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Domingo, 18 de diciembre de 201114:54 | Opinión

El palo y las astillas

Antonio Bonfatti termina su primera semana al frente de la Gobernación santafesina tratando de demostrar que él no es Hermes Binner. Ni mejor ni peor, distinto. Mónica Fein, tras el sorpresivo pedido de delegación de facultades al Concejo Municipal, convoca al diálogo y trata de ir haciendo pesar poco a poco su figura más allá o más acá de la tonelada de votos con la que Miguel Lifschitz terminó su gestión.

Por Mauricio Maronna / La Capital

Antonio Bonfatti termina su primera semana al frente de la Gobernación santafesina tratando de demostrar que él no es Hermes Binner. Ni mejor ni peor, distinto. Mónica Fein, tras el sorpresivo pedido de delegación de facultades al Concejo Municipal, convoca al diálogo y trata de ir haciendo pesar poco a poco su figura más allá o más acá de la tonelada de votos con la que Miguel Lifschitz terminó su gestión. Cristina Fernández de Kirchner inició su segundo mandato con la amenaza de un profundo talón de parte de un aliado trascendente, el jefe de la CGT, Hugo Moyano.

Las postales de los primeros siete días desde el recambio en el poder (que en el caso de la jefa del Estado es continuidad) ejemplifica con los gestos, los posicionamientos y hasta con los silencios, que el futuro inmediato no estará tallado por los movimientos políticos sino por la economía. Y en relación a ese puerto es que navegan las autoridades provinciales y nacionales.

Bonfatti, hiperactivo. No resultó casual que la primera hoja de la agenda de Bonfatti estuviese dedicada a la CGT santafesina: las paritarias, los reclamos salariales en la grilla del Estado, ameritan buenas relaciones para evitar cualquier desmadre. La reunión posterior entre el nuevo ministro de Gobierno, Rubén Galassi, con el presidente de la Cámara de Diputados, Luis Rubeo, transita por la cuerda paralela que la Casa Gris deberá armonizar. La relación con el peronismo legislativo será clave para que el Frente Progresista camine sin complejos durante los primeros meses de Bonfatti en la cúspide del poder provincial.

Los nuevos tiempos por los que debería transitar la política santafesina quedaron graficados como en una oblea durante la cena de despedida de 2011 organizada por la Fundación Libertad, un enclave que reúne a empresarios y dirigentes que comulgan con el ideario de la libre empresa y se sitúan políticamente en la centroderecha. El jueves, entre exquisitos platos, Fein, Bonfatti y Binner coincidieron en la misma mesa con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, y su delfín en la provincia, Miguel Del Sel.

"Confianza", "consenso", "madurez política" y "diálogo" fueron las palabras que brotaron con más énfasis a la hora de los discursos, sabedores estos dirigentes que nadie está en condiciones de tirar manteca al techo por sí solo en la vereda de la oposición nacional.

El heredero. Bonfatti necesita posicionarse con luz propia en un firmamento en que la figura de Binner talló muy fuertemente. El ex candidato presidencial se fue del gobierno santafesino con una alta imagen pública y marcó con su estilo una forma de hacer política de características imposibles de repetir en otro dirigente. El sucesor al frente de la Gobernación es visto en el propio socialismo como más "consensual", aunque el inédito panorama de tener al peronismo dominando las dos Cámaras legislativas fuerza a que ese perfil sea el que predomine.

La idea madre del socialismo en torno a reformar la Constitución provincial encontró algunas piedras en el zapato a poco de iniciar la caminata, como se refleja en la nota de apertura de la Sección Política de hoy (ver página 22). Progresar en esa historia demandará horas de conciliábulos, litros de café y muchos lápices afilados. La oportunidad de la modificación de la Carta Magna debería llegar en 2012 o —a más tardar— en 2014, años en que la agenda electoral está despejada.

Las batallas de Fein. En Rosario, Fein comenzó su tarea con mucho ruido de fondo por la decisión de solicitarle al Concejo Municipal la delegación de poderes, una cuestión que no quedó debidamente aclarada si se tiene en cuenta que, hoy por hoy, el municipio no soporta ninguna situación de crisis extrema que amerite esa cesión de derechos respecto a un tema que ronronea desde hace décadas: el aumento en las tarifas del transporte.

Al margen, de colores políticos primarios, la Legislatura y el Concejo muestran un aquelarre de subgrupos, multitud de bloques fragmentados e intereses dispersos más allá de que arribaron los ediles y los diputados en listas comunes. Las elecciones primarias, al fin, no parecieron cumplir con el objetivo de máxima: terminar de una buena vez con el internismo. Atento al estado actual de las cosas, podría decirse que se potenció el divisionismo en la bota santafesina.

El carril de Moyano. La implosión del peso de la oposición en Rosario y Santa Fe no logra el mismo correlato a nivel nacional, donde esta semana quedó en evidencia lo que se lucubraba en los análisis teóricos. La mayor preocupación para el gobierno no está en el difuso andarivel de los opositores al peronismo sino en el propio carril, por el que ahora transita Hugo Moyano.

Moyano trata de definir por estas horas si su futuro político seguirá en paralelo con la tarea gremial de secretario general de la CGT o si le da forma definitiva al proyecto de crear su propia agrupación: el Partido Laborista.

Blanco y negro. En su tarea por mantener masa crítica desde la sociedad, a Cristina Fernández de Kirchner le favorecen los desafíos del líder camionero, quien no goza de crédito entre la mayoría de las clases medias.

Sin embargo, sí preocupa al kirchnerismo que desde el movimiento sindical se conforme una cabecera de playa para que puedan desembarcar sectores justicialistas que no abonan al micromundo de la Casa Rosada.

El decálogo de protestas y reclamos que Moyano le presentó al gobierno nacional es la pulimentada comprobación de que la astilla para Cristina vendrá de lo que alguna vez estuvo en el mismo palo.

 

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