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Domingo 23 de Agosto de 2015

Ciencia que cuida los recursos hídricos

Un grupo del Cifasis busca resolver problemas actuales y estar preparados ante posibles desastres eco-ambientales. Los profesionales, que provienen de distintas carreras, vencen un montón de obstáculos para lograr un noble objetivo: cuidar más el agua.

Somos agua en más de un 70%, al igual que el planeta. Por eso no debería asombrarnos nuestra influencia, positiva o negativa, sobre este recurso y nuestro entorno.
    El agua muchas veces escasea o está mal distribuida y hasta es causa de reclamos judiciales. Incluso, donde no hay problemas de suministro suele haber problemas de calidad.
     La carencia es sinónimo de pobreza rural y urbana. Las reservas de agua dulce, según datos de la Organización Mundial de la Salud, están amenazadas por la urbanización descontrolada, el desarrollo industrial, la deforestación, la conversión de ecosistemas para uso agrícola y ganadero, el uso excesivo en especial el que hacen la industria y la agricultura intensiva y la contaminación.
      En este contexto, y reconociendo su valor inconmensurable, investigadores rosarinos llevan adelante un proyecto interdisciplinario para aportar soluciones a una problemática compleja como es la sustentabilidad del agua, muy acorde a una región rodeada de recursos hídricos en zonas de llanura.
   La información que obtienen, gracias a la puesta en marcha de un modelo matemático (que es producto del conocimiento, el esfuerzo y también la creatividad para vencer obstáculos) intenta dar una respuesta eficiente ante posibles desastres eco-ambientales producidos por el hombre en esa zona.
    Aunque parece que los números están alejados de este tema, la doctora Margarita Portapila se encarga de desmentirlo. Es una apasionada en métodos numéricos y en ciencia aplicada al recurso hídrico: “Tratamos de resolver ecuaciones que están vinculadas al transporte de contaminantes en aguas superficiales y subterráneas en un estudio que involucra el ciclo hidrosocial en la cuenca del Carcarañá”, explicó la investigadora a Más.

En la cuenca del Carcarañá

    Para realizar los estudios experimentales Portapila cuenta con un equipo de investigadores que forman parte de un grupo de becarios de carreras como matemática, ingeniería, ciencias de la computación y ciencia política quienes desarrollan sus actividades en el Centro Franco Argentino de Sistemas (Cifasis), en el predio Conicet Rosario.
      Para sus investigaciones buscaban “algo” rural y urbano a la vez que mostrara la intensidad de la actividad agrícola, las presiones que sufre el agua y el suelo. La cuenca del Carcarañá era ideal y además estaba poco estudiada.
    La extensión que recorren para cumplir con este trabajo es de casi 6.000 km2, y para ello, es imprescindible un vehículo. Durante dos años Portapila buscó un transporte pero no tuvo éxito, así que pusieron a disposición sus autos particulares.
   “Hoy con el laboratorio de hidráulica de la Universidad Nacional de Córdoba y el Ministerio de Agua, Ambiente y Servicios Públicos de esa provincia, armamos un equipo relevando datos y procesando información, aforando como podemos la cuenca del Carcarañá”, explicó la ingeniera.
   Recientemente, con el esfuerzo y compromiso de las instituciones de la provincia mediterránea y Cifasis, los investigadores colocaron una estación limnimétrica, ubicada en Ruta 15 a la altura de Cruz Alta, que les permite obtener datos de caudales en el ingreso del río Carcarañá a la provincia de Santa Fe, una vez por hora, midiendo de forma automática altura del nivel de agua en el río. “Un dato valiosísimo”, aseguran.
En toda la cuenca hay una sola estación ubicada en Pueblo Andino que depende de la subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación.
Si bien la instalación es compleja, el costo es bajo en relación a lo valioso que es el dato, primordial para un modelo numérico que quiera trabajar a nivel de cuenca con hidrología y predecir el rendimiento de cultivos.
“Se necesitan conocer datos de caudales y climáticos —resaltó Portapila—” , y agregó: “Hay muchos datos, pero los toman distintas instituciones, no están organizados y son de difícil acceso, porque el dato es poder, a veces no se quieren compartir, y eso complica y detiene la investigación”.
La información les permite poner a punto un modelo matemático que sirva como soporte de decisiones al sector público, frente a posibles escenarios de riesgos eco-ambientales provocados por el hombre o por eventos naturales extraordinarios.

