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Sábado 16 de Julio de 2016

Chicos con ganas de hablar chino y conocer otra cultura

Tienen entre 7 y 12 años y aprenden el idioma en el Instituto Confucio que funciona en Económicas (UNR)

Al principio resulta un poco extraño escucharlos hablar o cantar en chino, sin embargo lo hacen con soltura y decisión. Sebastián (13), Pedro (12), Santino (8) y Máximo (7) son algunos de los primeros chicos que en Rosario se animan a aprender este idioma de más de ocho mil caracteres. Admiten que es difícil pero divertido, y que también requiere de mucha concentración. Nadie les inculcó este interés, simplemente curiosidad.

A los cursos no sólo tienen acceso los adultos o adolescentes sino también los más pequeños, basta con estar alfabetizados para comenzar con las clases. El chino mandarín es el idioma oficial de la República Popular de China, y en Rosario, el Instituto Confucio es uno de los centros de enseñanza de la lengua y la cultura china que ofrece desde el año pasado cursos para niños, adolescentes y adultos, en las instalaciones de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas de la UNR, Oroño 1261, y en el Colegio del Sol de la localidad de Funes.

Ayelén Leda, profesora de chino, a cargo de los cursos explica por qué se genera este interés en los chicos: "En primer lugar llegan aquí por curiosidad, y además porque son chicos a quienes les gusta investigar. Ellos buscan algo más y, a diferencia de otros idiomas, deciden empezar por motivación propia, incluso debieron convencer a sus padres. Estos niños no tienen tanta proyección de futuro como los más grandes, sino que hablan del hoy, imaginan el presente y siempre nos sorprenden con sus fundamentos".

"Los chicos que hoy estudian chino, logran mayor concentración, interpretación y mejor lectoescritura". La profesora explica que la modalidad de cursado es cuatrimestral y tiene una frecuencia semanal de una hora y media en el caso de los más chicos, y de dos veces por semana para adolescentes y adultos. "Trabajamos —detalla— con un libro de lectura que contempla una bibliografía diferente entre los alumnos que hace poco se alfabetizaron y aquellos que están a un paso de ingresar al secundario. La clase se basa en este material y en todo lo referido a la cultura china. Las letras son las mismas que en nuestro idioma pero se pronuncian diferentes, incorporamos enseguida vocabulario que llama su atención como números, colores y animales, y algunas canciones". Leda también describe que cuando comienzan a escribir caracteres chinos, mejoran su caligrafía.

Invitar a las familias

"Brindamos un espacio de libertad para que los chicos se puedan expresar, si ellos practican algún deporte o hacen alguna otra actividad extracurricular como taller de arte o música, pueden aplicar lo aprendido en chino, también investigar sobre animales de distintas regiones de China, o hacer obras de arte en base a sus caracteres. Cuando los chicos logran los objetivos y se sienten satisfechos con lo que aprendieron, se van a la casa con una sonrisa. Buscamos que sean chicos aguerridos el día de mañana y que comiencen a tomar responsabilidades a la par de la formación académica de la primaria o secundaria", continúa Leda.

Desde la primera clase, los chicos pueden asistir acompañados por sus padres. Alejandro Locci, coordinador de la sede Rosario del Instituto Confucio, fundamenta la modalidad adoptada: "Cuando se trata de los más chicos, no siempre resulta sencillo implementar el idioma, entonces consideramos una buena opción invitar a los papás a presenciar una clase y que luego decidan si continúan o no. Hoy en casi ningún idioma los padres tienen esta posibilidad. El chico se interesa y el padre lo acompaña, están quienes toman nota y luego ayudan a sus hijos en casa con la tarea. Aprender chino es un trabajo en familia, aunque luego algunos chicos estudien solos porque son más grandes o autosuficientes". El profesor también hace hincapié en el acompañamiento familiar principalmente en la búsqueda de material y el apoyo en las nuevas tecnológicas.

Deseos de conocer China

"Desde que era chiquito decía que quería ir a China", afirma Sebastián de 12 años y se explaya: "No sé por qué... pero me interesé por el idioma y por suerte mi mamá se enteró que podía estudiarlo aquí". Asiste a clases desde el año pasado y destaca que escribir caracteres es una de las cosas que más le gusta, también reconoce que el idioma es difícil de aprender pero no imposible. Cuando Sebastián les cuenta a sus amigos que estudia chino, dice que lo miran raro, "como preguntándose por qué lo hago, y si es por el futuro. Yo les digo que es porque quiero ir a China".

Pedro, otro de los alumnos que tiene 11 años y está en 6º grado, también comenzó a estudiar chino el año pasado. "Como no me gustaba la escuela donde aprendía piano, dejé de hacerlo y mi abuelo me dijo «te voy a mandar a aprender chino»". Y a Pedro parece que le gustó la idea y ahora disfruta de las clases. "Lo más difícil son los dictados y tener que acordarme de los caracteres. La pronunciación es un poco más fácil. Pero si a alguien le gusta chino y no va muy bien en la escuela, yo le diría que se le va a complicar", aconseja y relata una anécdota de sus primeras prácticas: "Cuando empecé a entender y hablar algunas palabras, practicaba el idioma con los empleados del supermercado chino donde hacemos las compras. Al principio hablaban conmigo, pero después como sabían que yo entendía algo de lo que decían, empezaron a hablar en uno de los tantos dialectos que tienen".

Vocabulario y pronunciación

Pedro y Sebastián son los más grandes del grupo de niños, y dado que cursan 6º y 7º grado de la escuela primaria, decidieron sumarse a las clases de los adolescentes. Para demostrar sus conocimientos del idioma, los chicos conversaron en chino con su profesora, y así practicaron pronunciación y vocabulario. También Santino y Máximo, los más pequeños de la clase, pronunciaron algunas palabras pero lo hicieron entonando una canción.

"Estudio chino porque me gusta y es divertido", dice Santino de 8 años, y acota algo que seguro también despertó su interés: "Cada vez que voy a una librería a comprar algo, descubro que todo se fabrica en China". Escribir caracteres en la carpeta y hacer música son las actividades preferidas desde que empezó a principios de este año. Finalmente llega el turno de Máximo, el más chico de todos los estudiantes del Instituto, tiene siete años y se toma su tiempo para escribir su nombre en el pizarrón. No le importa que todos lo miren mientras lo ayuda su profesora y escribe con esmero cada uno de los caracteres chinos, Maxi está en 2º grado y no hace mucho empezó a leer y escribir. "Es un poco difícil pero no mucho", asegura frente a su mamá que lo observa desde atrás, que no recibe su ayuda. "Un amigo me dijo que quiere empezar algún día, pero todavía no lo hizo, yo le dije que está bueno aprenderlo". Orgulloso de sus logros, cuenta que cuando se fue de viaje pudo saludar en chino a otros turistas.

La profesora Ayelén Leda, licenciada además en Relaciones Internacionales, suma su experiencia al relato de los chicos. La joven lleva casi diez años vinculada al idioma y señala que logró afianzarlo gracias a una beca que le otorgó el gobierno chino para estudiar seis meses en ese país. "Me interesé por el chino mandarín cuando nadie lo hacía y con una visión a largo plazo, algo que luego comprobé que estaba más cerca de lo que creía", asegura la educadora tras la impronta cultural del país asiático en la Argentina.

Llegan aquí por curiosidad y además porque son chicos a los que les gusta investigar. Algunos hasta debieron convencer a sus padres"

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