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Viernes 01 de Febrero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Sábado 1º

—En numerosas oportunidades hemos aludido aquí a la falta de estadistas en este país y la profusa presencia de políticos y gobernantes que han hecho y siguen haciendo obras para la postal, para el rédito político, para obtener votos en el acto electoral, pero nada más.

—En numerosas oportunidades hemos aludido aquí a la falta de estadistas en este país y la profusa presencia de políticos y gobernantes que han hecho y siguen haciendo obras para la postal, para el rédito político, para obtener votos en el acto electoral, pero nada más.

—Convengamos en que la sociedad los ha aceptado. O, al menos, buena parte de esa sociedad lo ha hecho, pues de lo contrario no estarían en el poder.

—Así es. Todos hemos observado en las últimas horas lo ocurrido en la Capital Federal: se abatió sobre la ciudad un temporal y miles de familias quedaron sumergidas en las aguas, perdiendo bienes y tragadas por los sumideros de la angustia que son los únicos que siempre están destapados en este país para hacer la vida de muchos argentinos muy difícil. Pude observar a un señor con el interior de su casa inundado, sus muebles destrozados y llorando. Claro, alguien de pensamiento mezquino habrá observado esa y otras escenas como si estuviera sentado en la butaca de un cine, como un suceso lejano que no le afecta y por tanto no le importa o le importa poco.

—¡Qué error, ¿verdad?

—Sí, porque no sólo que tal observador no tiene en cuenta un aspecto fundamental en la vida del ser humano, esto es la solidaridad, sino que no alcanza a comprender que una situación semejante o con las mismas consecuencias puede ocurrirle en cualquier momento y lugar de esta nación emparchada por todas partes, defraudada hasta más no poder. ¿Podría soportar la ciudad de Rosario, por ejemplo, un fuerte temporal de varios días? Me parece que no, que habría un colapso seguro. Como colapsa el tránsito, por ejemplo, por la ausencia de obras de estructura fundamentales. Por supuesto, este tipo de trabajos demanda tiempo, a veces largo tiempo, y la imagen y los votos no pueden esperar. No queremos, naturalmente, caer sobre ninguna gestión, pues esta es una costumbre argentina presente desde hace tiempo a esta parte. Así estamos.

—¡Ah, pero tendremos tren bala!

—Inadmisible, es como tener una puerta tallada de cedro con herrería de plata en un rancho.

—Así somos, eso es lo que parece gustarnos.

—Hospitales desmantelados que atienden muchas veces por la vocación de médicos y enfermeros (mal pagos y con frecuencia humillados), escuelas urbanas y rurales despojadas de lo esencial y que funcionan por obra y gracia de personas maravillosas, rutas y calles inadecuadas no sólo por su estado sino porque son incompatibles con el avance tecnológico automotriz, una situación económica y cultural que ha fomentado el delito en sus diversas formas, falta de planificación y...

—Y sigue la lista que le lector conoce muy bien.

—A veces algún amigo ha expresado que somos un tanto pesimistas. Y hemos rechazado ese calificativo, porque aun cuando a un amplio sector le vaya bien en la vida, no conmoverse ante la adversidad del prójimo es de un egoísmo nefasto y propio de ciertos dirigentes macaneros. ¿Estadistas? Se extinguieron.

Candi II

(candi@lacapital.com.ar)

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