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Sábado 05 de Abril de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Sábado 5

—¿Cuál es, pues, el verdadero sentido de la vida en medio de un mundo que se desbarranca empujado por viles pasiones y actitudes morales inapropiadas que se reproducen de a montones engendradas por el ansia del yo y el olvido del tú?

—¿Cuál es, pues, el verdadero sentido de la vida en medio de un mundo que se desbarranca empujado por viles pasiones y actitudes morales inapropiadas que se reproducen de a montones engendradas por el ansia del yo y el olvido del tú? ¿Cuál es el sentido de la vida para aquel que nada, pero no llega, no ya a la meta del éxito, sino a la orilla salvadora? Séneca decía que la mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy. Este pensamiento me ha levado a reflexionar sobre que la simple espera nada tiene que ver con la esperanza. La espera es el aguardo sin fe, sin trabajo y con resignación a la fatalidad o la suerte adversa. La espera es caer desfallecido en el sillón de la vida (como decíamos ayer) que se supone esponjoso para el descanso ante tanta fatiga y decepción. La espera es abandono de la lucha, es dejar pasar el día de hoy y aguardar la magia del mañana. Pero en la vida no hay nada de magia, ni de suerte, ni de casualidad. En todo caso ellas llegan por obra y gracia de la esperanza. La esperanza es la espera con fe y con trabajo. Por eso voy llegando a la conclusión, a medido que medito en todo esto, que el sentido de la vida no está dado, al fin, por el logro del deseo que se tiene, sino por la acción que se realiza para obtenerlo. Esta lucha no es un medio, sino un fin en sí mismo.

  —Pero quien vive aspira a la recompensa que se obtiene al alcanzar cierta meta.

  —Pero aquel que renuncia a la acción, decepcionado, ya se aseguró no sólo el fracaso, sino la propia muerte. Y el artífice de esa tremenda derrota no es el mundo, sino él mismo. Porque bien se ha dicho (y lo han dicho muchos sabios) que la acción no está exenta del resultado. Este puede ser más rápido o más lento en llegar, pero siempre llega. De modo que como dijo aquel poeta: ¿Cómo saber si el instante del abandono de la lucha es justo aquel que precede al logro de lo que tanto se aguardó?

  —Así es. Eso es cierto.

  —Pero además hay otra circunstancia que se debe tener en cuenta.

  —¿Qué cosa?

  —Esto es de carácter metafísico y por tanto tal vez algunos no lo comprendan, o no crean en ello. Aun cuando el esfuerzo personal, individual no alcanzara para el logro deseado por el ser, es indispensable para el logro (acto creador) en el universo (si se trata de un deseo bueno de la persona, naturalmente).

  —La verdad, no lo entiendo.

  —Que el esfuerzo que una persona realiza, aun cuando no fuera de utilidad para ella, es de utilidad para el universo, es una fuerza positiva que se suma a las demás fuerzas que sostienen lo creado. A pocos metros de nuestras vidas, y sin que lo sepamos a veces, hay personas que trabajan en acciones que nadie reconoce, que nadie valora y que pasan inadvertidas. A veces luchan amargamente en la derrota de la soledad. Solas, abandonadas por los poderosos, asediadas por la mezquindad. Y sin embargo siguen, perseveran. Si yo le preguntara a un sabio: "¿Quién es esa persona?", con absoluta seguridad que respondería: "Es la que sostiene al mundo". Desde un punto de vista metafísico, esa persona está llamada a obtener la recompensa más sublime y elevada. Por eso, Inocencio, es hermoso soplar contra el viento.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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