Carlos Menem
Sábado 09 de Julio de 2016

Cien músicos por la memoria

En foco. Ante un nuevo aniversario del atentado a la Amia, el próximo 18 de julio, cantantes argentinos grabaron un video con la canción "La memoria", de León Gieco. El alto nivel de talento, emoción y creatividad puestos en esa producción no encaja con la imposibilidad del país de construir una sociedad mejor.

Para conmemorar el vigésimo segundo aniversario del atentado a la Amia, el próximo 18 de julio, la institución judía tuvo la iniciativa de convocar a un centenar de músicos argentinos para cantar la canción "La memoria", que el santafesino León Gieco compuso, letra y música, en 2001 e integra su álbum "Bandidos rurales".

En casi nueve minutos de un emotivo e imperdible video, con la dirección musical de Lito Vitale, queda demostrado cómo la admirable capacidad artística e intelectual de los argentinos no se ha podido plasmar en la edificación de una Nación que progrese y se desarrolle culturalmente a través de su historia.

El videoclip, que demandó un año de producción, está disponible en el canal de la Amia en You Tube: www.youtube.com/AMIAtv y también en las redes sociales. Ha llegado a todos los rincones del planeta y cuenta con la letra subtitulada en castellano, pero que puede cambiarse a varios idiomas. El homenaje reunió a Nito Mestre, Abel Pintos, Raúl Lavié, Valeria Lynch, Patricia Sosa, Sandra Mihanovich, Soledad Pastorutti, Juan Carlos Baglietto y Diego Torres, entre tantos otros.

La iniciativa se denomina "Memoria Amia" y sus organizadores aclararon que "más allá del nombre de cada una de las tragedias, compartimos el compromiso contra el olvido y la impunidad".

La anterior fue una definición perfecta del mensaje de la canción de León Gieco, que no se queda solamente con la voladura de la Amia sino que repasa el drama de las últimas décadas en el país.

"Los desaparecidos que se buscan con el color de sus nacimientos, el hambre y la abundancia que se juntan, el maltrato con su mal recuerdo. Todo está clavado en la memoria, espina de la vida y de la historia", dice la letra.

Tal vez los dos atentados terroristas (Amia y embajada de Israel), planeados sin dudas en el extranjero pero con complicidad local, fueron la expresión máxima de la impunidad y el desprecio por la vida humana que había arrancado en los comienzos de la década del 70 y que se consolidó con toda su fuerza con el golpe militar de 1976. "Fue cuando se callaron las iglesias, fue cuando el fútbol se lo comió todo, que los padres palotinos y Angelelli dejaron su sangre en el lodo", dice la canción de- Gieco.

El talento artístico y el componente emocional del video no se corresponden con un país que tiene miles de niños en la indigencia y que no tienen ni calzado para ir a la escuela. No se corresponde con los niveles de violencia de una sociedad cada vez más encerrada en el egoísmo que abierta a la solidaridad, pese a las numerosas organizaciones no gubermentales con empatía por los que sufren. No se corresponde con una brecha social abyecta entre los que tienen todo y los despojados del sistema laboral y económico. No se corresponde con la banalización de la vida y el paroxismo de la estupidez humana que se eleva a su máxima expresión cada noche en algunos programas de televisión, paradójicamente los más vistos. ¿Qué hemos hecho mal los argentinos? ¿Cómo no poder aprovechar la capacidad y la brillantez de la creatividad nacional para construir envidiables pautas de desarrollo social y cultural de otros países que cuentan con menos recursos naturales y humanos que la Argentina?

Tal vez otra estrofa de la canción pueda aportar alguna explicación: "La memoria pincha hasta sangrar, a los pueblos que la amarran y no la dejan andar. El engaño y la complicidad de los genocidas que están sueltos, el indulto y el punto final a las bestias de aquel infierno".

