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Viernes 18 de Abril de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Viernes 18

—Prometí publicar el lunes pasado, la segunda carta del sacerdote Angel Martínez Sagasti sobre el sentido de la vida. Perdón, pero algunos temas modificaron nuestra agenda. De todos modos aquí va: "No es sencillo reducir a unas pocas reglas todo un programa de vida como es la búsqueda de la felicidad.

—Prometí publicar el lunes pasado, la segunda carta del sacerdote Angel Martínez Sagasti sobre el sentido de la vida. Perdón, pero algunos temas modificaron nuestra agenda. De todos modos aquí va: "No es sencillo reducir a unas pocas reglas todo un programa de vida como es la búsqueda de la felicidad. Es algo que se da cada día y, al mismo tiempo, es tarea de toda la vida.

—Es cierto.

—Sigue diciendo: "Me parece muy acertado el comentario de tu columna sobre dónde está Dios. Una cosa tan sencilla como esa, es decir que Dios está en los demás con frecuencia se olvida, incluso en personas buenas y practicantes. Te cuento un caso reciente: estaba hablando con un matrimonio de mucha fe y la señora me comentaba que todas las semanas visitaban al hermano de su esposo, soltero y mayor, que vive solo y no se vale por sí mismo. Le preparan la comida para toda la semana, le lavan la ropa, le limpian la casa y le acompañan. Añadía que se sentía muy bien con esa obra de caridad. Cuando le comenté que considerara que eso lo estaban haciendo al mismo Jesucristo, se emocionó y casi se le saltan las lágrimas. No había caído en la cuenta de lo que dice Jesús en el Evangelio: "Todo lo que hacen con uno de estos mis hermanos, conmigo lo hacen. Aunque no sé si servirá para algo una enumeración de reglas prácticas sobre el tema, porque encontrar el sentido de nuestra vida es una tarea continua, te resumo algunas ideas que esta mañana he predicado, tomándolas de una respuesta de Benedicto XVI a un seminarista. Dios habla con nosotros de muchas maneras: habla por medio de otras personas, por medio de los amigos, de los padres, de los que nos dirigen en la formación espiritual. Habla por medio de los acontecimientos de nuestra vida a los que hay que encontrar el sentido que Dios quiere comunicarnos, como hizo a los discípulos de Emaús; también a través de la naturaleza, de la belleza de la creación. Y, naturalmente, habla sobre todo en su Palabra, en la Sagrada Escritura, leída tanto personalmente como en la celebración comunitaria, en la liturgia, a través de la cual se convierte en Palabra viva y vital.

—Algo, también, hemos dicho al respecto.

—Sigue diciendo el sacerdote: "Entresacando una enseñanza de la Sagrada Escritura señalo esta regla de oro de Jesús: ’Buscad el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura’, que supone, en la práctica, preguntarse continuamente por lo que agrada a Dios en ese momento y procurar hacerlo. Cuando hemos orientado nuestra vida según el plan que Dios ha dispuesto para cada uno, y procuramos responder de esta manera concreta a lo largo de cada instante, el Señor nos llena de un gozo inmenso, porque sabemos que estamos haciendo lo correcto por amor suyo, y entonces somos felices, aunque tengamos dificultades y contrariedades. Además, no debemos olvidar donde se encuentra la felicidad. Lo dice el Señor en las bienaventuranzas, que son un programa para poner en práctica a lo largo de toda nuestra vida. No es fácil, pero vale la pena intentarlo, porque Dios nunca falla. Un abrazo".

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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