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Viernes 12 de Agosto de 2011

Chile, la herencia de Pinochet y el colapso del privatismo educativo

El reclamo de los estudiantes chilenos desnuda la lógica mercantilista con la que se maneja la educación del país trasandino

Pinochet dejó el gobierno en su momento, pero comprometió a la posterior democracia quedando primero como Jefe de las FFAA, luego como senador vitalicio (junto a otros varios senadores impuestos en igual condición). Sin dudas que su salida de la Moneda fue negociada, y que por ello no se retiró por completo.

Dejó también otra herencia: la de su política económica privatista y neoliberal a rajatabla, que fue asesorada durante su gobierno por el mismísimo Milton Friedman. La Concertación dio por exitosa esa línea macroeconómica, y jamás la cuestionó ni modificó en sus posteriores administraciones.

Así se heredó la educación para pocos; municipalizada para no dar gasto al erario central, y conseguir apoyos económicos de las familias de los estudiantes. Gratuita para los de abajo en primaria y media, pero de pésima calidad como servicio. Pagada para todos los demás, de modo que hay en Chile una educación para ricos y otra para pobres.

Lógica mercantilista. La lógica mercantil llega al extremo de que aún los dineros públicos son invertidos en pagar a entes privados que realizan la gestión educativa por sí mismos. Estos ganan las licitaciones acorde a la “calidad” de los resultados educativos; ello significa que los alumnos que mejores notas obtienen logran mejores condiciones de gestión. Lo cual implica una fuerte reproducción de las condiciones de clase, incluso un reforzamiento de las mismas; los que más capital simbólico inicial tienen logran mejores condiciones escolares, los que llegan con menos son atendidos de peor manera, acorde la idea neoliberal de la distribución diferencial de recursos según logros —reales o supuestos— de sus receptores.

La Universidad es paga en Chile, sumamente cara, igualmente si es estatal o privada. Algunos pueden estudiar sólo con créditos que luego los endeudan de por vida, y que ponen su existencia en trance de constante tensión y angustia.

Contraposición. No es que la educación chilena sea de alta excelencia, como ha insistido con torpeza un oposicionismo ciego en Argentina. Por el contrario, en los rankings mundiales las universidades argentinas obtienen mejores resultados que las de Chile, para algunas de las cuales el financiamiento por vía de la cuota estudiantil es un impedimento de certezas de funcionamiento, aún a corto plazo.

Por lo más delgado se corta el hilo, y en el caso chileno lo está haciendo por la educación, que abarca a amplios sectores sociales, de modo que el neoliberalismo se hace allí más masivo que en otros sitios en cuanto a su llegada y sus desastrosos efectos sociales. Se inicia así el reflujo generalizado del pinochetismo económico, y eso es una buena noticia para Chile y también para Sudamérica toda, donde hemos visto (y seguimos viendo, claramente en Argentina) derechas regresivas que tras supuestos apoliticismos esconden a sindicalistas impresentables y economistas proempresariales, que quisieran retomar esas propuestas económicas neoliberal/pinochetistas para nuestro país.

Afortunadamente nuestra tradición de educación estatal, laica y gratuita resiste estas embestidas. Se rebatió las de Menem y luego las de De la Rúa, que en lo educativo no pudieron pasar. Ejemplos que sirven de acicate para que los jóvenes chilenos empiecen a golpear al mercantilismo hace décadas reinante en su país, y a hacer notar a los mercaderes que todo abuso encuentra sus límites.

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