Edición Impresa
Viernes 09 de Mayo de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Sábado 10

Nuevamente la República está envuelta en un pico de crisis y de incertidumbre. Decimos pico, porque en rigor de verdad nunca esta sociedad pudo liberarse de las dificultades. Y ello a pesar de las exclamaciones persuasivas (y hartamente mentirosas) de los diversos gobernantes que a su hora dirigieron el país.

—Nuevamente la República está envuelta en un pico de crisis y de incertidumbre. Decimos pico, porque en rigor de verdad nunca esta sociedad pudo liberarse de las dificultades. Y ello a pesar de las exclamaciones persuasivas (y hartamente mentirosas) de los diversos gobernantes que a su hora dirigieron el país. De nuevo los hombres de campo en las rutas y esta vez, afortunada y sensatamente (se verá hasta cuándo) con menos radicalidad en las acciones. En esta instancia, e incluso si el mensaje es imbuido de un verdadero sentido solidario y el discurso no se agota sólo en el monto de las retenciones y contempla las necesidades de otros argentinos, el sector rural es posible que logre el apoyo de mucha ciudadanía harta de políticas que no la benefician. En esta columna hemos defendido, con las reservas y excepciones que se deben hacer, la política de las retenciones. Es imposible imaginar un país, en el que no se han desarrollado otros campos de acción productiva, en el que no hay inversiones, no apelar a la renta de su principal fuente de recursos. Es imposible, además, justificar el desabastecimiento, el piquete y el caos sólo por las menores ganancias, cuando hay sectores que no sólo que no ganan, sino que pierden todos los días sueños, esperanzas, fe, vida digna, justicia y paz interior. Esto no implica justificar a un gobierno al que hemos criticado en el pasado y seguiremos criticando en tanto y en cuanto no distribuya el ingreso justamente. La señora presidenta y el señor jefe de Gabinete no son sinceros cuando sostienen que aquí hay política de distribución de la renta, hay al menos oquedad en tal mensaje. Aquí lo único que existe es subsidio de la economía. Economía atada con alambre para determinados menesteres, como el clientelismo político. No es sólo el método K, es el modelo político argentino de las últimas décadas. Se arrojan mendrugos a los pobres, se le da un exiguo respiro a la clase media de vez en cuando, pero no se fomentan políticas de genuino crecimiento. Las autoridades hablan, con razón es cierto, de la impiedad, la voracidad y la inclemencia de ciertos empresarios que jamás han estado dispuestos en este país a reflexionar sobre qué cosa es solidaridad, reparto con justicia, pero estas mismas autoridades son las que permiten monopolios como los de las empresas telefónicas que hacen y deshacen como se les antoja, sin que nadie les ponga frenos a sus políticas basadas en el vasallaje del usuario. Políticas tan vivas como con la gestión de María Julia. ¿De qué clase de progresismo estamos hablando pues? Este es un mero ejemplo, entre tantos otros, de empresarios que se pasan de "vivos", porque las autoridades lo permiten. Cinco mil millones de dólares para un tren bala, mientras las escuelas y los docentes están por el piso, los hospitales hacen agua, hay desocupación y subocupación, los jubilados padecen y el Pami, señores, le niega a una enferma en estado delicado los medicamentos que requiere "porque son caros" (me referiré a este tema en cualquier momento). ¿¡Hasta cuándo!?

Candi II

candi@lacapital.com.ar

Comentarios