Ovación
Sábado 11 de Junio de 2016

Chicago, la ciudad de los rascacielos imponentes y la cultura del blues y el jazz

A Chicago basta con recorrerla de a ratos para sentir la saludable brisa del viento que es el viajero que se mueve por encima del lago Michigan y golpea al conjunto de interminables rascacielos.

Se podrá pedir una guía turística en las fastuosas cadenas hoteleras que conviven una al lado de la otra, pero nadie te dice una palabra de lo que siente el visitante que está apenas un par de días en Chicago. En los mapas tampoco hay registros de las constantes historias que se pueden esconder a la vuelta de cada esquina en esta ciudad cautivante, la tercera más poblada de Estados Unidos. Por eso la mejor manera de llevarse una experiencia inolvidable para Argentina es caminarla sin plantearse grandes dilemas ni querer conocer todo en un día. Además hay poco tiempo. Apenas quedan algunas horas porque el plantel de la selección argentina ya hoy a la tarde está tomando el vuelo con destino a Seattle, la tercera parada de esta itinerante Copa América 2016.

   A Chicago basta con recorrerla de a ratos para sentir la saludable brisa del viento que es el viajero que se mueve por encima del lago Michigan y golpea al conjunto de interminables rascacielos. Este simple paisaje encierra la seña de identidad más pura de esta urbe que debió reconstruirse tras el gran incendio de 1871 que arrasó con el casco urbano y parte de los suburbios.

   Para que hoy Chicago esté en permanente movimiento, antes debió atravesar por un traumático proceso de demolición y reconstrucción. Esa desgracia provocó la invasión de inmigrantes, lo que le dio a la ciudad el actual carácter multicultural por la fuerte presencia de árabes, hispanos, africanos, europeos y asiáticos.

   Gracias a ellos y al fundacional aporte de la escuela moderna de arquitectura que a finales del siglo construyó los rascacielos, la ciudad empezó a levantarse desde las ruinas. Por eso se dice que Chicago nunca pisará su pasado. Al contrario. Convivirá a gusto con él todo el tiempo. Formando así una simbiosis perfecta para fortalecer ese legado de innovación y cultura, que hoy son las caras visibles de su arquitectura, música y tradiciones.

   En Chicago habitan varias ciudades en sí mismas. El contraste es increíble. Pero llama poderosamente la atención lo bien que interactúan esos pequeños barrios de casas antiguas con el toque modernista de los edificios imponentes.

   El perfil de la gran ciudad, de la riqueza, los espectáculos y el paraíso del consumo como la "Milla magnífica" también se pierde en la frontera de los suburbios. Ahí donde viven las clases más humildes de la comunidad afroamericana. Pero el aporte de esta gente fue inmenso para la recuperación de Chicago. Uno de los grandes legados que dejaron son el blues y el jazz. Esta música melancólica y profundamente urbana se escucha todas las noches en clubes, pubs o restoranes, que ya son una visita obligada.

   Ese conglomerado de grandes núcleos de inmigrantes no sólo atrajo sangrientas luchas sociales, sino que fue terreno fértil para el accionar de gangsters como Al Capone. De hecho, esa Chicago hampona se puede visitar hoy con un tour especial llamado "Los Intocables", que se trata de un viaje en autobús de la época y un guía ataviado como si fuera un secuaz de uno de los presos más famosos de la cárcel de Alcatraz.

   Chicago también es famosa por sus barrios. Como el Chinatown (barrio chino) o el Corazón de Italia, con sus comidas típicas, olores, música y bailes. Todo ese mosaico fue asimilado por el consumismo estadounidense, representado en esa avenida Michigan, entre Oak Street hasta el puente sobre el río Chicago. Ahí el mejor placer es ingresar a una tienda exclusiva de Los Chicago Bulls y hacer temblar la tarjeta de crédito comprando todo tipo de souvenirs de aquel equipo legendario que comandó el gran Michael Jordan.

   Otro de los mayores gustos que ofrece Chicago es contemplar su inmensidad desde el infinito y más allá, como diría el personaje de los chicos Buzz Lightyear. Eso se logra, primero pagando poco más de 20 dólares, y luego subiendo al balcón de observación en el piso 103 de la Torre Willis, que con sus más de 442 metros es el edificio más grande de Estados Unidos. Es una experiencia apasionante y, por momentos, atemorizante. Porque hay que aguantarse estar cerca del cielo. Eso sí, desde el edificio, situado en el centro neurálgico y financiero de la ciudad, se pueden apreciar la mansedumbre del lago Michigan y el espectáculo de luces que despliega Chicago al caer la noche. También para seguir jugando a la mancha con los aviones se puede ir al edificio John Hancock Center. Un enorme rascacielos de 100 plantas, pero con la particularidad que en el piso 95 se encuentra el tradicional restaurante "Signature Room on the 95th Floor", sitio ideal para una cena romántica entre enamorados que no tengan vértigo a las alturas. Además, el edificio contiene oficinas y otros espacios comerciales.

   Pero en Chicago no todo es subirse a un ascensor y experimentar cómo uno sale disparado hacia arriba. También se presta para las largas caminatas y oxigenar la mente respirando el aire puro de los parques y playas. Los espacios públicos guardan similitudes con algunos lugares de Nueva York. Por ejemplo, el Millenium Park es como el Central Park, pero de dimensiones más chicas. En este parque el visitante se topa con la naturaleza y la modernidad de un desarrollo urbanístico que, según afirman, no tiene precedentes en el país. Encima hay un teatro al aire libre que realmente es una obra de arte moderno. Porque desde el piso se desprenden tubos metálicos que forman una especie de nido encima de los asistentes. Chicago se siente tan orgullosa de ese espacio que lo considera legalmente una obra de arte, ya que no se podía construir un edificio justo en este lugar. Además del teatro, el parque cuenta con el jardín Lurie, cuyo lema es el mismo que el de la ciudad: "Urbs in horto": ciudad en un jardín.

También una buena alternativa de la hoja de ruta es visitar el Instituto de Arte de Chicago, la enorme Fuente Buckingham, el Museo Field o el Acuario John G. Shedd.

   Realmente la zona del Millenium Park es un paseo muy recomendable para aquellos que llevan una vida nómade, como es la de los periodistas que están junto a la selección argentina en esta copa.

   Desgraciadamente todo lo bueno dura poco. Y hoy Chicago ya será parte del archivo de las mejores imágenes que se puede llevar un ser humano de un viaje de trabajo, pero también de mucho disfrute cuando se está en una ciudad que parece que se te viene encima con sus rascacielos.

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