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Sábado 22 de Marzo de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Sábado 22

—Hoy y mañana, días de la Semana Santa, he querido reflexionar sobre "Jesús, Judas y los otros". Quisiera, además, que todos nos preguntáramos si estas escenas de la pasión y muerte, si estas tragedias...

—Hoy y mañana, días de la Semana Santa, he querido reflexionar sobre "Jesús, Judas y los otros". Quisiera, además, que todos nos preguntáramos si estas escenas de la pasión y muerte, si estas tragedias, no siguen repitiéndose y si los actores, los personajes, no están aquí, aún hoy, entre nosotros. ¿Quién es Judas? Posiblemente un hombre revolucionario, fundamentalista, que podría haber pertenecido o ser simpatizante, también, de los zelotes, quienes buscaban la liberación de la ocupación romana por medio de un alzamiento general y poderoso. Judas cree que Jesús es ese líder que los hebreos necesitan y se suma a El. Pero se decepciona; Jesús no sólo que no fomenta un levantamiento armado, sino que habla de amar, de amar incluso a los enemigos. Y no sólo eso, sino que este Jesús habla, a partir de determinado momento de su ministerio, de "judaizar al mundo". Pareciera que el plan de Jesús es conquistar el espíritu de todos los hombres llevándoles la ley que Dios había concedido, primero, a los hebreos en el Sinaí. Judas no lo soporta y lo traiciona. No es cierto que lo entrega "a los judíos", como suele decirse vulgarmente. Lo entrega, en realidad, a una parte de los sacerdotes, y sólo una parte de ellos, porque por las noches el Sanedrín no se reunía y de allí se infiere que no todos sus miembros estaban presentes, ni siquiera su mayoría en el momento de la detención del hijo de María. Desde esta perspectiva, se puede hablar, incluso, de un complot contra gran parte del pueblo judío que, horas antes, había recibido a Jesús en Jerusalén con palmas y aplausos. Y lo que no se ha aclarado jamás convenientemente es que incluso en el mismo Sanedrín Jesús tenía sacerdotes que le respetaban. En realidad Judas, en mi opinión, entrega a Jesús a unos hebreos que tenían más que ver con el imperio romano que con el pueblo judío y sus deseos.

  —Lo de Judas, su traición, sólo puede comprenderse por la observación de su mezquindad, de su no importarle nada más que su pensamiento: "Si no es como yo digo, hay que destruirlo". Algunos, a veces, hemos pretendido que Judas era necesario, que debía hacer lo que hizo y por esa vía justificarlo. Sin embargo, y como bien me ha dicho un sacerdote anteayer: "Dios podía haber buscado la redención por otro camino, de otra forma". La intolerancia de Judas no tiene excusas. ¿Cuántos Judas, estimado lector, caminan junto a nosotros, como buenos discípulos, mas determinado momento nos entregan con un beso mafioso? ¿Cuántos Judas, en los gobiernos, nos conducen y nos entregan a la cruz?

  —Al fin Jesús es crucificado por los romanos. Hace algunos años, y para no olvidar de paso el sufrimiento de la cruz, detallamos el dolor y sensaciones en todo el cuerpo, en todos los órganos, según los estudios realizados por muchos científicos En esa cruz Jesús recuerda un salmo del rey David y pronuncia estas palabras: "Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?". Es interesante leer ese salmo. El hombre común, especialmente el sometido, humillado y angustiado, se ve reflejado en esa parte que dice: "No te alejes de mí, porque la angustia está cerca, porque no hay quien ayude..." "jaurías de perros me rodean, y pandillas de malignos me cercan...". ¿Cuántos seres humanos, hoy, están, como ese Jesús, en la cruz, padecientes, tristes y sintiéndose absolutamente solos y desamparados? Mañana continuamos.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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