Edición Impresa
Miércoles 15 de Abril de 2009

Ciudad futura

¿Cómo será la ciudad del 2018? El próximo 29 de abril Rosario anunciará su Plan Estratégico para los próximos diez años. Una excelente oportunidad para que todos los sectores (funcionarios, políticos –oficialistas y opositores-, empresarios y organizaciones civiles) se comprometan a trabajar por un desarrollo que haga hincapié fundamentalmente en la integración y la equidad. Como la mayoría de las grandes urbes de Latinoamérica, Rosario es una ciudad muy compleja. En ella conviven la riqueza y la miseria; las imponentes torres de lujo junto a las calles que aún tienen zanjas; los shoppings y ahora el dengue...

¿Cómo será la ciudad del 2018? El próximo 29 de abril Rosario anunciará su Plan Estratégico para los próximos diez años. Y es una excelente oportunidad para que todos los sectores (funcionarios, políticos –oficialistas y opositores-, empresarios y organizaciones civiles) se comprometan a trabajar por un desarrollo que haga hincapié fundamentalmente en la integración y la equidad. Como la mayoría de las grandes urbes de Latinoamérica, Rosario es una ciudad muy compleja. En ella conviven la riqueza y la miseria; las imponentes torres con comodidades de lujo junto a las calles que aún tienen zanjas; los shoppings y ahora el dengue. Así estamos. Esa es la contraditoria postal de la ciudad en la que vivimos.

Durante la dictadura militar en Brasil, el economista Edmar Bacha –que llegaría a presidente del Banco Central en democracia– apodó a su país con el nombre imaginario de “Belíndia” . Se refería a una sociedad polarizada en que unos sectores obtienen ingresos como si vivieran en Bélgica y otros deben conformarse con sumas que tienen más que ver con India, una de las naciones más pobres del planeta, y que continúa siéndolo pese a su gran desarrollo en la última década. Con matices, en Argentina, y en consecuencia en Rosario, ocurre lo mismo.

Hasta principios de la década del 70, la Argentina se jactaba de ser una sociedad con una extensa clase media, una distribución del ingreso similar a la de los países desarrollados y bajos niveles de pobreza. Más de tres décadas después este panorama ha cambiado radicalmente, dando lugar a una sociedad fragmentada, desigual y fuertemente polarizada.

Así, y haciendo un paralelismo con Belindia, a Rosario la podríamos bautizar con el nombre de Barcecuta (suena mejor que Calculona), una mezcla de Barcelona y Calcuta. Pero, y hay que reconocerlo, en las dos últimas décadas mucho han hecho las gestiones municipales de Cavallero, Binner y Lifschitz para amortiguar estas desigualdades estructurales. La sólida política de salud pública municipal, el Plan Hábitat (de reurbanización de villas miserias), la ampliación y cuidado de los espacios públicos son algunos ejemplos en este sentido.

Si se le pregunta a los habitantes de Rosario cómo sueñan la ciudad futura, la gran mayoría respondería que piensan en una Rosario más igualitaria, respetuosa y solidaria con todas las personas. Ese es el objetivo que debería primar en cada tema del nuevo Plan Estratégico de Rosario. Ese debería ser el gran desafío que deberíamos asumir todos si queremos vivir en una ciudad más armoniosa, segura y habitable.

Comentarios