Policiales
Domingo 24 de Julio de 2016

"Ciertos grupos usan la violencia para construir identidad y prestigio"

Eugenia Cozzi | Bío | Magister en Criminología de la Universidad Nacional del Litoral. Docente de la cátedra de Criminología y Control Social de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. Ex becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET).

En 2016, en el departamento La Capital de esta provincia se cometieron 82 crímenes. La mayoría de las víctimas tenían menos de 30 años y seis de ellos eran menores de edad. También son jóvenes los acusados o sospechosos de haber cometido esos asesinatos. Las cifras parecen repetir lo ocurrido en Santa Fe hace poco menos de una década, cuando los niveles de violencia letal ascendieron a cifras alarmantes a nivel nacional. Los móviles de los hechos también parecen reiterarse. Alguna vez los medios de comunicación los denominaron "ajustes de cuentas". Hubo incluso policías que decían que "se matan entre ellos", haciendo referencia a un submundo en el cual jóvenes que viven expulsados a los márgenes de la sociedad, en los sectores más pobres y vulnerables de las grandes ciudades, se quitan la vida en una eterna disputa por el prestigio y el territorio. Ese fenómeno fue estudiado por la magister en criminología Eugenia Cozzi, quien entre agosto de 2008 y diciembre de 2011 participó del proyecto "Intervención multiagencial para el abordaje del delito", desarrollado por la ex Secretaría de Seguridad Interior de la Nación y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Entonces se sumergió en el terreno y allí abordó la forma de regulación de la violencia lesiva entre esos jóvenes. Y hoy, cuando el tema vuelve a ser tapa de las páginas policiales ante el alza de los índices criminales, revive ese trabajo y da algunas pautas de cómo esos chicos generan sus vínculos y forman colectivos para construir identidades y prestigio.

—¿Con qué se encontró al entrar al territorio de estos jóvenes?

—Trabajé en dos barrios periféricos de la ciudad de Santa Fe en los cuales había altas tasas de homicidios y estaban claramente identificados dos grupos. Pero eso no es exclusivo de la capital provincial y bien puede replicarse en Rosario. En el contacto con esos grupos, lo primero que advertí fueron las formas en que construyen una violencia altamente lesiva y dan cuenta de un hacer cultural cargado de significación que pone de manifiesto tensiones resultantes de su posición en la estructura social. Entonces esos grupos aparecen como formas colectivas de construir identidad, prestigio y reconocimiento en un contexto de exclusión. Y su participación en esas situaciones está regulada por un extenso y complejo conjunto de reglas y códigos que ellos mismos establecen poniendo en evidencia criterios de legitimidad que permiten establecer cómo, dónde, cuándo, entre quiénes o contra quiénes se puede y se debe desplegar esa violencia.

—Habla en tus textos de juntas, clanes y broncas. ¿A qué se refiere?

—Esos son términos que los mismos jóvenes plantean y por eso los utilizo. La categoría de juntas tiene que ver con las formas en que los jóvenes definen sus agrupamientos. La junta es su grupo de amigos, con los que comparten diversas actividades, incluso las ilegales, y que van variando en su integración. Son los grupos que se juntan en la esquina, en la cortada, en la vía. Hablo de clanes cuando me refiero a los grupos que están más ligados por cuestiones parentales, distintas generaciones de una familia que, aunque no vivan en los mismos barrios, están en esos lugares junto a otros jóvenes sin grado de parentesco pero que se les suman. Y lo que surge como distintivo en ambos grupos es la presencia de las broncas, lo que para ellos significa la posibilidad efectiva de enfrentamientos armados entre grupos, entre los que ya ha habido intercambio de disparos o amenazas entre algunos de los integrantes por diversos motivos o en distintas situaciones.

—¿Y por qué surgen esas broncas que detonan en violencia?

—Generalmente por la violación a ese extenso y complejo conjunto de reglas o códigos que ellos han construido y que regulan de una forma inmediata. Aquí se puede hablar de los usos de la violencia relacionados a formas de solidaridad con el clan o la junta al enfrentarse con las broncas, reforzando de ese modo la pertenencia grupal. También hay una trama de obligaciones originadas en las relaciones de amistad y parentesco en esos grupos. En ese sentido no debemos dejar de lado la importancia que tiene para ellos defender el honor de la familia. O no robar en el barrio en el que viven ya que es una falta de respeto que trae problemas con los vecinos. Incluso el uso de la violencia letal está fuertemente relacionado con formas de diversión y entretenimiento en la búsqueda de emociones. Un espíritu aventurero inspira fuertemente a muchos de estos jóvenes.

