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Miércoles 30 de Enero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Miércoles 30

—Basta leer las primeras planas de los diarios, de informarse a través de los informativos radiales o televisivos para, apenas en segundos, descubrir que la mayor parte de las noticias son no ya poco gratas, sino lisa y llanamente tan calamitosas como asombrosas.

—Basta leer las primeras planas de los diarios, de informarse a través de los informativos radiales o televisivos para, apenas en segundos, descubrir que la mayor parte de las noticias son no ya poco gratas, sino lisa y llanamente tan calamitosas como asombrosas.

  —Asombrosas para aquellos que han tenido el cuidado de no permitir que la cultura, el modo de vida presente, que se abate sobre la faz del mundo, los hipnotizara, los anestesiara peligrosamente, les hiciera perder la capacidad de discernimiento.

  —Tiene razón. Yo escucho decir a mucha gente buena palabras como estas: "Hay que ver el vaso medio lleno y no el medio vacío". Y estoy bien de acuerdo en que no hay que ser pesimistas, ni resignarse, ni dramatizar vanamente, pero ¡cuidado! no sea que el vaso se siga vaciando y se queden mirando la minúscula parte llena suponiendo que es la mitad.

  —A mí me parece que esta copa se va vaciando de a poco, pero sin pausa. Y aun cuando estuviera la mitad llena, Candi, es injustificable una mitad vacía. Este tema ya lo hemos tratado otras veces.

  —Sí, pero nunca será suficiente. Tengo la sensación, mi amigo, de que "las cosas" se están acelerando. Siento que cada día que pasa hay un empeoramiento de la situación personal y social. A poco que analicemos o que investiguemos el presente del hombre en lo individual y colectivo, se descubrirán realidades conmovedoras. Tales realidades son aún más proverbiales para aquellos espíritus que tampoco han perdido la capacidad de la sensibilidad. Hay una pena, una tristeza, en muchos seres humanos como nunca antes se había observado y la mirada del alma descubre también las causas de tal sufrimiento. No es del caso hoy reiterarlas. Baste decir que, desde luego, no es Dios, sino el hombre poderoso, el "superhombre", con frecuencia despojado de valores morales e impregnado de mal, el que ha sojuzgado brutalmente a su semejante arrastrándolo hacia un destino de miseria. Lo ha sojuzgado de tal forma que incluso muchas enfermedades y un sinnúmero de muertes son la consecuencia.

  —Panorama sombrío.

  —En cierta forma, pero detrás de este alud que baja destrozando, viene un nuevo orden. Por eso el verdadero optimista no es aquel que observa lo poco que queda de bueno en la avalancha, sino el que sabe ver el todo que quedará cuando ésta acabe. ¿Se entiende? Esto implica que aquellos seres humanos líderes, de buena voluntad, que desean finalmente ese nuevo orden (los justos completos o incompletos) deben ya salir a decir lo que deben decir. Deben reflotar el mensaje sobre la necesidad de que los esencialmente malos reflexionen y de que los esencialmente buenos no pierdan las esperanzas y perseveren. Y deben, sobre todo, ser fieles a la verdad, aun cuando esa verdad de por tierra con sus dogmas humanos. Por último, aquellos que han sido elegidos para dar un mensaje deben darlo ya, con énfasis y sin temores.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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