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Viernes 09 de Marzo de 2012

Cómo juegan los proyectos de vida en la elección de una carrera

Una educadora afirma que es bueno orientar a los chicos a decidirse por lo que “les permitirá desarrollar a pleno sus capacidades”  

¿Proyectos de vida y elección de una carrera van siempre de la mano? “No siempre”, dice la educadora Alicia Pintus, y agrega que el mejor consejo que se le puede dar a un adolescente que está buscando qué estudiar es decirle “que elija algo donde podrá desarrollar a pleno sus capacidades, donde se sentirá contento haciendo su trabajo”. El testimonio de cuatro jóvenes que ya se inclinaron por lo que más les apasiona hacer.

Joaquín tiene apenas 17 años, este año arranca con la licenciatura en biotecnología, dice que “ya se ve biotecnólogo” y “trabajando muy feliz”. Emilio, de 18, afirma “que le encantaría vivir la vida que lleva un arquitecto”. Sol, de 23 y apunto de recibirse de maestra, confiesa que se fascina de sólo pensar en el momento mágico que es el aprendizaje y María Laura, de 18 y que este año empieza psicopedagogía asegura que no puede pensar en volcar tantos años de estudios en una carrera sin tener ningún proyecto que la entusiasme. Los cuatro han elegido las carreras que les atraen, donde vuelcan sus planes de vida y empiezan a transitar de a poco sus profesiones. Sin embargo no siempre la decisión por un estudio está unida a los deseos y preferencias personales.

Sintonía compleja. Alicia Pintus, supervisora del Servicio Provincial de Enseñanza Privada (Spep) del nivel superior, profesora y licenciada en filosofía, en charla con La Capital, analiza las distintas aristas que a veces vuelven tan complejo poner en sintonía la elección de una carrera con los proyectos de vida.

“Por un lado —explica— hay una gran diversidad para elegir, ya no son únicamente las carreras no tradicionales entre las que disponíamos los que hemos sido jóvenes en los 70; y, por otro lado, algunos se enfrentan a una situación bastante paradojal que no sabe si va a tener trabajo digan lo digan”.

Para Pintus esto genera una “tensión fuerte” que se manifiesta en interrogantes como: “¿Invierto mucho o poco tiempo en el estudio? ¿Algo me garantiza que voy a tener trabajo?”. A los que se suman, dice la especialista, la facilidad de acceder al éxito salteando los libros. Esto lo explica así: “Ciertos programas de televisión, de entretenimiento, venden la idea de que todo se logra sin esfuerzo, que es una cuestión azarosa, de éxitos que no se sabe muy bien si vienen de cualidades personales pero seguro no viene del esfuerzo del estudio”.

La educadora se lamenta de que haya padres que también sostienen esta creencia y actúan en consecuencia sobre las decisiones de los hijos. Para el caso menciona aquellos que entusiasman a los hijos a cambiar la escuela por el fútbol. “No valoran como lo hacían nuestros padres o abuelos que la escuela era un instrumento de movilidad social, que si querías progresar tenías que estudiar, porque no era sacándote la lotería o yendo a «Bailando por un sueño», donde se iba a progresar. El estudio era a lo mejor lo único que ellos te podían dejar de herencia”.

Papel de los adultos. Por eso —continúa Pintus— no siempre van unidos los planes personales con la decisión por una formación. “Es que no siempre los adultos que son significativos y pueden orientar al joven, al adolescente, los llevan a elegir lo que les permitirá desarrollarse o producir placer”, dice y añade: “En eso muchas veces tenemos que asumir la responsabilidad que tenemos como adultos sobre de qué manera nosotros preparamos para que el otro entienda que las horas que le va a dedicar de su vida a su trabajo son muchas, y que van a formar parte de su identidad personal”.

Valioso consejo. La profesora recurre a su propia experiencia personal para graficar esta idea: “Cuando yo tenía que elegir, y elegí filosofía, mi mamá quería que siguiera una carrera «decente» como ciencias económicas; y mi viejo que era electricista, y muy bohemio, me decía que nunca había paga suficiente si el trabajo que uno hacía no le gustaba. Y la verdad es que con los años valoré ese consejo. No sé si hoy decimos eso a los más jóvenes: que elija algo donde va a poder desarrollar a pleno sus capacidades, donde se van a sentir contentos haciendo su trabajo”.

Por eso —concluye la profesora— a los chicos que están por decidirse por una carrera “hay que invitarlos a pensar qué cosas les gustan y qué cosas disfrutan más, porque cuando uno es todavía un adolescente y está descubriendo qué va a ser de su vida, también tiene que descubrir qué le gusta hacer”.

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