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Viernes 29 de Febrero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Viernes 29

—Filosofemos Inocencio. Existen sucesos en la vida de los seres humanos que son inesperados y brutales. Episodios que tienen el poder de devastar, en ocasiones, toda la entereza de la persona y a la misma persona, sumiéndola en las más profundas e irremisibles depresiones.

—Filosofemos Inocencio. Existen sucesos en la vida de los seres humanos que son inesperados y brutales. Episodios que tienen el poder de devastar, en ocasiones, toda la entereza de la persona y a la misma persona, sumiéndola en las más profundas e irremisibles depresiones. Tales golpes parece que son más destructivos en aquellos que vivieron una vida más o menos serena, desentendidos de los ciclos de la vida y que de pronto advierten, porque nunca antes lo habían reflexionado, que más tarde o más temprano las dificultades y las consiguientes angustias sobrevienen.

—No estaban preparados para la verdad.

—Sin embargo, no son pocos los que habiendo sufrido sucesivas vicisitudes, por lo mismo temen la reincidencia en un mal mayor. Siendo de naturaleza espiritual y psíquica sensibles, por las tristezas que debieron soportar a lo largo del tiempo, estos seres parecen saber muy bien que un golpe demasiado duro podría herirlos mortalmente y socavar seriamente el sentido que toda vida debe tener. Pero, amigo mío, hay algo que debe considerarse: primero que Dios existe y aquellos que no quieran llamarlo así pueden optar por la denominación de esa energía inteligente que estableció una ley bastante justa que auxilia e interviene, en la medida que lo permita el propio hombre, de modo que nadie cargue con un peso mayor al que pueda soportar. Y como siempre, diré que siendo Dios perfecto amor no es hacedor injustas penas.

—Hay gente que sufre mucho, Candi. Pareciera que más allá de sus fuerzas.

—Pero no por voluntad de Dios, sino por voluntad del hombre. Por otra parte hay que entender que ciertas dolencias forman parte de la propia naturaleza humana, imperfecta y falible. Sucede que estamos tan apegados a la naturaleza del mundo, damos por sentado y firme que siempre tenemos que estar bien físicamente y materialmente, que cuando sobrevienen ciertos males estos nos hacen trastabillar si no estamos preparados. En una sociedad en donde se le presta mayor atención o se le concede mayor valor a lo efímero-material que a lo eterno-espiritual, es imposible comprender el dolor causado por la pérdida de lo material. Las más injustas de las tristezas las sufre el hombre por causa del propio hombre. Y una vez más recordemos que si los gobiernos, los poderosos, dedicaran sus esfuerzos no sólo para favor propio, sino para el pueblo, si todos amáramos de verdad y no de mera palabra o confundidos sobre qué es amor, la pena para el hombre común se limitaría, entonces, al misterio de la muerte. Mi reflexión final: no te canses de orar y si te cansas, que tu alma no se canse de esperar confiada. Aquellos que creen en algo superior y amoroso, no cesen de orar, por el esposo, por la esposa, por la pareja, por los hijos, por los padres, por los amigos, por ese desconocido que pasa por la calle con rostro angustiado. La oración en boca del que cree es poderosa. Amigos, ante la injusticia de algunos hombres apelemos a la justicia de Dios. Para finalizar, con el permiso de todos los lectores, quiero cumplir con algo: alguien ha rezado intensamente pidiendo a San José María Escrivá de Balaguer que interceda por una gracia importante. Hasta el momento se le está concediendo. Que Dios le permita servir lo mucho que aún debe servir.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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