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Miércoles, 05 de septiembre de 2012  12:18 | Opinión

Realidad pura

En una ciudad donde motochorros y arrebatadores callejeros golpean varias veces al día y los asaltos en la vía pública se multiplican incluso por encima de lo que registran las estadísticas policiales no tendría por qué resultar extraño que alguna vez le tocara ser víctima de ellos a una figura pública, incluso si se trata de la intendenta.

Por Jorge Salum / La Capital

En una ciudad donde motochorros y arrebatadores callejeros golpean varias veces al día y los asaltos en la vía pública se multiplican incluso por encima de lo que registran las estadísticas policiales no tendría por qué resultar extraño que alguna vez le tocara ser víctima de ellos a una figura pública, incluso si se trata de la intendenta. Que alguna vez le robaran a Mónica Fein en un semáforo era tan probable como que asaltaran a cualquier otro rosarino. Y sucedió, como le sucede a tantos.

Pero el hecho de que la jefa política de la ciudad resulte víctima de una de las modalidades más difundidas del delito callejero de estos días tiene efectos muy distintos que los que provoca cuando le ocurre a un ciudadano anónimo, entre otras razones porque blanquea algo que le sucede a muchos y que desde el Estado provincial se relativiza.

Cuando un motochorro o un arrebatador se llevan una cartera o un maletín no sólo roban algo material. También dejan secuelas entre sus víctimas. El miedo es una de ellas. También los trastornos que se derivan de la desaparición de una tarjeta de crédito, un DNI o las llaves de una casa. A la gente le ocurre a diario, pero cuando le toca a alguien como a Fein la desazón y el temor que deja como estela un episodio así quedan aún mejor expuestos.

Un hecho de inseguridad como éste no debe politizarse con discursos fáciles y demagógicos, por fácil que resulte. Tampoco debería servirles a las autoridades provinciales para excusarse de su responsabilidad en la construcción de una sociedad más segura sólo porque opositores y oportunistas vayan a utilizar este episodio para desacreditarlas.

La discusión sobre si hay inseguridad o se exagera (aquello de la "sensación") sólo dilata la solución al problema. Y eso es lo que ocurre desde hace demasiado tiempo.

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