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Martes 05 de Junio de 2012

Chicas, el amor no duele

Santa Fe es la segunda provincia del país con mayor cantidad de femicidios. Hace pocos días se reveló que Lorena, una joven rosarina que murió a causa de graves quemaduras el año pasado, había sido en realidad agredida por su novio...

Santa Fe es la segunda provincia del país con mayor cantidad de femicidios. Hace pocos días se reveló que Lorena, una joven rosarina que murió a causa de graves quemaduras el año pasado, había sido en realidad agredida por su novio, un chico de apenas 21 años que durante todo este tiempo ocultó su mentira. Incluso, ella, durante una agonía de más de un mes, sostuvo que todo había sido culpa de un accidente.

La búsqueda desesperada de los familiares de Dayana Capacio también terminó de la peor manera. La joven de 17 años que había desaparecido cuando iba a estudiar a la casa de una amiga, fue encontrada muerta, con cinco puntazos en la espalda, un corte profundo en el cuello y una herida de bala en la oreja. Aunque se declaró inocente, el principal sospechoso es un ex novio, que según testigos, ya había manifestado sus celos de manera violenta porque la chica había decidido terminar la relación e iniciar otra. El, 21 años; ella, una adolescente, que al igual que Lorena, apenas estaba descubriendo que es eso del amor.

El pasado 8 de marzo, con motivo de conmemorarse el Día de la Mujer, La Capital publicó una nota que mostraba cómo las rosarinas, de a poco, se animan a denunciar más a los hombres que las maltratan. Sólo el teléfono verde de asistencia a víctimas de violencia de género recibió en 2011 el 51% más de llamadas que el año anterior. El dato, que parece alentador, es apenas una muestra del sufrimiento cotidiano de miles de mujeres _muchas de ellas adolescentes_ que soportan a varones que las toman de rehenes de sus sentimientos, de sus imposibilidades, de sus temores.

Aunque hay intentos válidos por implementar y ejecutar políticas de Estado que impidan que más chicas y mujeres vivan en el infierno y mueran en él, las víctimas siguen pidiendo ayuda a los gritos, casi siempre ahogados en un silencio "cómplice" que nos impide escucharlas.

Hasta que vemos su cadáver en la tapa del diario o en las imágenes del noticiero. Y entonces una vez más nos estremecemos pensando cómo una chica de apenas 17 años pudo morir en manos de un pibe de 21. Y recordamos que Carolina Aló tenía también 17 años cuando su novio Fabián Tablado, de 20, la asesinó de 113 puñaladas. Hasta que alguien nos cuenta que las operadoras del teléfono verde escuchan historias de golpes y torturas cotidianas de boca de chicas de 13 ó 14.

Por eso siento que tenemos que pedirles perdón. A Lorena, a Dayana y a todas las chicas que hoy están presas de una relación violenta. Perdón por no enseñarles desde la cuna que el amor no duele, que el amor no daña. Que él no te quiere bien si te controla, si te revisa los mensajes del celu, si te aleja de tus amigas porque son todas putas, si te saca del boliche en el medio de una escena y a los empujones. Que no es amor si te dice que si lo dejás se mata, que no hay otro hombre en el mundo para vos. Perdón por no explicarles que va a terminar de la peor manera si se enoja por lo que te pusiste, porque te reíste en público, “porque estás todo el tiempo mirando” a alguien.

Por no transmitirles que el amor es compañerismo, libertad y confianza, por no mostrarles que en el amor se crece, se sueña de a dos, se construye (jamás se destruye). Por no repetir hasta el cansancio que tienen todo el derecho del mundo a alejarse si estas buenas cosas no pasan...

Las señales de alarma siempre están antes pero a veces son sutiles. Tenemos que aprender a verlas, tenemos que enseñarles a ellas, que están empezando a vivir, a detectarlas a tiempo. Perdón Lorena, perdón Dayana, llegamos tarde.

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