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Domingo 17 de Noviembre de 2013

Chile, ante la derrota inevitable de la derecha de country club

Con seguridad, Bachelet será elegida presidenta de Chile nuevamente. Porque en caso que deba ir a ballottage, arrasará a quien compita con ella.

Con seguridad, Bachelet será elegida presidenta de Chile nuevamente. Porque en caso que deba ir a ballottage, arrasará a quien compita con ella. De hecho, en la derecha chilena no son pocos los que no quieren el "alargue" y prefieren tomar la amarga poción de la derrota ahora, en una sola dosis.

En el fenómeno Bachelet convergen dos causas: una, política y circunstancial, es su indudable carisma que contrasta con un oficialismo opaco que debió desechar al único candidato competitivo (Golborne) y hoy presenta a una candidata de 3a. selección. La otra causa es más de fondo: la sociedad chilena ha cambiado en pocos años, y ahora reclama cosas que hasta hace poco no. Este fenómeno es producto de la modernización que trajeron más de 25 años de crecimiento sostenido y el surgimiento de una clase media que le pide más beneficios al modelo chileno. Cuesta creerlo, pero en 2006 Bachelet se hundía en los sondeos durante su primera presidencia. El mal inicio del sistema de transporte Transantiago parecía condenarla. Ella hablaba de un "femicidio" en su contra. Era la primera vez que una mujer presidía Chile. Pero Bachelet salió de ese mal momento y remontó su popularidad sin freno para terminar a toda orquesta, pese al flojo desempeño durante el terremoto al final de su mandato. El presidente Sebastián Piñera nunca logró calar en las clases populares, salvo durante el breve período del rescate de los mineros. Pero es la derecha en su conjunto la que en estos cuatro años nunca entendió que a través de las protestas estudiantiles —apoyadas en forma sostenida por la población— se expresaba una mayoría social. La misma mayoría que en 2006 había mirado de costado la "rebelión de los pinguinos". ¿Qué cambió en tan poco tiempo? Es claro que la derecha en el poder actuó de catalizador del afán de cambio de la sociedad. Y desde ese poder la derecha no supo nunca interpretar qué pasaba. Porque vive encerrada en sus countries, y se le nota mucho. Sufre una evidente incapacidad de reacción ante los cambios del humor social. Su candidata Evelyn Matthei es la mejor expresión de este problema. Los resultados estarán desde hoy a la vista: la derecha luchó 20 años para llegar a la presidencia y ahora se va, después de un solo turno, sin ninguna gloria y con una derrota humillante.

La inexistencia de un verdadero centro político en la coalición derechista es el dato que explica este fracaso. En Chile no hay "centroderecha", sino solamente derecha. El centro está, completo, en la otra coalición: es la Democracia Cristiana que forma parte de la Nueva Mayoría, la versión ampliada de la Concertación. Es ese centro fundamental para incorporar a la clase media, que es el núcleo social de toda formación política con capacidad para gobernar en forma prolongada. La lección chilena es clara: desde el country cerrado no se gobierna una democracia.

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