—¿Que determina la ruptura de esos códigos? ¿Cómo reacciona la junta ante esa ruptura?

—Hay autores que sostienen que en las sociedades modernas coexisten mundos normativos plurales, definiciones favorables o desfavorables al delito, y en consecuencia se manifiestan conflictos normativos. En ese marco, algunas rupturas de estas reglas o códigos aparecen severamente sancionadas entre los mismos jóvenes, al menos discursivamente. De esa forma reafirman la legitimidad de esas reglas dentro del grupo del que forman parte. Es más, pareciera que la ruptura de estos códigos torna ilegítimo el despliegue de violencia y por lo tanto produce efectos contrarios a los buscados: es decir pérdida de prestigio, de poder y de respeto al interior del grupo. No obstante hay que reconocer que estos códigos o reglas son permanentemente traspasados y dichos incumplimientos son racionalizados a través de la construcción de nuevas justificaciones o motivos.

—¿Cómo se establece entre quiénes puede o debe ser ejercida la violencia?

—Aquí hay que hablar de diferentes criterios de victimización y para eso es necesario entender lo que algunos teóricos llaman técnica de neutralización o negación de la víctima, de la persona que merece sufrir el daño. En nuestro caso, entre quiénes está habilitado el despliegue de esta violencia letal que genera prestigio y reconocimiento, y entre quiénes no. Así, entre los primeros encontramos a los que "están en la joda", utilizada por los chicos para nombrar a los que andan a los tiros, los que andan en la calle largas horas sin hacer nada, los que salen a robar o participar de mercados ilegales. También está el despliegue de violencia en el hecho de "no achicarse" en situaciones calificadas como faltas de respeto a tus pares, que pueden ir desde el mirarte mal a hablar mal del otro. Y por otro lado están los códigos o reglas que les permiten discernir contra quiénes no está legitimado hacer ese despliegue, apareciendo así la idea de la víctima inocente. Aquí aparecen los integrantes de las propias juntas o clanes, situaciones que aparecen cuando ellos hablan de "desconocerse", muchas veces por estar "empastillados" o "amanecidos", y lo que ellos llaman "la gente decente", es decir vecinos que tienen un trabajo legal y una inserción social diferente.

—¿Y que pasa cuando las víctimas son esa gente "decente"?

—Hablamos de los terceros inocentes. Gente que vive en el barrio, o pasa por allí, que "no está en la joda" y tampoco integra la junta o el clan. Eso lo justifican afirmando que estaban en el lugar equivocado y en el momento equivocado, y ellos mismos saben que ese accionar será mirado distinto por la sociedad (la manera en que son representados por los medios de comunicación) y sus agencias estatales (la policía). En este marco, surge en los relatos de los chicos la idea de que se debe usar la menor fuerza posible y que ésta debe ser sólo en respuesta a una agresión o resistencia.

—Pero eso no siempre es así.

—Aquí yo vinculó la regulación de la fuerza en situaciones de robo con estudios sobre el delito juvenil. Y entonces aparece la desprofesionalización del delito juvenil a partir de los 90, acompañada de una cierta ruptura o transformación de códigos del delito tradicional y caracterizada entre otras cuestiones por el excesivo uso de violencia en esos hechos. Hay autores que hablan de "profesionalizados y novatos". Para los primeros la muerte de la víctima en situaciones de robo aparece como una posibilidad legítima, sobre todo cuando hay resistencia o contraataque. En cambio, para los novatos la muerte de la víctima no aparece como el último recurso sino más bien un accidente o momento de descontrol. No obstante, la utilización de la violencia letal en ocasión de robo aparece sumamente limitada y eso se refleja en las estadísticas sobre homicidios que muestran que son caso excepcionales. Lo que no quiere decir que en variadas ocasiones los pibes quiebren esos códigos y desplieguen violencia letal al momento de cometer robos.

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