporar a las familias y a la comunidad no solo a la vida escolar sino a la cultura pedagógica tiene una larga historia y muchas explicaciones. La retórica del cambio no alcanza para romper con la imagen del maestro autosuficiente, de la escuela-bunker, del conocimiento como monopolio escolar.
  El desprecio hacia los maestros/docentes /educadores no se camufla con talleres de capacitación, con becas, con incentivos, con aumentos de sueldo. No puede esperarse grandes cosas de los maestros si siguen siendo vistos como una profesión devaluada y un oficio rutinario, como sujetos subordinados que no merecen valoración ni autonomía ni confianza. Sigue siendo sorprendente la ignorancia social en torno a las complejidades de la enseñanza y del aprendizaje.

creencias. “Poner al alumno en el centro” se dice fácil pero se hace muy difícil. Porque contraría la ideología que coloca al adulto por encima del niño, al docente por encima del alumno, al que “sabe” por encima del que “no sabe”. El paso del “profesor al facilitador” es un auténtico harakiri y por eso asombra la simpleza con que suele manejarse, como si fuese asunto de decálogos, consignas, pasos metodológicos.
  La educación reducida a educación escolar, la idea de que el cambio educativo puede darse “de arriba a abajo” y “de afuera hacia adentro”, que no es necesario que la gente participe, que más es mejor (más inversión, más tiempo, más pruebas, más capacitación, más títulos, etc.), que la evaluación automáticamente “mejora la calidad”, que buen alumno es el que saca buenas notas, que lo que importa es cuánto se invierte, que hay que empezar la escuela cuanto antes, que escolarizado es lo mismo que educado, que el juego es solo para los niños pequeños, que enseñar es hablar y aprender repetir, que la repetición escolar está bien, que las tecnologías vendrán a resolver todos los problemas... son algunas de tantas viejas y nuevas creencias resistentes a la investigación, al conocimiento científico, a a la evidencia empírica y hasta al sentido común.
  Combatir prejuicios y comportamientos violatorios de los derechos humanos, y quebrar sistemáticamente la vieja ideología educativa, es fundamental para construir una nueva pedagogía para una nueva educación.

  (*) Artículo publicado en el blog otra-educacion.blogspot.com y reproducido con autorización de la autora. El título original es “No hay errores metodológicos; son errores ideológicos”.

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