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Miércoles 06 de Febrero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Miércoles 6

—Quiero referirme hoy a la carta de una lectora publicada en la edición ayer y en la que desaprueba mi calificativo de "ente" para el chico que apuñaló o degolló al señor que atendía el salón de ventas en calle Corrientes y La Paz.

—Quiero referirme hoy a la carta de una lectora publicada en la edición ayer y en la que desaprueba mi calificativo de "ente" para el chico que apuñaló o degolló al señor que atendía el salón de ventas en calle Corrientes y La Paz. Como el tema es profundo y no puede tratarse en una columna, lo dividiré en partes y lo desarrollaré durante un par de días. Antes, quiero reproducir unas pocas palabras de dos noticias publicadas por el diario Infobae anteayer que están vinculadas al tema. La primera reproduce lo que dijo un precoz asaltante durante un atraco: "Tengo 13 años y si quiero mato porque salgo mañana". La otra noticia dice: "La comunidad de Tres Arroyos resolvió armarse para frenar la ola de asaltos". Estos son algunos de los efectos del abolicionismo argentino que irán multiplicándose. Ahora paso al tema específico. Es necesario responder qué significado tiene la palabra "ente". La acepción fundamental es la siguiente: "aquello que existe o puede existir". Pero en un concepto más o menos filosófico aplicado a la naturaleza humana y la forma de interpretar su presencia, existir no es vivir, porque para vivir es necesario darle a la existencia un sentido beneficioso para sí y para el prójimo. Es menester tener propósitos, considerarse (amarse), ser considerado (amado) y considerar al otro (amar). Dice el Talmud (obra sabia judaica): "Nadie es persona si no posee un hogar". No hace falta, creo, que explique qué cosa significa un "hogar" y todo lo que de él se desprende. Tampoco hace falta que explique cómo el sistema argentino hipócrita destruyó el hogar por conveniencia. Por eso, y en ese contexto, insisto sobre que un sistema perverso, en este país, degradó a muchas personas a meros "entes", es decir a criaturas que perdieron en grado sumo la capacidad cognoscitiva, la propiedad reflexiva, la posibilidad de crecimiento intelectual. Estas criaturas carecen de propósitos, no se consideran a sí mismas y mucho menos consideran a los demás, porque no tienen conciencia de sus actos. Matan porque son incapaces de reflexionar sobre el valor vida. Tiene razón la lectora cuando dice que matan porque "no pueden valorar su propia vida y ni qué hablar de la vida ajena". El chico que mató al quiosquero tenía 27 causas penales, 21 por delitos contra la propiedad (robo y robo calificado). El 5 de enero cometió un robo calificado con tentativa de homicidio (actuaciones en la policía) y luego al fin consumó su primer asesinato. Dice la lectora que estos "son los Cristos de hoy, crucificados por acción y omisión de políticos, jueces y también representantes de grupos religiosos que bien saben mirar para otro lado". Entiendo lo que quiso decir, adhiero a buena parte de su pensamiento y sólo aclararía por mi parte que a Jesús, como persona, no se le ocurrió degollar a nadie. Termino hoy diciendo que el hecho de que a alguien se lo considere "ente" no significa su expulsión, sino ver el problema para restituirle la dignidad que le arrebataron. La verdadera defensa de los derechos humanos consiste en la restitución de esa dignidad, pero sin olvidar que se debe preservar también el derecho de las personas que pueden dejar de serlo, en cualquier momento en este carnavalesco país, por la acción de los asesinos. Estas personas víctimas, una vez muertas, no tendrán ninguna posibilidad de retorno. Tampoco sus seres amados. Seguiré mañana.

 

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