Con las escuelas

A través de un programa nacional del Conicet, País Ciencia y un proyecto que subsidia Comisión Europea denominado Desafío, los investigadores están trabajando con escuelas medias de las localidades de Carcarañá, Coronda, Cañada de Gómez, La Chispa y San Francisco, mientras que sociólogos del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires les proporcionaron herramientas metodológicas y los ayudaron a tener un marco conceptual para hacer un trabajo serio.
“Empezamos trabajando con la noción de cuenca hídrica, luego los chicos relevan muestras de calidad de agua, hacen cuestionarios, generamos bases de datos y más tarde replican el cuestionario en la localidad, para entender cuál es la representación que la localidad tiene del problema. No damos abasto con toda la información que estamos recolectando con herramientas muy simples”, relató la especialista.
Con una escuela agrotécnica de Carcarañá desarrollaron un filtro doméstico para bajar la concentración de arsénico, y a su vez intercambian información y aprendizajes con otras escuelas más vulnerables a la problemática.
Recientemente adquirieron dos estaciones meteorológicas y las están instalando en las escuelas para formar una pequeña red de datos meteorológicos, coordinados por los propios alumnos.
“En Coronda instalamos la primera ayer y ya recibimos el primer set de datos meteorológicos de una estación china que compramos por $2050 pesos”, dijo contenta. “No va a tener la especificidad de una estación más sofisticada, pero a nosotros nos interesa que la comunidad educativa empiece a entender la importancia y complejidad del relevamiento de datos de manera sistemática”. Así mismo, desde inicios del año lectivo 2015 se sumó a las tareas de investigación conjuntas un grupo de 6 año, especialidad química, del Instituto Politécnico Superior Gral. San Martín. “Junto con estudiantes, profesores y personal técnico del Laboratorio de Química del Politécnico ya tenemos los primeros datos de nitrato, fosfato y producción de sedimentos de puntos de control de la cuenca. Los chicos del Poli analizan muestras que toman estudiantes de otras escuelas y antes de fin de año van a acompañar a estos estudiantes en una salida de campo para tomar muestras ellos mismos”.
“La experiencia con las escuelas es fascinante, superó nuestras expectativas”, resumió Portapila.
Para la investigadora lo hecho hasta el momento es muy importante y ya tienen las primeras conclusiones: “Desde hace 3 años recolectamos datos y vemos por ahora que existe presión sobre el suelo y el agua, se ve la afectación pero no en un grado superlativo tal vez porque estamos en una región con ríos caudalosos y precipitaciones y hay capacidad de autodepuración del agua. Hay que estudiar más que pasa con el suelo, con el agua subterránea. Los que estamos vinculados con la problemática hidroambiental estamos tratando de estudiarlo en profundidad para colaborar en la integración de estas alternativas en el desarrollo de políticas locales, regionales y nacionales para garantizar la sustentabilidad de un recurso natural esencial como es el agua”.

Margarita, de regreso y con desafíos

Margarita Portapila es ingeniera civil de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y se perfeccionó durante 12 años en Inglaterra en la Universidad de Newcastle. De su larga estadía en el exterior destaca “el ejercicio de la tolerancia que uno aprende estando afuera y un rigor de trabajo diferente que trato de mantener con las complejidades que hay aquí”.
  Regresó a la Argentina en  2007 gracias a una política de Estado que le permitió afrontar un proyecto de formación de doctores en áreas tecnológicas prioritarias. Además pudo armar un equipo interdisciplinario con becarios de diversas carreras del que se siente orgullosa.

En la lucha

  ¿Cómo hacer ciencia aplicada y no morir en el intento? “Sin dudas encarar proyectos interdisciplinarios es un comienzo importante para tener una mirada más amplia y compleja sobre el objeto de estudio, y luego el trabajo con las instituciones en diferentes niveles, escuela media, primaria, universidades y otros institutos de ciencia”. Ese es el caso del grupo que dirige Margarita. “Son desafíos muy difíciles, en un sistema en el que todavía se sigue evaluando por área particular”, mencionó.
   “Me interesa que nuestro trabajo ayude al territorio en el que investigamos. Estamos integrando a la sociedad que se relaciona territorialmente con nuestro objeto de estudio a través de la escuela media. Hasta ahora trabajaba enfrente de la computadora y lo que me imaginaba no tenía mucho que ver con lo que sucedía en la zona. Al recorrer la cuenca empecé a encontrarme con la realidad, con todo tipo de situaciones, complejas y nuevas”, enfatizó Portapila.
  Habla sobre sus desafíos laborales: trabajar para aprender más y de forma cooperativa, aunque a veces reconoce que confronta con el propio sistema. “Intento producir buen material científico y humano, trabajo para que el grupo se sienta más a gusto en un proceso de conocimiento que es difícil y muchas veces desalienta, como de una derrota encontrar algo que te de mas interés para seguir trabajando”, destacó la científica.

Uso sí, derroche, no

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la utilización de 50 litros por día por persona. Sin embargo en la Argentina se calcula que este número oscila entre los 500 y los 613 litros por día, diez veces mayor de lo recomendado. Eso es gracias a pérdidas en las canillas, dispendio en la higiene personal o limpieza de ropas, lavado de vehículos, vajillas entre otros.
  El derroche es altísimo ya que en la mayoría de los países las personas utilizan un promedio de 100 litros por día, pero en algunas partes del mundo contar con tan sólo 10 litros es un lujo.
   En el marco de esta disparidad,  Agua para la Vida desafía a asumir el compromiso de vivir con tan sólo 10 litros de agua durante un día completo.

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