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Miércoles 16 de Enero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Miércoles 16

—En cuanto a accidentes de tránsito, Inocencio, me parece que es atinado afirmar que el Estado ha desaparecido, como en tantas otras cosas, y no lleva a efecto el rol que le compete. Es muy cierto que hay conductores desaprensivos...

—En cuanto a accidentes de tránsito, Inocencio, me parece que es atinado afirmar que el Estado ha desaparecido, como en tantas otras cosas, y no lleva a efecto el rol que le compete. Es muy cierto que hay conductores desaprensivos, idiotas (en el sentido más peyorativo que vulgarmente se le asigna a este término), patoteros y poco hábiles para el manejo. Pero no es menos cierto que el Estado le concede la licencia de conducir a cualquier persona (sin estudios serios realizados previamente como psicológicos, por ejemplo) muchas de la cuales ni siquiera conocen las reglas básicas de conducir. Se advierte que algunas normas han cambiado, porque cuando yo obtuve la licencia por vez primera, esto es en la década del 60, me enseñaron, entre otras reglas, que ningún vehículo podía adelantarse por la derecha. ¡Hoy por la derecha, mi amigo, lo pasa una bici, una moto, un auto, el taxi, el colectivo, el camión y todo lo que se le ocurra! Todo el mundo va apurado, todo el mundo va enojado. A los bobos que andan a velocidad excesiva en la ciudad, a los que pasan las esquinas sin poner el pie en el freno y reducir la marcha, a esos nadie los controla, pero al pobre laburante que dejó el auto mal estacionado (sin que constituya un peligro) y se bajó 10 minutos para realizar un trámite a ese le confiscan el vehículo.
  —Yo convalidaría la grúa (y lo hemos dicho aquí) si todo lo demás, y que es lo más peligroso, estuviera resuelto. Acepto la grúa en un país del Primer Mundo donde todo está ordenado, ¿¡pero aquí?! En realidad la grúa debería estar al lado de dos inspectores de tránsito motorizados y de un patrullero policial para llevarse el vehículo del que pasa el semáforo en rojo, del que le pone la trompa del auto al peatón, del que va a velocidad excesiva. Entonces yo aplaudiría, para tales casos, la presencia de la grúa. Pero el Estado está en otra cosa, está en lo más fácil y conveniente: la recaudación.
  —Es ese mismo Estado que no está presente en las rutas provinciales y nacionales controlando si los camioneros y colectiveros (y sus respectivas unidades) están en condiciones de circular. ¿¡Sabe usted Inocencio cuántos camioneros he observado en los últimos meses que se duermen en las rutas mientras conducen?! Van zigzagueando.
  —Y es ese mismo Estado que no ha realizado, en años y años, obras viales acordes con el crecimiento del parque automotor. En fin, ¡es el Estado argentino y sus hombres!
  —Y a propósito de desorden, observaba ayer un informe del canal nueve de televisión sobre cómo las pandillas en Buenos Aires, en plena luz del día, asaltan a mano armada a peatones, automovilistas, les disparan sin más límite que la absoluta impunidad. Imágenes tremendas de un país devastado. Y después me vienen con el cuento de que somos víctimas de nuestro éxito.
  —¡La onda “garantista criolla”, che! Los delincuentes tienen todas las garantías necesarias para hacer lo que les venga en gana. Y si no le gusta váyase a otro país, Candi.
  —Pero la culpa no la tiene el chancho... Esto también lo tengo claro.
Candi II
(candi@lacapital.com.ar)

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