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Domingo 14 de Agosto de 2016

Científicos revelan que el calentamiento libera virus y bacterias letales

El deshielo del permafrost en una región siberiana causó un brote de ántrax que mató a un niño y enfermó a otras 23 personas.

¿El cambio climático hará resurgir la viruela? Los recientes casos de ántrax en el extremo norte de Rusia revelan el peligro sanitario del deshielo del permafrost, la capa del suelo congelada que contiene virus dañinos, algunos desde hace milenios.

Los efectos del deshielo del permafrost para los modos de vida y los ecosistemas no son un misterio para nadie.

Los habitantes de la península de Yamal, a 2.500 kilómetros al nordeste de Moscú, lo han sufrido en carne propia: un niño de 12 años murió y otras 23 personas enfermaron en julio de carbunco (o ántrax) en Yamalo Nenets, un distrito autónomo de Siberia. Hacía 75 años que la enfermedad había desaparecido de la región.

Los científicos consideran que la reaparición se debe al descongelamiento de un cadáver de reno muerto por ántrax hace décadas. Una vez liberada, la bacteria mortal (un bacilo) infectó a numerosas manadas de renos.

"¿Puede repetirse el proceso? Claro que sí", advirtió en una rueda de prensa Boris Kerchengoltz, investigador del Instituto ruso sobre los problemas biológicos del permafrost.

Las personas infectadas entraron en contacto o consumieron la carne de renos enfermos.

El ántrax es una enfermedad del ganado y muy raramente afecta a los seres humanos. Tampoco es transmisible de persona a persona.

El actual brote se registró en comunidades de pastores nómadas que, según especialistas, se contagiaron al entrar en contacto con renos enfermos o consumir su carne. Y el origen de la epidemia en animales, que ya causó la muerte de unos 2.300 renos, estaría en lugares donde se enterraron en el pasado animales enfermos. Esos sitios que se encuentran usualmente bajo nieve ahora han quedado expuestos debido a una intensa ola de calor.

El ántrax es causado por una bacteria, Bacillus anthracis, que puede vivir cientos de años y causar en humanos tres tipos de infecciones: la cutánea, que se produce por contacto con animales infectados; la gastrointestinal, que tiene lugar por consumir carne mal cocinada de animales enfermos, y el tercer tipo, considerado el más grave, se genera por inhalación de esporas.

La temperatura en Rusia aumenta 2,5 veces más rápido en promedio que en el resto del mundo, y en el Artico el cambio todavía es más veloz.

En Yamal, península poblada sobre todo por ganaderos nómadas y situada entre el mar de Kara y el golfo del Obi, las temperaturas fueron 8 grados más altas de lo normal para julio, rondando los 35 grados.

"Estamos hablando de un lugar más allá del círculo polar", afirma Serguei Semenov, director del Instituto ruso del clima. "Es una anomalía sin precedentes".

Para los científicos, la amenaza está lejos de limitarse al ántrax. "Hay restos de viruela" en el extremo norte que se remontan al final del siglo XIX y los investigadores descubrieron "virus gigantes" en cadáveres de mamuts, actualmente estudiados, explicó Viktor Maléyev, director adjunto del Instituto de Investigación ruso de epidemiología.

"Creo que el cambio climático nos va a traer muchas sorpresas", advirtió. "No quiero asustar a nadie pero deberíamos estar preparados".

Según este experto, la propagación de los casos de ántrax se habría podido contener mejor si los renos hubieran estado vacunados masivamente.

Mortandad de renos. Dimitri Kobylkin, gobernador de la región Yamalo-Nenetski, donde este verano han muerto más de 2.000 renos, afirma que se dejó de vacunar a estos animales hace unos diez años, quizá porque se creía que el ántrax había desaparecido desde hacía tiempo. "Un error muy grave", reconoció.

Según él, la zona afectada mide 12.650 kilómetros cuadrados. La desinfección continuará hasta que los análisis del suelo dejen de dar positivo al ántrax, aseguró el gobernador.

Más de 1.500 personas han sido vacunadas y más de 700 que corren riesgo deben tomar antibióticos, según las autoridades locales. Alrededor de 270 soldados se encargan de incinerar los restos de los animales infectados.

Se trata de un dispositivo sin precedentes en Rusia "tanto en escala como en complejidad", explicó el gobernador. "Nunca habíamos previsto una amenaza bacteriológica como ésta", reconoció.

Los científicos lamentan que en lugar de invertir en investigación sobre el cambio climático, las autoridades recorten los presupuestos destinados a la ciencia y gasten sólo en atender las situaciones de emergencia.

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