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Sábado 15 de Marzo de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Sábado 15

—Dice Belén, una joven lectora: "Me dirijo a ustedes por el mismo motivo, que el hombre que escribió una carta publicada en la columna del día de hoy...".

—Dice Belén, una joven lectora: "Me dirijo a ustedes por el mismo motivo, que el hombre que escribió una carta publicada en la columna del día de hoy...".

  —Se refiere al señor de 52 años que nos escribió planteando que por su edad nadie lo emplea.

  —Añade Belén: "Es que realmente sucede eso con mucha gente de la sociedad, no sólo por la edad, también por la imagen. Le comento que yo tengo 22 años y soy gordita y hace más de 2 años que estoy llevando currículum a cada lugar que sale en el diario: de moza, de empleada de seguridad, ayudante de cocina, ya que en esos rubros tengo algo de experiencia y puedo asegurarle que nunca me llamaron de ninguno y que más de una vez cuando los he llevado me miran con caras raras. ¿Será que en este país para conseguir trabajo debemos ser: flacos, altos, bonitos, rubios, ojos azules y no tener mas de 40 años? Es una falta de respeto a las persona, un acto de de discriminación. ¡Y se llenan la boca hablando de la igualdad de oportunidades...! Saluda atentamente Belén".

  —En efecto, es como dice la joven lectora. Hay en cuestiones laborales una discriminación apabullante, ofensiva, que causa daños a veces irreparables no sólo al que busca trabajo, sino a toda la familia.

  —Infelizmente, Candi, el Estado no hace mucho al respecto.

  —No, sinceramente no. Bueno, por eso estamos como estamos: mal, pero disimulando. Y algunos dirán que yo persisto con la idea de que estamos mal y que seguramente lo haré vaya a saber por qué motivos ideológicos. Y la verdad es que nada de eso, simplemente que no mido la bonanza de un pueblo, de una sociedad, con la vara de la realidad de las arcas fiscales, ni de la prosperidad económica de un sector. Es más, si me enterara mañana que efectivamente el índice de desocupación bajó a límites aceptables, también diría que estamos mal, porque la grandeza de un pueblo no se mide con el contenido del bolsillo. Ese es sólo un aspecto y no el más importante.

  —Así es.

  —En los países adelantados, a los que muchos dirigentes nefastos abuchean y critican con esa viveza tan criolla que termina siendo un grotesco repugnante, uno advierte a gente de la tercera edad cumpliendo funciones en una oficina, en la caja de un supermercado. Uno observa personas con capacidades distintas laborando en actividades diversas.

  —Pero aquí...

  —Mire, Inocencio, ya no me importa lo que digan ni lo que hagan, así que lo digo de todo corazón: aquí en el mundo empresarial, en el mundo político e incluso en el mundo gremial (con las excepciones del caso), hay una sarta de delincuentes de guante blanco, de uno y otro signo, una pléyade de hipócritas, de macaneros, que sólo piensan en ellos y su entorno inmediato. Ya lo hemos dicho muchas veces. Y hay que reconocer, también, que nosotros los toleramos y hasta en algunos casos se los venera. Por eso vemos un paraíso donde sólo hay cactus. Estaremos bien, señoras y señores, cuando todo el ser argentino esté bien, seguro no sólo económicamente en un país predecible.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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