Edición Impresa
Sábado 26 de Abril de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Sábado 26

—Quisiera, entre hoy y mañana, decir algo sobre el destino del hombre; el hombre como ser individual y social. No se trata, desde luego, de un tema menor, de algo no exento de profundidades, laberintos, intrincada vegetación filosófica en donde es posible encontrar de todo...

—Quisiera, entre hoy y mañana, decir algo sobre el destino del hombre; el hombre como ser individual y social. No se trata, desde luego, de un tema menor, de algo no exento de profundidades, laberintos, intrincada vegetación filosófica en donde es posible encontrar de todo: frutos verdes, a punto, muy maduros, savia fresca que revitaliza, o esa más amarga y tóxica como el acebo o la cicuta. No deja de ser apasionante la cuestión del destino (no nos referimos a una cuestión escatológica o doctrinal sobre el fin último del hombre y el universo) cuando el ser humano de este postrer modernismo es a menudo un huérfano de toda orfandad. Esto es huérfano de padres y dirigentes (que no necesariamente deben estar muertos para dejar aislado y en soledad al niño o al joven) o huérfano de Estado protector que haga la vida propicia al ser humano en el orden personal y social.

  —Digamos, para ser más puntuales y contundentes, que es más complicado para la criatura humana remontar vuelo sin una base de sustentación. La carencia puede ser paterna (si se gira en torno de la estructura familiar) o de dirigentes privados y estatales, si se abarca la temática desde el punto de vista comunal.

  —En efecto, por lo general le resultará algo más complicado a un adolescente, por ejemplo, crecer y formarse con ausencia de los padres, tanto como a un ciudadano le resultará más dificultoso realizarse como persona con un Estado indiferente a sus necesidades o, como ocurre en argentina, con un Estado que pergeña políticas adversas a los verdaderos derechos del ser. De todos modos, la historia nos ha enseñado, y algunos sabios puntualmente, que lo difícil no es imposible y que, con harta frecuencia, si se aguza el sentido psíquico y espiritual, lo dificultoso puede ser un trampolín a un éxito que, en principio, se creía lejano. Shakespeare, en torno del destino, dio su opinión muy acertada por cierto, bien profunda y libre de complicadas y vanas palabras. Decía que lo que el hombre llama destino es algo misterioso que baraja las cartas, pero que somos nosotros quienes jugamos. De nada servirá a quien carece de fe, voluntad, deseo de esfuerzo y cierta imaginación, que la vida le conceda circunstancias favorables. Puede suceder, como se advierte con frecuencia, que aquello que se posee (sea de orden material o no) se pierda por no jugar bien. El viento a favor no lleva a ninguna parte al navío cuyo capitán ni sabe hacia dónde quiere ir, ni conoce como desplegar el velamen.

  —Chesterton sostenía algo parecido a lo de Shakespeare: "siempre se ha sostenido que existe algo que se llama destino, pero siempre se ha creído, también, que hay otra cosa que se llama albedrío. Lo que califica al hombre es el equilibrio de esa contradicción".

  -Es así. Ahora cuando Chesterton refiere al albedrío, está hablando de esa potestad que tiene el hombre de obrar según su elección, pero también de acuerdo con la reflexión. Sin embargo, y es mi opinión, este albedrío aunque su campo de acción es vasto, tiene límites. Ese es otro tema. Más sin embargo, dentro de este vasto e inconmensurable campo de acción, le es posible al ser humano, aun huérfano de buen tutor, de buen Estado o de vientos favorables, crecer y satisfacer su anhelo. Pero seguiremos mañana.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

Comentarios