Ese maldito aparatito
A duras penas, me resisto. Todavía sigo empecinado en prescindir de un teléfono celular. Pude vencer la tentación a fuerza de una terquedad que se fue...
A duras penas, me resisto. Todavía sigo empecinado en prescindir de un teléfono celular. Pude vencer la tentación a fuerza de una terquedad que se fue quedando sin argumentos. Una de las pocas justificaciones que me quedan es que no quiero entrar en la carrera desenfrenada por la actualización constante para no perderle el ritmo a los avances tecnológicos, pero la verdad es que no creo poder aguantar mucho tiempo más sin ese maldito aparatito. Los celulares se convirtieron en dispositivos mágicos, capaces de casi todo, juguetes irresistibles a precios cada vez más accesibles. Y lo cierto es que mi porfía me está dejando afuera de buena parte de las novedades informáticas.
Los teléfonos móviles siempre fueron un símbolo de estatus social. Hace poco más de veinte años para tener un celular había que desembolsar 3.995 dólares. Y los felices poseedores de tamaña joya tecnológica podían presumir de un "ladrillo" de casi un kilo, 33 centímetros de largo y casi nueve de ancho, con una batería que se agotaba con una hora de uso y una calidad de audio bastante pobre. Era el Motorola DynaTAC, que Martin Cooper creó inspirado en el comunicador que el Capitán Kirk usaba desde la nave Enterprise.
En los 90 pasó lo que tenía que pasar: aparecieron modelos cada vez más baratos y más pequeños. A medida que el uso del celular se popularizaba el tamaño decrecía en relación a la capacidad adquisitiva. Otra vez el estatus social: aquellos que hablaban con el teléfono escondido bajo la palma de la mano eran quienes despertaban la envidia del resto de los mortales.
Recuerdo haberme sorprendido la primera vez que encontré a alguien hablando por celular en un colectivo. ¿Tiene plata para un teléfono así y viaja en ómnibus? La pregunta hoy parece un chiste de alguien perdido en el tiempo.
Llegaron los mensajitos de texto y los celulares volvieron a crecer. Y a medida que aumentaron de tamaño ganaron en prestaciones. Resulta imposible hacer una lista completa de las capacidades de los teléfonos móviles: reproducir música, sacar fotos en alta definición, jugar videojuegos, navegar por internet, ver videos, mapas, libros, editar imágenes, interactuar en redes sociales, comprar en línea, usar realidad aumentada, conversores de monedas y medidas, agendas, traductores instantáneos, aplicaciones educativas y para deportistas, geolocalización (GPS), consultar el clima y la ubicación de un vuelo en tiempo real, medir ángulos, distancias y alturas... y hablar por teléfono.
El universo de dispositivos móviles es cada vez mayor, pero la practicidad de llevar todo en el celular es incomparable. Y la línea histórica del avance de los teléfonos móviles tiene poco más de dos décadas. ¿Qué se puede esperar de los celulares del futuro? Pantallas con sensores de movimiento, televisión en 3D, fabricación en materiales flexibles, integración con otros dispositivos y electrodomésticos, proyecciones holográficas y prestaciones inimaginables que hoy parecen un chiste. ¿Teletransportación? No, eso solamente ocurría en la nave Enterprise...
¿Qué estoy esperando para comprar un celular? Decidirme de una buena vez por uno de los cientos modelos del mercado. Que en un par de años serán totalmente obsoletos.


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Comentarios (1)
24/06/2012
17:41