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Miércoles 26 de Diciembre de 2007

Charlas en el Café del Bajo - Miércoles 26

—Un reciente informe, al que seguramente muchos habrán tenido acceso, nos hizo saber que han aparecido en dos partes del mundo los llamados shopping para gente acaudalada.

—Un reciente informe, al que seguramente muchos habrán tenido acceso, nos hizo saber que han aparecido en dos partes del mundo los llamados shopping para gente acaudalada.
—Creo que Rusia y Australia.
—Resulta que en esos grandes centros se venden productos de altísima gama, sólo accesibles para unas pocas personas o para una minoría del mundo. Así, por ejemplo, se han adquirido teléfonos celulares con incrustaciones de diamantes y hasta autos completamente revestidos en esa piedra preciosa.
—Una cupé Bugatti con tales gemas se pagó cerca de 1.400.000 euros. Y también se pudieron ver las imágenes de un Mercedes Benz, totalmente cubierto en diamantes, de valor incalculable.
—Otro informe de una revista porteña, que data de no hace muchos días, nos mostraba la vivienda (si es que a un palacio difícil hasta de imaginar, por su derroche de riquezas materiales, por la mente se le puede llamar vivienda) del hijo de un presidente o monarca árabe. Señor que, para que su auto estuviera acorde con la fastuosidad de su “casita”, ostentaba un auto (entre los muchos que debe tener) totalmente enchapado en plata.
—¿¡Qué inútil todo no!?
—Y repasando las páginas de otras revistas, pude apreciar otro contraste, circunstancias diametralmente opuestas a las descriptas anteriormente: mujeres, hombres y niños enflaquecidos por la falta de alimentos, permaneciendo (porque esa es el término correcto) en la más dolorosa de las pobrezas. Hubo una foto que me impactó, me conmovió. Una mujer de color, con un niño, un bebé en sus brazos, tenía su mirada tan triste puesta en un punto lejano del espacio y el tiempo, con un camino de lágrimas cruzando sus mejillas, que bien podría ser la mirada de Dios. Era una mujer que acababa de perderlo todo debido a un desastre natural.
—¿Cuál es la conclusión?
—Me quedé pensando que no es malo ser rico, que no es cuestionable que el ser humano se de ciertos gustos y placeres. Pero cuando tal riqueza y placer son exacerbados, entonces es una falta de respeto que se ostente tanta opulencia mientras otros seres humanos transitan por la peor desgracia. Pero peor aún que esta ostentación, es la ilimitada, inútil, efímera, posesión de tantas riquezas que son, sin dudarlo, la causa de la angustia de tantos seres humanos sobre la faz de la tierra.
—Y no solamente son causa de tristeza estas riquezas de personas y corporaciones, Candi, sino aquellos gastos, por parte de los Estados, que sólo sirven para causar más tribulación. Como, por ejemplo, el gasto en la fabricación y adquisición de armamentos.
—Siempre digo que el hombre es naturalmente bueno. Sin embargo, a veces dudo si todos los hombres son poseedores de esa virtud primera y central.

Candi II

(candi@lacapital.com.ar)


 

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