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Miércoles 13 de Febrero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Miércoles 13

—En una de estas noches, quizá ayer mismo o mañana, no lo sabemos, el cielo preste atención, por fin, a una oración. No será como las otras, acaso sea una suerte de canto enojado.

—En una de estas noches, quizá ayer mismo o mañana, no lo sabemos, el cielo preste atención, por fin, a una oración. No será como las otras, acaso sea una suerte de canto enojado.

—Sí, tal vez cansados ya de tantas injusticias y montones de penas y soledades nuestra oración diga...

—"Un vago clamor llega hasta mí. Parece ser un último y sutil estertor.

—Cruza el silencio en la tarde que se desploma.

—Junto con la sangre del cielo, detrás de la lejana loma.

—Un lejano clamor llega hasta mí. Es un grito ahogado en postrer dolor.

—Retumba en mi sensible corazón. Corazón quedo y ya sin piel.

—¿Si me he dado por vencido?

—¿Dices que hoy me notas abatido?

—Es el latido que empuja un poco de sangre y todo de hiel.

—Es que comprendo ese dolor que resuena en mis entrañas.

—No me digas nada, no pronuncies palabras.

—En vano esperé que el cielo se abra.

—Por eso, no me hables de actos heroicos, ni de hazañas.

—Te he buscado en los días, te busqué en las lunas de todas las noches.

—Ya debes saberlo, que no tengo latidos.

—Los pocos que quedan son sólo quejidos.

—Te invoqué en mil oraciones, confesé mi pecado, me até a mi reproche.

—Tengo el alma apenada por ese grito que viene de lejos, por ese estertor.

—No me pidas nada, no pronuncies palabra.

—Sólo vuelve a mí cuando el cielo se abra.

—Hoy no puedo escucharte. Me abruma el lamento, el lejano dolor.

—Si de veras me amas, nada me reproches.

—Haz que cese el quejido, que se pongan de pie los hermanos caídos.

—Que se torne sonrisa el rostro apenado y gloria el labio afligido.

—Que se cubra de luz la pérfida noche.

—No te pido mucho, apenas un poco de justicia, un trozo de amor.

—Y a ellos, lejanos, allí donde la sangre se derrama.

—Dales el deseo, cubre el pedido del alma que clama.

—¿Es mucha demanda que les des un poco de paz interior?

—Escucha conmigo el quejido detrás del silencio de la eternidad.

—Sí, tienes razón, mi oración es canto enojado.

—Yo soy el lamento, yo soy el rostro mojado.

—Yo soy aquellos que atravesados fuimos por la lanza de la iniquidad.

—Por eso, en esta día no quiero escucharte.

—De púrpura se empapó lo intangible.

—Aunque para algunos es color invisible.

—Pero que lo sepas: Aquí nadie ha dejado de amarte.

—¡Ay! aquella mujer alcanzó a sospecharlo: "¡Está en carne viva!".

—Nunca pude decirle que al cerrarse el cielo se moría la encina.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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