La impunidad. Es imposible que un país avance sin un sistema judicial que ponga límites a la violación de las leyes. Ni tampoco que tenga privilegios propios y no se depure, como a simple vista puede verse en estos días con magistrados federales que han tenido las causas más calientes de la política argentina y ahora se dedican a bailar en televisión y a recordar y llorar melancólicamente por su mamá.

A 22 años del atentado a la Amia no hay un solo detenido por el asesinato de 85 personas. Y ni una sola pista certera que lleve a aclarar lo sucedido y a juzgar a los culpables. Salvo en Irak, Afganistán, Pakistán o países de escasa seguridad y deficientes servicios de inteligencia, los autores de los atentados son inmediatamente identificados y los grupos responsables de los ataques arrinconados para intentar que no vuelvan a golpear. La ex Side siempre fue utilizada para espionaje y represión interna y, como se vio en la Amia y otros casos resonantes, para encubrir y enlodar las investigaciones.

En la Argentina, actualmente, se desarrolla el juicio por el encubrimiento al ataque de la Amia. Están imputados, entre otros, el ex presidente Carlos Menem, el ex juez Juan José Galeano, el ex presidente de la Daia Rubén Beraja, el último poseedor de la Trafic que explotó en el edificio, Carlos Telleldín, dos ex fiscales y ex agentes de la Side.

Lo insólito de la situación es que en 2004 terminó el juicio oral por el atentado a la Amia con la absolución de todos los imputados ante la comprobación de que por un pago de 400 mil dólares el detenido Carlos Telleldín había acusado falsamente a policías bonaerenses por la conexión local del ataque. Ese dinero salió de fondos reservados de la ex Side y la negociación para pagárselo a Telleldín fue incluso filmada, en un hecho único de la Justicia mundial. Se pudo ver allí al juez Galeano en plena tarea de soborno, con eufemismos y palabras con doble sentido.

Por ese y otros motivos, el tribunal declaró nula la causa y ordenó investigar la complicidad de los encubridores, juicio que comenzó en agosto del año pasado y que ya lleva más de 40 audiencias, con declaraciones de decenas de testigos e imputados.

Sólo un ejemplo. En la audiencia número 39 del juicio a los encubridores, el 9 junio pasado, declaró el ex policía Eduardo Aguilera, quien tras el interrogatorio judicial fue detenido por falso testimonio. El agente federal trabajó durante una década en la investigación del caso Amia, primero para el Departamento de Protección del Orden Constitucional y luego, desde 1997 hasta 2005, para el Departamento Unidad Investigación Antiterrorista. Durante su declaración del mes pasado modificó una anterior en relación a la filmación donde se ve a Galeano con Telleldín arreglando el soborno. Años atrás había dicho que el video se lo mostraron en el Juzgado de Galeano y que no le llamó la atención ni lo comentó con nadie. Pero ahora se corrigió y dijo que se había enterado por los medios de comunicación. Aguilera, a quien durante años el Estado le pagó un sueldo para que investigue el mayor ataque terrorista de la historia en suelo argentino, dijo no recordar casi nada del caso y, encima, dio dos versiones distintas de un tema central como el pago ilegal a Telleldín. Terminó preso, seguramente no por mucho tiempo, pero queda la amarga sensación de que si un ignoto agente de seguridad no colabora con la investigación y miente descaradamente, qué podría especularse en cuanto a la actitud de sus superiores y a la línea de mando política del entonces gobierno de Carlos Menem.

Más allá de estas conjeturas, las preguntas medulares son: ¿por qué se montó una cadena de encubrimiento en todos los niveles del Estado tendiente a ocultar a los autores del ataque? ¿A quiénes se quiso proteger y por qué motivo? Y por supuesto: ¿quiénes fueron los autores intelectuales y materiales?

Otra vez, un párrafo de la composición de Gieco agrega algo de sentido común: "Todos los muertos de la Amia y los de la embajada de Israel, el poder secreto de las armas y la Justicia que mira y no ve. Todo está escondido en la memoria, refugio de la vida y de la historia".

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