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Viernes, 12 de abril de 2013  01:00 | Opinión

Charlas de Candi - Viernes 12

El relato de Rita Cerana de ayer, la mamá de Flor Staffieri, originó muchas emociones, muchos comentarios.

—El relato de Rita Cerana de ayer, la mamá de Flor Staffieri, originó muchas emociones, muchos comentarios. Leí en Facebook el texto de un señor que decía que a Rita “le debe haber costado mucho compartir éste testimonio de vida con nosotros, yo al leerlo no hice más que llorar. Me imagino a Rita escribiendo (...) al resto de los que leemos estas líneas, les pido, “donemos vida” hagámonos donantes de médula, para que la pérdida de gente como Flor no sea en vano”.

—Desde luego que coincido con lo que dice este amigo y me atrevería a añadir algo: la desaparición física de Flor (y reitero el concepto de desaparición física), jamás podrá ser en vano. Esta chica ha dejado huellas indelebles en muchas personas entre las que me encuentro. Me disculparán que no pueda contar algunas cuestiones que pasaron por mi cabeza durante la enfermedad y muerte de Florencia; que no narre incluso algunos hechos que son importantes para mí y que tienen que ver con la historia de Florencia. Puedo decir solamente una cosa: “Florencia me donó vida, y me la sigue donando”. Muchas personas, sin saberlo, me ayudan a andar este camino, este peregrinar, me muestran con sus actitudes la verdad. Gente que aun sufriendo tienen una sonrisa, una mano tendida.

—Esta columna es mérito de esas personas que hacen algo importante en la vida, que dejan una marca para que los demás no perdamos el rumbo, no nos salgamos del camino. Yo, la verdad, lo único que hago es reflejar la maravillosa historia de otros y a veces contar ciertas vivencias personales. Los escritos de Candi, casi siempre están basados en historia reales, como la historia de Florencia. El texto de Rita Cerana ha sido importantísimo y ojalá haya ayudado a despertar a muchas personas, a salir de ese microclima engañoso, falso y a menudo peligroso en el que solemos pasar nuestras vidas, caracterizado por la veneración a lo vano. La verdad pasa por otro lado, amigos míos. Quiero decirle a Rita ¡gracias por haberme permitido dar su testimonio! Y decir a los lectores lo que me dijo ayer a la tarde mi amigo Mario en un bar de la ciudad: ¡esa chica (por Flor) no ha muerto, pues mueren sólo los que son olvidados! (y los mal recordados, añadiría) Los seres mueren, amigos, cuando los que quedamos no somos capaces de honrarlos con el verdadero sentido de la vida, cuando somos incapaces de escuchar con los oídos del espíritu.

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