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Viernes 21 de Marzo de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Viernes 21

—Quiero compartir esta carta de un lector: "Estimado señor Candi: A propósito del relato del viaje de esa familia que regresó de Córdoba y las vicisitudes que les llevó su vuelta, quiero formular a usted algunas consideraciones. 1) Compruebo, una vez más, la viveza innata de nuestros emprendedores...

—Quiero compartir esta carta de un lector: "Estimado señor Candi: A propósito del relato del viaje de esa familia que regresó de Córdoba y las vicisitudes que les llevó su vuelta, quiero formular a usted algunas consideraciones. 1) Compruebo, una vez más, la viveza innata de nuestros emprendedores (llámense comerciantes, industriales, exportadores, importadores, explotadores agropecuarios, etcétera) que en cuanto observan un resquicio en sus actividades no dudan un instante en aumentar sus ganancias. Por supuesto, no son todos, pero sí mayoría. 2) Los cortes de rutas que se realizan a lo largo y ancho del país, concretados por distintas agrupaciones que nuclean a ruralistas, productores de granos, carnes, etcétera, me parecen verdaderamente excesivos, si consideramos que en breves días omenzará a notarse una gran escasez de alimentos. 3) En situaciones similares (los cortes) cuando fueron hechos por gente carenciada, vale decir, aquellos no agraciados con la posesión de algún bien, pobres de toda pobreza, fueron denostados casi impiadosamente con aquello de: "...negros de mier...". 4) El hecho nos permite ver claramente la existencia de dos argentinas: La de la opulencia, la de aquellos que no dudan en paralizar el país cuando consideran, según sus propias palabras

"que se les metió la mano en los bolsillos". Lo de opulencia viene por deducción, ya que puede observarse hasta el hartazgo por TV que van montados en poderosos 4 x 4, camionetas, autos importados, tractores y maquinarias de última generación, lo cual resulta casi inalcanzable para el grueso de nuestros habitantes. La otra Argentina, la que gran parte no quiere ver, es la de aquellos que nada poseen, salen a cortar rutas y/o calles cuando un temporal arrasa sus villas, moja sus ropas, enseres, muebles, empapa sus hijos, o cuando, hambreados, reclaman un poco de aumento a sus ya magras asistencias. Estos son los que protestan desde el hambre, los que no tienen absolutamente nada, ni pudieron educarse o capacitarse laboralmente para permitirse alcanzar un salario más o menos digno. 5) Aclaro a usted que no me encuentro a bordo de ninguno de los dos barcos. Sólo soy un jubilado a quien el gobierno aumentó su sueldo a 700 pesos. Pretendo, sí, hacer ver las realidades y distintos puntos de mira existentes en nuestra querida Argentina, pero que merecerían una mayor reflexión. Disculpe usted señor Candi, si me he extendido en demasía. Agradezco nfinitamente su atención y lo saludo con mi mayor consideración. Su fiel lector. Enrique Jorge Strembel".

—Sólo añadiría una cosa a modo de pregunta: ¿quién se acuerda y lucha por las retenciones que los diversos Estados (nacional, provincial y municipal) les hacen a los obreros, empleados, jubilados, profesionales, pequeños comerciantes y empresarios? Sólo voy a recordar un hecho puntual: de un plumazo, y para que se beneficiara el sector social que hoy protesta, señoras y señores, a esta masa de gente que pertenece a la clase media, se le retuvo no menos del 30 por ciento de la noche a la mañana (poder adquisitivo perdido) cuando se devaluó "sin nestesia", el peso argentino. El lunes sigo, porque mañana la Pascua cristiana me invita a otra reflexión.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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