Edición Impresa
Sábado 18 de Abril de 2009

Cómo enseñar sobre el Golpe

La temática del Golpe del 76, que cobra relieve cada 24 de marzo, “puede trabajarse con chicos de distintas edades”, señala Samanta Salvatori, socióloga y docente de la Universidad Nacional de La Plata. La investigadoras es, junto a Sandra Raggio, autora del libro "La última dictadura militar en la Argentina. Entre el pasado y el presente", de Homo Sapiens Ediciones. El texto analiza cómo trabajr la enseñanza de la memoria y la historia reciente en el aula.  

En diálogo con La Capital, la investigadora dice que durante estos últimos años “los debates que se han dado en los ámbitos académicos, políticos y en la sociedad en general han impactado en las escuelas”, aunque también plantea el caso de “directivos que no están de acuerdo que los docentes trabajen el tema en el aula y éstos lo hacen igual, o docentes que no se integran a propuestas iniciadas desde la dirección”.

Pese al debate abierto en los últimos años en torno a la memoria y dictadura, sigue habiendo resistencia en muchas escuelas para abordar este tema. ¿A qué atribuye estas restricciones?

Es cierto que existen resistencias pero no podemos hacer generalizaciones, no en todas las escuelas e instituciones educativas los docentes y alumnos se niegan o sienten desinterés en debatir sobre el pasado reciente. Y teniendo una mirada más positiva creo que el recorrido que han realizado los organismos de derechos humanos durante muchos años viene dando sus frutos, y las políticas desde el Estado sobre este tema han abierto el espacio para formalizar el trabajo de la última dictadura militar en el aula. En la Comisión por la Memoria de Buenos Aires se desarrolla el programa Jóvenes y Memoria donde participan docentes y alumnos de toda provincia. El programa se lanzó en 2002, y en ese año participaron 25 escuelas. En estos días estamos cerrando la inscripción del 2009 y ya se anotaron 300 escuelas, que implica la participación de más de 500 docentes y alrededor de 5 mil chicos. Hay otras experiencias que se llevaron adelante justamente en Rosario, también programas y actividades en Córdoba, Río Negro, Chubut, Chaco y Entre Ríos. Durante estos últimos años los debates que se han dado en los ámbitos académicos, políticos y en la sociedad en general han impactado en las escuelas. Ahora bien, existen resistencias porque justamente la dictadura militar ha destruido muchos de los espacios de participación política. La dictadura atravesó la escuela y esas vivencias siguen configurando conflictos, tensiones y silencios. Y la resistencia a trabajar el tema en el aula o el silencio tiene que ver con los conflictos en torno a los significados que se atribuyen a la experiencia dictatorial.

¿Considera que los nuevos docentes poseen las herramientas necesarias para dictar estos temas?

Muchos han vivido la dictadura y desde su propia experiencia reflexionan sobre el tema con los chicos, incluso en algunos casos esta experiencia es el motor para la transmisión y construcción de la memoria desde el aula. Sobre las nuevas generaciones de docentes jóvenes que no vivieron la dictadura, sí podemos decir que encuentran dificultades para su abordaje y para muchos es un tema poco transitado. Si pensamos en cuestiones más particulares como la violencia política, temas justamente que no logran ser debatidos profundamente en los ámbitos académicos y en la sociedad en general, resulta aún más complicado elaborar una propuesta para el aula, no sólo para los nuevos docentes sino para quienes ya tienen experiencia en el tema. Con respecto a la formación de los docentes, es una cuestión que poco a poco se está transformando. Recién es en el 2006 que se incluye en el currículo la construcción de la memoria colectiva sobre el Terrorismo de Estado, esto es muy reciente e implica todavía mucho trabajo por hacer. Una cuestión interesante a tener en cuenta es que estas nuevas generaciones de docentes _quienes “no la vivieron”_ imprimen a este pasado y a la elaboración de la memoria de otras preguntas, otros sentidos que tienen que ver con sus propios intereses y su propia experiencia. Y esto tiene que ver con el concepto de una memoria dinámica, una mirada sobre el pasado de la dictadura militar en clave con las problemáticas de nuestro presente. Acercar al pasado preguntas, inquietudes, significados del hoy permite no la solo comprender ese tiempo pretérito sino también la apropiación del mismo.

¿Cree que esta temática puede trabajarse con chicos de todas las edades?

Puede abordarse con chicos de distintas edades, siempre distinguiendo que no es lo mismo diagramar una clase o una actividad con chicos de 7 que con chicos de 15 años. Con los más pequeños podemos trabajar sobre todo en los sentidos y significado de ciertos valores, sentimientos, el rol de las instituciones, teniendo en cuenta no subestimar su capacidad cognitiva, que en muchos casos sucede. En los más grandes interviene la comprensión y elaboración de un relato histórico, la interpretación de diferentes discursos y miradas elaboradas sobre el pasado, la posibilidad de indagar en las múltiples perspectivas sobre el tema. En las propuestas resulta interesante poder llevar adelante una apertura hacia lo creativo, que los chicos puedan elaborar una lectura propia de ese pasado a partir del acto creativo, apuntando a lo que plateaba antes de la apropiación, que se constituyan como sujetos de la historia, hacedores de memoria, como parte constitutiva de la propia identidad.

¿Cómo se puede conjugar la necesidad de tratar estos temas en el aula con padres o directivos que planten reparos a que la escuela aborde estos temas?

De hecho sucede. En muchas escuelas hay directivos que no están de acuerdo que los docentes trabajen el tema en el aula y éstos lo hacen igual, o docentes que no se integran a propuestas iniciadas desde la dirección. O pares que opinan diferente y son evasivos, e incluso padres que son reticentes. Pero los chicos investigan y preguntan igual. No podemos negar que a partir de la experiencia de la última dictadura militar el miedo se instaló en la subjetividad colectiva y hasta puede condicionar la participación política. Pero sería interesante reflexionar cómo operan estos miedos heredados en los jóvenes, cuáles son los temores del presente, cómo impacta el silencio transmitido por los adultos. De esto se trata vivir en democracia, aceptar las tensiones que existen en una misma institución, las diferentes iniciativas, experiencias y opiniones. Y las comunidades educativas están atravesadas por las disputas que se dan en el proceso de construcción la memoria colectiva, al igual que en otros ámbitos como el arte, los medios de comunicación, los tribunales y el cine. 

 

Comentarios