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Viernes 08 de Febrero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Viernes 8

—Lo seguí con atención estos días, Candi, seguro que tiene muchas cosas más para expresar, pero... ¿por qué no pasamos a otro tema? Ya está. ¿Para qué pone tanta pasión? ¿Usted cree que a alguien le interesa todo esto?

—Lo seguí con atención estos días, Candi, seguro que tiene muchas cosas más para expresar, pero... ¿por qué no pasamos a otro tema? Ya está. ¿Para qué pone tanta pasión? ¿Usted cree que a alguien le interesa todo esto?

—Sí, creo que sí.

—El mundo va por otro camino. Además usted mismo dijo hace unas charlas atrás que hay mucha gente buena que está anestesiada o resignada. Caiga pato o gallareta es lo mismo.

—Y bue... Hablemos entonces de cómo adelgazar 5 kilos en 24 horas.

—Se agota la columna con esos temas. ¿Hillary Clinton o Barack Obama?

—En Norteamérica ahora le toca el turno a los demócratas. Esto está claro. Los norteamericanos tienen todo calculado y no se apartan de sus estrategias. Pueden tener algunas diferencias, pero para el frente externo son estrechamente unidos. Bush no fue casualidad; la infraestructura lo necesitaba en ese momento y ganó, ahora la estructura necesita a alguien que pacifique la cosa dentro y fuera del país y seguramente ganará un demócrata. Ahora usted me pregunta si Obama o Clinton. Creo que hay que tener en cuenta algunos aspectos. Sería interesante que se produzca un quiebre en Norteamérica y que, por primera vez, un hombre de color llegara a la presidencia (veo difícil que se venza ese prejuicio, lamentablemente). Pero creo que se equivocan mucho aquellos que crean que con Obama llegaría la revolución, la gran transformación. Todo norteamericano piensa y actúa como norteamericano y jamás estará dispuesto a adoptar medidas que perjudiquen a su país. Por otra parte, note usted que, según las encuestas, los que votaron a Obama son las clases mejores posicionadas económicamente. En lo ideológico creo que no hay diferencias entre Obama y Hillary Clinton. Como sea, un gobierno demócrata, para el mundo y especialmente para los países periféricos, siempre será más soportable que un republicano, pero a la hora de defender sus intereses, mi amigo, ellos estrechan filas.

—Como aquí.

—Sí, claro igual que aquí. ¡Mama mía! Bueno, por eso estamos como estamos. No es casualidad.

—No, no es casualidad. Seguimos siendo víctima de los colonizadores. Antes nos sometían a filo de espada y cañonazos. Así devastaron a todo el pueblo aborigen. Ahora usan otros métodos, muchos más sutiles, menos notorios, pero tan crueles como los de entonces. Antes eran los españoles, después metieron las uñas los ingleses, luego los norteamericanos. Ahora muchos más. Y estos colonizadores, para concretar sus propósitos, tienen en nuestra tierra sus nuevos virreyes y la tropa paga leal al pensamiento foráneo. Se salva el virrey, la guardia y los seguidores y el pobre pueblo sometido. Por eso hay tanto desorden y división. Porque a los colonizadores y sus adeptos criollos no les conviene de ninguna manera la información, la formación, el orden y la unidad. Son atentatorios contra sus intereses. Pero tiene usted razón, ¿a quién le importa? Sí, tal vez a algunos que se deben sentir tan solo como yo en este pozo raro. Pero bue...

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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