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Sábado 15 de Junio de 2013

Clases, comedor, violencias y arreglos edilicios, todo en la agenda directiva

¿Cómo es enseñar en contextos de marginalidad? El testimonio de la directora de la Escuela 660, Andrea Berrone.

Garantizar que los chicos aprendan, atender el comedor escolar, pelear precios con los proveedores, buscar presupuestos para arreglar un sistema eléctrico que no funciona (y rogar que el Ministerio de Educación lo apruebe a tiempo para que no pierda vigencia), intentar resolver los distintos problemas de violencias que se manifiestan en la escuela, completar planillas estadísticas (y rezar para que no se caiga internet), establecer lazos de trabajo con la comunidad y darse tiempo para escuchar las penurias de la infancia. Esta son apenas algunas de las tareas que la directora de la Escuela Nº 660 (Biedma al 5200), Andrea Berrone, asume a diario en una zona donde las necesidades están a la vista. Su tarea no difiere de tantas otras directoras que encaran similares desafíos. ¿Cómo es enseñar en contextos de marginalidad?

En un barrio de casas construidas de a poco, con mucho esfuerzo, y a pocos metros de la villa que se extiende a los costados de la vía del ferrocarril, está la Primaria Nº 660 Francisco Laprida. Asisten 800 chicos, la mayoría de condición social muy humilde. También funciona el Jardín 249, y por la noche una Eempa y un centro de capacitación.

Desde hace 6 años Andrea Berrone es la directora de esta primaria. Pero lleva más de 30 años trabajando en la docencia. "Siempre trabajé en escuelas con otras características, sabía de la existencia de algunas problemáticas diferentes, pero realmente se conoce de qué se trata cuando lo vivís", confiesa y asegura: "Quien hace terreno, quien puede registrar las penurias, el sufrimiento de varias familias enteras, puede comprender mejor esta realidad".

"No hay noche de frío —continúa— que no se me pase Vía Honda (el barrio) por mi cabeza. No hay noche de viento o de lluvia que no piense que mis alumnos se mojan porque la chapa está rota. Es imposible desprenderse".

Trabajo comunitario. Una canción de cumbia acompaña la charla, también el ruido infinito de una perforadora que trabaja en el patio interno a la escuela y por si fuera poco comienza el recreo. Eso es cotidiano, constante, por eso Andrea Berrone sigue su conversación como si nada ocurriera alrededor. En el medio se hace un silencio prolongado, lo suficiente para detectar en esa maraña de ruidos y sonidos de fondo una pelea entre chicos. Y no lo duda, deja la entrevista y se da un tiempo para intervenir y ponerle fin a lo que avecina como una disputa interminable.

Una de las primeras tareas que cuenta se dio desde los inicios fue establecer contactos, lazos de trabajos con la comunidad. Para ello acudió a los referentes barriales y algunas dependencias municipales, sobre todo aquellas que trabajan con la niñez, para que la labor de la escuela se sostenga, se apoyen en lo comunitario y en lo social. Entre esos logros menciona haber recuperado una canchita de fútbol para los chicos. Y reconoce que sostener esas redes no es simple ni siempre se da de la misma manera.

Está convencida que mucho más se podría hacer si las escuelas contaran con el apoyo y acompañamiento necesarios: "El sistema educativo es perverso, porque si bien hay leyes de equidad, de igualdad de posibilidades, de aceptación por las diferencias, de inclusión, de respeto a los derechos a los niños, con las que acordamos plenamente, la escuela sola no puede resolver todo. De alguna manera esperamos estar avaladas, acompañadas en nuestro accionar diario por otros estamentos".

Andrea Berrone no pasa inadvertida. Además de su largo cabello muy claro, no ahorra en abrazos y gestos cuando va de un lugar a otro por la escuela. Y cuando parece que va a gritar, contiene su voz, busca las mejores palabras y extiende las manos para invitar a conversar.

"Desde hace unos años tengo un marcapasos. Me doy tiempo para salir a correr e ir al gimnasio. Es el tiempo que me doy para mí", se justifica como si hiciera falta.

Dice que la desvela saber que "tiene los salones justos". "Si pasa algún problema (de infraestructura) tengo que juntar a los chicos", describe. En ese relato nombra a un salón "al que le llueve caca, por unos baños mal construidos hace 10 años y que nunca se arreglaron bien". "Ahora estamos esperando la plata, que no es mucha, para ponerlo en condiciones", agrega.

Comedor. Una buena parte del día se la lleva la atención del comedor escolar. Lo primero que resalta es el trabajo en conjunto que hace con la ecónoma y los asistentes que trabajan allí. De los 800 alumnos, la mayoría almuerza en la escuela, pero además se preparan raciones para otras cinco instituciones de la zona, en total más de 1.200 diarias.

"Para la copa de leche recibo (de la provincia) 0,90 pesos por chico, y para la comida 2,85 pesos. De Nación envían lo que se llama el Refuerzo Nutricional, pero no llega siempre, ni todos los meses, ahora estamos cobrando lo del año pasado. Cuando lo tenemos, las cosas mejoran y las copas de leche son con leche y cacao, cuando las vacas están flacas, hacemos mate cocido, porque prefiero que coman algo en el desayuno. Muchos chicos no comen por la noche y su última comida es la del comedor", describe sobre lo que ya es moneda corriente, aquí y en otras escuelas.

Recuerda que cuando asumió la ministra de Educación Elida Rasino había prometido —con distintos proyectos, como el de "Sabores y saberes"— separar la tarea pedagógica de la atención del comedor. Pero nada de eso pasó. "El comedor es la realidad que nos toca, que asumimos con responsabilidad, pero que tendría que estar separado de la tarea de la escuela, para que se diferencien educación y comida", considera la directora sobre un pedido viejo y conocido.

"Yo peleo junto con la ecónoma para que los niños coman lo mejor que puedan comer", dice y relata varias anécdotas de cómo se las ingenia para conseguir los mejores precios de mercadería, obligando a los proveedores a bajar los costos.

Tiempo de enseñar. ¿Y qué espacio queda para la atención de lo estrictamente pedagógico? "Me apoyo en los vicedirectores, en los docentes y nos ocupamos muchísimo de este aspecto", manifiesta y enumera distintos proyectos que se implementan en las clases y que van desde posibilitarles a los chicos "hablar, expresar sus emociones, hasta el fortalecimiento de los trayectos educativos".

Al final de la charla, tiene varias expresiones de deseo, para su escuela y la educación en general: "Quisiera que la ley coincida con la realidad, que estemos acompañados por otras instituciones para hacer valer los derechos de la niñez y que no exista un solo niño comprando y vendiendo droga. Siento que no hay cuidado de la infancia y que las escuelas dan manotazos de ahogado. Necesitamos gabinetes de profesionales, una estructura edilicia agradable a la vista, para que los niños vengan y vean una escuela alegre que difiera de la realidad que viven, para marcar la diferencia".

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